conmemoraciones méxico 2021

Conmemoraciones 2021, la decepción

La entusiasta agenda de las celebraciones del llamado "año de la Independencia y la Grandeza de México" ha estado marcada por la desorganización, la manipulación histórica, y el anuncio de actividades que no se han materializado.
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Quieren transformar a México y solo lo destruyen. Quieren reescribir la historia, pero no pueden redactar un libro de texto historia. Quieren pasar a la historia, pero reprueban un examen de conocimientos básicos de historia. Quieren conmemorar la historia y falsifican efemérides, olvidan acontecimientos trascendentales e incluyen otros distantes de la historiografía nacional. Al día de hoy, ninguna de las actividades realizadas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador durante 2021, El año de la Independencia y la Grandeza de México, ha merecido encomio: solo desdén, escarnio, e instantáneo olvido.

Las conmemoraciones de 2021 de la autodenominada Cuarta Transformación giran en torno a tres hechos: los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, fecha que se ha adulterado para incluirla en los festejos, a pesar de las razonadas explicaciones de los historiadores expertos en el tema; los 500 años de la Conquista, a la que se procura evitar llamarla de tal manera e inclusive se niega que haya sucedido en realidad; y los 200 años de la Independencia, cuyo protagonista central, Agustín de Iturbide, fue borrado, pues arrastra el lastre de su proclamación como emperador.

La lista de inconexas actividades agolpa desfiles cívico-militares, una muestra itinerante de lábaros patrios, homenajes y remembranzas a héroes y batallas, develaciones de placas, emisión de un billete de lotería, cambios a los nombres de acontecimientos históricos y avenidas, ceremoniales prehispánicos, premios a tesis de licenciatura sobre la conquista y la resistencia indígena, dos convocatorias de composición y un concurso de gastronomía “A qué sabe la Patria”, ofrecimientos de perdón a nombre del Estado por los agravios cometidos contra los indígenas yaquis y mayas, exigencias de perdón a la Corona Española y el Vaticano, y así sucesivamente.

La lista incluye también lo que se prometió y no se ha realizado, y lo que no tiene relación.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia anunció la restauración de 64 inmuebles –no se precisó cuáles–, faena que en realidad forma parte de la responsabilidad cotidiana de la institución, que, por lo demás, solo ha alcanzado a restaurar 56% de los inmuebles dañados por sismo de 2017. También se comprometió a realizar una exposición por entidad, que tampoco se han efectuado. En el ámbito editorial, el instituto adelantó la publicación de quince folletos de divulgación en tirajes masivos. No hay nada al respecto.

Por su parte, el Fondo de Cultura Económica prometió el lanzamiento de la colección “21 para el 21”, con un tiro de 100 mil ejemplares por cada título y costeada por el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado. La mayoría de los libros no tiene relación con alguna de las tres conmemoraciones, ni fueron distribuidos a principios de año, como se anticipó. Estarían ya impresos, pero no encuentran la manera de distribuir los 2 millones 100 mil ejemplares de manera gratuita a nivel nacional. En la tónica del sexenio, tal vez la encomienda recaiga en la Guardia Nacional.

En la agenda celebratoria fue ignorado el centenario de los muralistas, que abordaron con amplitud las temáticas de las conmemoraciones. Hubo inconformidad debido a que tampoco figuró la celebración del centenario de la Secretaría de Educación Pública. Por contraste, causó estupor la celebración, que encabezó el presidente, de los 238 años del natalicio de Simón Bolivar, libertador de Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Panamá, pero no de México. Ni el año de su nacimiento ni el de su muerte se ajustaban a la lógica de los centenarios. A la comunidad china se le pidió perdón, con justa razón, por la matanza, el 15 de mayo de 1911, de 303 connacionales en Torreón, Coahuila, por las tropas maderistas, pero tampoco tenía relación. Llanamente, se les utilizó.

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Tres actividades concentran la atención del gobierno.

La exposición México diverso, territorios, culturas y civilizaciones, que se presentará en el Museo Nacional de Antropología y estaría integrada por varias de las piezas más representativas, más las solicitadas en el exterior. Para ello, en octubre de 2020 se realizó una gira a Francia, Italia, Austria y el Vaticano, que no prosperó, pues conforme avanzaba el viaje las contrapartes recién visitadas hacían saber a través de los medios que habían rechazado la invitación.

Acerca de la pieza de arte plumario que se encuentra en el Museo Etnológico de Viena, conocido como el penacho de Moctezuma, restauradores del INAH y del recinto vienés concluyeron en 2012, luego de dos años de trabajo en colaboración, que no puede trasladarse debido a su fragilidad. El propio museo que lo acoge ni siquiera se atrevió a moverlo del segundo piso donde se ubica para incluirlo en la muestra Aztecas, que inauguró el 14 octubre de 2020 en el primer piso.

La principal reserva consistía en que las obras pudieran no ser devueltas por el gobierno de México, dado que la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Históricos y Artísticos establece que México es el propietario, aunque no se encuentren en el país. Como no se puede prestar a México lo que ya es de México, el Ejecutivo modificó el artículo 37 ter del reglamento de la ley. Para salvar el escollo, se evitó la palabra “préstamo” y se optó por el término “traslado temporal”.

Aún así, no se obtuvieron las piezas más deseadas. Al parecer se contará con el Códice Dresde, aunque aún no lo ha confirmado el INAH, más otras 52 tomadas de aquí y allá. La inauguración está prevista para el 27 de septiembre. Pero la tercera ola de la covid-19 podría aplazar la apertura, o limitar la asistencia. La magna exposición sería visitada apenas por unos cuantos.

La serie televisiva Grandeza de México: Tenochtitlan 500 años, Independencia 200 años, de lanzamiento reciente y coproducida por el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR) y el INAH, consta de doce capítulos e incurre otra vez en dos flaquezas. Una, dedica ocho a la caída de Tenochtitlan, cuatro a la Independencia, y ninguno a la fundación del imperio azteca, la otra conmemoración. La otra, la inclinación a reescribir la historia de acuerdo con la concepción del gobierno actual empecinándose en asegurar que la Conquista no fue Conquista. Muy lejana está de la serie El alma de México, producida en 2000 por el Conaculta y Televisa, dirigida por Héctor Tajonar y conducida por Carlos Fuentes.

El Zócalo de la ciudad de México ha sido utilizado para plantones de diversas orientaciones políticas, desde los del varias veces candidato López Obrador hasta los del Frente Nacional AntiAMLO, numerosos festivales artísticos y ferias del libro, y hasta ha sido sede de las pistas de hielo y las albercas que han caracterizado a los gobiernos del PRD y Morena en la capital. Le llegó la hora al Templo Mayor. El 13 de agosto, el presidente inaugurará una reproducción a escala, financiada por OCESA, con espectáculos de luz y sonido. En tanto, el sitio arqueológico, que se encuentra a unas decenas de metros, carece de techumbre, pues la que tenía, por falta de mantenimiento derivado de los recortes al presupuesto, fue derrumbada por las lluvias.

Eduardo Matos Moctezuma, fundador del proyecto de las excavaciones, calificó al evento como un show. Un show que, para colmo, durará solo dos semanas.

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La organización fue un desgarriate mayúsculo.

El 3 de septiembre de 2019 se creó, por decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, la Comisión Presidencial para la Conmemoración de Hechos, Procesos y Personajes Históricos de México, que se ocuparía de los tres centenarios. El coordinador, no se sabe por qué, sería Zoé Robledo, director del Instituto Mexicano del Seguro Social.

De acuerdo con el decreto, el titular del Ejecutivo fungía como presidente honorario de la comisión, y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, como presidenta. En ausencia de López Obrador, Robledo tomaría las riendas de las reuniones. Las dependencias involucradas eran la SEP, la Secretaría de Cultura, el IMSS, el FCE y la Unidad de apoyo técnico de la Oficina de la Presidencia a cargo de la Memoria de la Nación. Además, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) el SPR y la Coordinación de Comunicación Social y Vocería de la Presidencia.

Fue hasta un año después que hubo novedades. El 21 de septiembre de 2020, la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, agradeció “el acompañamiento” de los titulares de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, de Marina, Rafael Ojeda, de Educación Pública, Esteban Moctezuma, y del coordinador Robledo. La SRE y Marina no figuraban en el decreto, aunque se incorporaron sobre la marcha. En el tweet, Frausto informó que, luego de un paseo por el Centro Histórico, se habían reunido para “planear el 2021”, que comenzaría en poco más de tres meses. 2021 era también el año de las elecciones intermedias, Morena aspiraba a refrendar su mayoría absoluta en el Congreso, y buscaba darle prosapia a su desdichada gestión.

El 30 de septiembre se difundió el programa de eventos de El año de la Independencia y la Grandeza de México. Entonces supimos que no serían tres, sino doce conmemoraciones, y se incrementaban a la par los comités de la comisión presidencial, a la sazón: de Desfiles y Actos Militares; de Cultura e Historia; de Reconocimientos, Monedas y Emisiones Especiales; de Educación y Civismo, e Internacional.

El 21 de octubre de 2020, un año y un mes después del lanzamiento de la comisión presidencial, el secretario de Gobierno de la capital, José Alfonso Suárez del Real, informó de la creación del Consejo de Conmemoraciones para la Ciudad de México. Esforzándose por ser perspicaz, Suárez del Real puntualizó que era una instancia distinta a la del Ejecutivo y que no había atraso alguno en el anuncio, dado que así estaba estipulado con anterioridad. El objetivo era nada más “posicionar” a la Ciudad de México en el justo lugar que le correspondía dentro de los programas del gobierno federal.

El primero de enero de 2021, la comisión presidencial anunció que ya no serían doce sino quince conmemoraciones. Al mes siguiente, el 5 de febrero, Alejandra Frausto compartió otra lista, corregida y aumentada. Las tres conmemoraciones, que habían pasado a 12 y posteriormente a 15, darían a luz 72 actividades, más de una por semana. Una incontenible sucesión de eventos tumultuosos se cernía sobre México.

El 10 de marzo, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, hizo el cuarto anuncio. A los eventos que se realizarían en la capital los bautizó “México-Tenochtitlan, siete siglos de historia”. Entre ellos, se les otorgó especial relieve al ceremonial con incienso en la zona arqueológica de Cuicuilco, el cual encabezó, y a la construcción en el Zócalo de varias maquetas inspiradas en los santuarios ceremoniales más importantes de Tenochtitlan, proyecto que finamente se limitó a la recreación del Templo Mayor.

El 16 de marzo de 2021 vino el quinto anuncio. Loredana Montes López, directora general del Fideicomiso del Centro Histórico, y Vanessa Bohórquez, secretaria de Cultura entrante de la Ciudad de México, presentaron las actividades de “Rehabilitación Integral del Centro Histórico”, tarea que en los hechos se remonta al sexenio de Carlos Salinas de Gortari: “embellecimiento” de inmuebles por aquí y por allá, rehabilitación de fachadas, 200 mosaicos conmemorativos –señalizaciones, pues–, inauguración del Museo de Sitio Huey Tzompantli, que presentará una plataforma de sacrificios y la torre circular con 119 cráneos dedicada a Huitzilopchtli.

El corte hasta ese momento: un presidente de México, una comisión, cinco secretarías de Estado, seis dependencias y oficinas variopintas –IMSS, FCE, IEHRM, SPR, Comunicación y Vocería de Palacio Nacional, Oficina de la Memoria de la Nación–, cinco comités, un consejo de la Ciudad de México, un Fideicomiso del Centro Histórico, cinco anuncios, un titipuchal de actividades y mucha morralla.

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No sabían qué querían, ni de qué hablaban.

Los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlan no se cumplen en 2021.

Eduardo Matos, máxima autoridad en la materia, explicó que no existe ningún documento que sustente que la ciudad fue fundada en 1321, por lo que consideró la postura gubernamental una manipulación histórica con fines políticos. En consecuencia, el arqueólogo rechazó participar en las conmemoraciones y prefirió impartir un seminario en línea organizado por la UNAM, en el cual ofreció una amplia exposición académico- documental, entre otras intervenciones en distintos foros.

En una conferencia de prensa dedicada al “Chat Gate, el escándalo del momento, y a la causa de la “moda ética”, la secretaria Frausto afirmó de pasadita y al final que los onomásticos están en discusión y que la discrepancia era bienvenida. De someterlas a reconsideración basándose en la opinión de los expertos, ni un asomo. Diego Prieto, director del INAH, aseguró que un asunto de tal naturaleza era difícil saberlo, si no es que de plano imposible. Sheinbaum comenzó a fomentar la argucia del “año lunar”, ocurrencia de Suárez del Real, y en actitud hermenéutica expuso que los años solares y lunares tenían como finalidad “cumplimentar” las leyes cósmicas que regían el universo náhuatl.

En marzo, la jefa de gobierno volvió a la carga: lo sucedido hace 500 años no fue una Conquista, sino invasión, porque de otra manera, no permanecería nuestra memoria de los pueblos originarios. Luego, aprovechó para cambiarle el nombre a la avenida Puente de Alvarado por el de Calzada México-Tenochtitlan, y al Árbol de la Noche Triste por el de Árbol de la Noche Victoriosa.

Mientras, los “500 años de la memoria histórica de Tenochtitlan” es el eufemismo para referirse a la Conquista. No es la primera ocasión en que opera así la psicología política de las actuales autoridades. Y las secuelas son graves y ridículas a la vez. La estatua de Cristóbal Colón, retirada a hurtadillas de avenida Reforma para su restauración, no será devuelta a su lugar. Tampoco las de Pedro de Gante, Fray Bartolomé de las Casas, Juan Pérez de Marchena y Diego de Deza. Tan pronto se presente la coyuntura política, se someterá el retorno de la estatua del navegante genovés a consulta popular. El desenlace ya lo sabemos.

Diego Prieto propuso que las estatuas de los tlatoanis Izcóatl y Ahuizótl, “Los Indios Verdes” fueran reubicadas en Reforma. Lo enmendó Vanessa Bohórquez. En ese momento, Prieto estaba atareado por las protestas en la ENAH derivadas de la cancelación de materias optativas. No tomó en cuenta el peso de las estatuas, el traslado a la todavía llamada Glorieta de Colón, ni la construcción de los nuevos basamentos.

En tanto, una y otra vez, el presidente continuaba exigiéndoles al rey Felipe IV de España y al Papa Francisco que ofrezcan disculpas por lo acaecido.

Tantas, como ocasiones le han dicho que eso no sucederá.

El entuerto en el que los colocaba Agustín de Iturbide para conmemorar los 200 años de la consumación de la Independencia lo resolvieron más fácil. El 27 de septiembre se realizará un desfile conmemorativo de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, y así el independentista se diluye en la bola.

Para no distraer la atención de la entrada de los insurgentes a la ciudad, Diego Prieto ha sugerido recientemente que la inauguración de México diverso, territorios, culturas y civilizaciones, prevista también para el 27, ocurra unos días antes. No es, por supuesto, que les falte organización. Nada más les sobra entusiasmo.

Una decepción, las conmemoraciones.