Si nos va mal, lo abrimos al público

Las librerías, como las salas de conciertos, las revistas o las editoriales, son empresas y espacios de encuentro a la vez.
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La mayoría de las empresas culturales son como el chiste de los dos borrachos que salen del último bar abierto en la ciudad. “Oye, se me ocurre una idea buenísima”, dice uno. “¿Por qué no nos montamos un bar?”. El otro responde: “Pero ¿y si nos va mal?”. “Si nos va mal, lo abrimos al público”.

En Zaragoza contamos con dos de las mejores librerías de España, Antígona y Cálamo, y con muchas otras de recorrido y solvencia, desde la París hasta la General. (Y hay buenas librerías en Huesca, Teruel o Alcañiz.) Echo de menos algunas que ya no existen, como Portadores de Sueños. Ahora ha cerrado en Madrid Tipos Infames, donde he estado muchas veces y he presentado libros míos y de mis amigos. Es una pena que ese lugar deje de existir. En la decisión confluyen varios factores: los costes, el cansancio, cambios en la moda y los precios. Los libreros han hablado de la gentrificación: una de esas cosas que quieres que se detengan exactamente en tu poder adquisitivo, como ha escrito David Mejía. Si te va bien, es probable que acabes como gentrificador gentrificado. Si no, igual tendrás que cerrar antes. 

Puedes tener cierto afán antimaterialista (por gusto o por coquetería), pero para sobrevivir debes entender el funcionamiento del capitalismo. Hay gente que combina los dos talentos (el empresarial, el que podríamos llamar editorial) y gente que no. No está necesariamente unido al discurso: grandes proselitistas de la libre empresa son incapaces de mantener un negocio y vociferantes anticapitalistas son genios de la gestión. Eso es lo de menos: la cultura, como toda industria, necesita gente con talento comercial.

Los negocios culturales se enfrentan a los problemas de todas las empresas y a otros específicos: un ejemplo es el caso escalofriante  de la magnífica plataforma Filmin, que ha sufrido el acoso de independentistas indignados porque proyecta Ícaro, un documental que muestra el punto de vista de los antidisturbios en Cataluña en 2019. Un artículo denunciaba que fuese un elogio de la Policía Nacional: hasta ahí podíamos llegar. Por supuesto, en Filmin hay películas variadas. Uno siempre tiene la opción de no ver Ciudad morta u Olympia de Leni Riefensthal, en vez de amenazar con cancelar la suscripción. La capacidad de intimidación de los macarras en las redes asusta a las empresas. Es mejor resistir: las tormentas se disipan y la autoridad editorial es un valor clave; es precisamente lo que hace que una plataforma o una revista sea mejor que otra.

Las librerías, como los cines, las revistas, las salas de conciertos o los bares, son espacios de encuentro y conversación. Cuando cierran echas de menos unas personas, un ambiente y una época. Surgirán cosas estimulantes, pero serán diferentes y tú tampoco serás el mismo.

Publicado originalmente en El Periódico de Aragón. La imagen es de la serie Black books.


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