Cuenta regresiva a una colisión anunciada (1)

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Los gobiernos son como los matrimonios: su solidez se demuestra en momentos de crisis. Cuando a la familia no le falta dinero y todos sus miembros tienen salud, es más probable que haya armonía en el matrimonio; cuando algún miembro de la familia está en crisis, o cuando los recursos no son suficientes, alcanzar la concordia adquiere un cierto grado de complejidad.

La gran mayoría de los gobiernos del mundo enfrentan retos que provienen de la secuela de una crisis económica global que, en mayor o menor medida, les ha afectado a todos. Las principales lesiones se dan en torno a la menor capacidad productiva o a la caída del empleo.

El margen de maniobra, sin embargo, es diferente en función a la situación política de cada país. En una democracia como la de Estados Unidos, el costo último que puede pagar la administración del presidente Obama sería, primero, la pérdida de las mayorías en el Congreso y en el Senado en las elecciones del año próximo; en un siguiente nivel, podría no ser reelecto en 2012. Otros países más autoritarios, como es el caso de China, tienen mayor margen de maniobra a corto plazo, pues no tienen que responder en las urnas. Eventualmente, sin embargo, si la crisis llegara a una situación extrema, el riesgo último es el de movimientos sociales que atenten contra el régimen.

La reciente visita del presidente Obama a China es el preludio a la inevitable confrontación entre los dos países más económicamente relevantes en este principio del Siglo XXI: Estados Unidos y China. Como dos grandes trenes que van el uno hacia el otro, la pregunta no es si la colisión se va a dar, sino simplemente cuándo.

Como he comentado en escritos previos, el tema dominante en el debate estadounidense será el del desempleo y, en segundo término, el de la pauperización de la población. La semana pasada, un análisis hecho por el Departamento de Agricultura y un estudio realizado por sociólogos de varias universidades revelaron datos escalofriantes:

• 49 millones de estadounidenses no tuvieron acceso a suficiente comida durante el último año. El hambre se incrementó 36% entre 2007 y 2008.

• 16% de la población total sufrió hambre en 2008, y los niños y las mujeres son los más afectados.

• 49.2% de los niños requerirán de “food stamps” (certificados emitidos por el gobierno que son intercambiables por comida) antes de cumplir 20 años. En el caso de niños negros, 90% lo harán.

• Aun en el caso de familias donde uno de sus miembros ha estado empleado, el acceso a alimentos no ha sido suficiente. Esto subraya otra realidad…

• La mediana en el ingreso de las familias bajó 3.6% en un año, a US$50,303 dólares en 2008, lo cual es –en términos reales– 1.9% menor al nivel alcanzado en 1998. Esta es la primera vez, cuando menos desde 1930 (no hay información previa), en que hay un empobrecimiento en un periodo de diez años.

La piedra en el zapato de los optimistas pertinaces es el desempleo. Nunca, después de la Segunda Guerra Mundial, una recesión había resultado tan devastadora. En sus casi dos años de duración, ha arrasado con ocho millones de empleos.

La cifra oficial dice que el desempleo alcanza 10.2%, pero omite a quienes están involuntariamente subempleados, a quienes se han dado por vencidos y no están buscando trabajo activamente, y no incluye ajuste alguno por la caída en las horas promedio que los empleados trabajan por semana. Si la semana laboral se hubiera mantenido sin cambio, el desempleo alcanzaría 10.8%. Es importante resaltar, también, que el período promedio (26.9 semanas) que la gente está sin conseguir empleo está en su máximo histórico, al igual que la mediana (18.7 semanas).

Como se sabe, el empleo está usualmente rezagado en el ciclo económico. Si vimos una recuperación en el crecimiento en el tercer trimestre, es probable que no veamos una mejoría en el empleo sino hasta al menos la segunda mitad de 2010. Se estima que el desempleo oficial podría llegar a 10.8% en el segundo semestre.

Mientras tanto, la definición más amplia de desempleo, el llamado U-6, ha llegado a 17.5%. Es interesante que la diferencia usual entre una y otra definición es de entre dos y tres puntos porcentuales, ahora es casi de siete. Según David Rosenberg, algo digno de análisis es el componente estructural del desempleo. Según él, uno de los factores que más influyó en el vigoroso crecimiento en el empleo entre 2001 y 2008 fue la enorme abundancia de crédito. Coincido con él en que la principal diferencia hacia adelante será la gran escasez de éste, lo que le lleva a pronosticar que, estructuralmente, el desempleo oficial podría llegar a entre 12% y 13% en los próximos años, aunque él cree que el desempleo U-6 podría bajar, regresando a estar entre dos y tres puntos por encima de la cifra oficial.

¿Por qué es esto importante? Déjeme explicar. Si el desempleo alto persiste, el margen de maniobra del gobierno de Obama será sustancialmente menor. Para una administración demócrata, el éxito de sus políticas se define por su impacto en el empleo. Este numerito influirá en el gasto público, en la política migratoria (pésima noticia para México y Centroamérica), en la política comercial (adiós a los nuevos tratados de libre comercio como el de Colombia), y se convertirá en la espada de Damocles que penda sobre la cabeza del presidente.

¿Y qué tiene que ver esto con China? Todo. Algo que suavizó la postura ante el gigante asiático en los días previos a la visita del mandatario estadounidense fue la contracción del déficit comercial de Estados Unidos con China. Ésta evidenciaba que China también estaba sufriendo las consecuencias de la recesión estadounidense. Sin embargo, conforme la economía estadounidense vuelve a mostrar crecimiento, veremos una recuperación en la demanda por productos chinos, y el déficit volverá a crecer. La economía de China, además, mostrará vigoroso crecimiento (8.9%), en un momento en el que el desempleo estadounidense sigue aumentando. Por si fuera poco, en la reciente visita de Obama quedó claro que existe nula disposición a hacer cualquier cambio sustancial en la política que los asiáticos han seguido. En forma irresponsable, los Chinos han decidido que el renminbi siga ligado al dólar mientras éste sufre una fuerte devaluación, de facto devaluándose también. Desde su punto más alto en marzo 9, se ha devaluado 33.7% contra el dólar neozelandés, 17.2% contra la libra, 15.7% contra el euro y 9.5% contra el yen.

En Estados Unidos, aun los más fieles partidarios de Obama se quedaron estupefactos con la extrema debilidad mostrada por el presidente en sus negociaciones con el gigante asiático. Llegó con una postura de debilidad propia de quien debe cientos de miles de millones de dólares sin entender, en mi opinión, que el problema de tan colosal deuda es más para China que para Estados Unidos. La audaz política que ha provocado la acumulación de 2.27 billones (millones de millones) de dólares de reservas provoca que su manejo se convierte en un colosal riesgo para una economía con un PIB de “apenas” 4.4 billones.

Como dijo el Prof. Roderick MacFarquhar, experto en China de la Universidad de Harvard, parte del problema de Obama es que aun antes de viajar ya había hecho concesiones sin negociarlas, dio el “quo” sin obtener el “quid”. Estuvo dispuesto a no recibir al Dalai Lama en su visita a Estados Unidos y puso trabas a la venta de armamento a Taiwán sin, aparentemente, obtener algo a cambio. En el tema de derechos humanos, se logró tener una reunión abierta con estudiantes chinos, pero ésta resultó intrascendente pues no fue transmitida por la televisión local y los blogs que la cubrieron fueron censurados; la conferencia de prensa con el primer ministro Hu al final de la visita tuvo la peculiaridad de no haber permitido preguntas a los medios.