El futuro del trabajo puede ser aun más sexista

Uno de los campos laborales que mejor resistirá los cambios traídos por la automatización es el de los cuidados. Sin embargo, se le sigue percibiendo como un terreno propio de las mujeres, y se hace poco por atraer a los hombres a incursionar en él. Hacerlo tendría ventajas.
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Conforme la tecnología y la automatización prefiguran un futuro muy diferente para el trabajo, algunos economistas predicen que las mujeres serán las más beneficiadas con los cambios por venir. Aunque han sido las más afectadas por la crisis económica provocada por la pandemia de covid-19, en los próximos años los trabajos de cuidado dominados por mujeres, como la enfermería, la enseñanza y el cuidado de niños y ancianos, que no se pueden reemplazar fácilmente por máquinas, estarán entre las ocupaciones de más rápido crecimiento y, por lo tanto, es más probable que prevalezcan en el futuro.

Esto no significa que muchos trabajos hechos por mujeres no se vayan a automatizar. Así como se prevé que desaparezcan los trabajos mecánicos y de operación de máquinas dominados por hombres, sucederá lo mismo con los trabajos administrativos y de oficina que suelen realizar las mujeres. Sin embargo, la mayoría de estas predicciones sobre el futuro del trabajo asumen que las mujeres todavía dominarán la economía del cuidado. Y todo porque no se espera que los hombres participen en dichas labores.

Así, aunque las mujeres son el objetivo de una serie de programas de capacitación e inversión que las impulsan a ingresar a los campos de ciencia y tecnología, que están en crecimiento, son bien remunerados y están dominados por los hombres, hay pocos esfuerzos en sentido contrario para atraer a los hombres hacia las labores de cuidado, también crecientes pero mal pagados. Tampoco se hace mucho por transformar este tipo de labores en buenos trabajos que ofrezcan un buen salario a cualquier persona.

Las profesiones en Estados Unidos están profundamente segregadas por género. Aproximadamente el 40% de las mujeres que trabajan lo hace en ocupaciones dominadas por mujeres, y el 48% de los hombres se ocupa en trabajos dominados por hombres. Casi cuatro décadas después de que la Corte Suprema de los Estados Unidos anulara las prohibiciones que excluían a los hombres de las escuelas de enfermería, estos representan solo el 12% del personal de enfermería registrado, casi tanto como el porcentaje de mujeres que trabaja en la industria minera. Esa segregación contribuye en gran medida a la persistente brecha salarial de género, ya que las profesiones dominadas por hombres pagan mucho más que las dominadas por mujeres. Y aunque algunos trabajos de la economía del cuidado, como los profesionales de enfermería, pueden ofrecer buenos salarios, los trabajadores de cuidado infantil y los auixiliares de salud en el hogar a menudo se balancean al borde de la pobreza.

Todo esto nos lleva a preguntar si la norma de género profundamente arraigada que dicta que el trabajo de cuidado es “trabajo de mujeres” –una extensión del “trabajo de amor” proveído de manera gratuita en los hogares– implica que la economía del cuidado seguirá siendo infravalorada y segregada en el futuro, incluso si su demanda crece, y si dicha norma impedirá que los hombres busquen trabajos de este tipo en un futuro incierto.

¿Qué pasaría si los hombres sí cuidaran?

Eso es lo que les preguntamos a hombres que son cuidadores profesionales para un nuevo informe que publicamos el 4 de febrero (nosotros trabajamos para Better Life Lab de New America; New America es socio de Slate y Arizona State University en Future Tense). En una encuesta nacional y en una discusión a profundidad dentro de un grupo de enfoque, hombres que son enfermeros, auxiliares de salud en el hogar, maestros de jardín de infantes y trabajadores de cuidado infantil concordaron de manera abrumadora en que están orgullosos del trabajo que hacen, y en que lo encuentran significativo y desafiante. Los hombres que participaron en este informe dijeron que el trabajo de cuidados es un buen oficio e incluso quieren alentar a más hombres a realizarlo. Y la única forma de que eso suceda es que estas ocupaciones se conviertan en mejores trabajos.

En contra de la sabiduría convencional, la mayoría de los hombres que trabajan como cuidadores profesionales dijeron que ellos mismos buscaron un trabajo en una profesión solidaria, que consideraron como una carrera con oportunidades de crecimiento y avance. No fue una alternativa de último recurso para encontrar trabajo. “Siento que estoy haciendo una diferencia en la vida de las personas”, dijo Joshua, un enfermero quirúrgico en Nebraska. Los hombres describieron la responsabilidad profesional que enfrentan al tomar decisiones de vida o muerte, cuidar a las personas en sus momentos más devastadores o estar presentes en los más felices: cuando un niño da sus primeros pasos, un tratamiento médico da un buen resultado o una mente joven destella con nuevo conocimiento.

Es más, los cuidadores hombres, especialmente los de enfermería, dijeron que, lejos de la visión estereotipada de que su trabajo consiste solo en vaciar orinales, este requiere una combinación compleja de habilidades cognitivas de alto nivel y calidez humana. Para hacer tener éxito en sus trabajos, dijeron, se requiere atención a los detalles, pensamiento rápido y la capacidad para realizar múltiples tareas, pero también “tener corazón y alma”, como dijo Lucas, enfermero de cuidados intensivos de Louisiana. Los trabajadores de cuidado infantil y educadores, en particular, enfatizaron que rasgos de calidez humana, como la paciencia y el deseo de ayudar a los demás –rasgos que durante mucho tiempo se asumieron como exclusivos de las mujeres o más desarrollados en ellas– son esenciales para hacer bien su trabajo.

Ese estigma de género, aunque quizá no sea tan intenso como hace décadas, es algo que todavía enfrentan muchos hombres que trabajan en las áreas de cuidado. “Odio el término murse”, dijo uno, refiriéndose a la combinación de las palabras en inglés de “hombre” (man) y “enfermera” (nurse). Los hombres que laboran en el cuidado y la educación de infancia temprana dijeron que a menudo se enfrentaban a la sospecha y la desconfianza de padres escépticos. La mayoría estuvo de acuerdo en que la sociedad valoraba el trabajo de cuidado, pero solo “hasta cierto punto”, y argumentó que únicamente cuando las labores de cuidado sean bien pagadas y se conviertan en mejores trabajos los cuidadores “obtendrán el respeto que merecen”.

No hay duda de que la sociedad valora a los hombres y el trabajo que realizan más que el de las mujeres. A los pocos hombres que trabajan en enfermería a menudo se les paga más que a sus contrapartes femeninas; esto es algo que los hombres de nuestros grupos de enfoque reconocieron con molestia. Los economistas han rastreado cómo caen los salarios a medida que las mujeres se hacen cargo de trabajos antes dominados por hombres. La gente puede haberlo olvidado, pero los hombres también han realizado este tipo de trabajos en el pasado. En algún momento, la educación era una profesión bien remunerada para los hombres, y durante siglos la enfermería fue un trabajo de monjes y caballeros. Dos de los cuatro santos patronos de la enfermería son hombres: san Camilo de Lellis, que porta una túnica con la cruz roja que ha llegado a significar el símbolo universal de la curación médica, y san Juan de Dios. Eso cambió con Florence Nightingale, quien insistió en que solo las mujeres deberían dedicarse a cuidar. Si bien Nightingale abrió un camino para que muchas mujeres trabajaran por primera vez, su acto también feminizó la profesión y cimentó tanto los salarios más bajos como la noción de que las enfermeras estaban subordinadas a los médicos, en lugar de ser contrapartes de ellos. Pero si la presencia de mujeres deprime los salarios, ¿podría ocurrir lo contrario también? ¿Una afluencia de hombres al trabajo de cuidados sería lo que se necesita para aumentar su valor para todos los trabajadores?

Ya se realizan esfuerzos para transformar los trabajos de la economía del cuidado. En Estados Unidos, la administración de Joe Biden propone una importante inversión en infraestructura de cuidado infantil y promete darles a los educadores de infancia temprana y trabajadores de cuidado infantil “un aumento y mayores beneficios, tratándolos como los profesionales que son”. Algunos trabajadores del cuidado infantil y de la salud buscan sindicalizarse para exigir mejores salarios. El estado de Washington ha descubierto cómo hacer que los trabajos de salud en el hogar sean buenos. Y organizaciones como la Asociación Estadounidense de Hombres en Enfermería (AAMN, por sus siglas en inglés) trabajan para atraer a más hombres al sector del cuidado.

Mike Ward, vicepresidente de la AAMN, quien trabajó en una plataforma petrolera antes de convertirse en enfermero de práctica avanzada en Texas, ha estado trabajando en el programa Future RN de la AAMN, un esfuerzo de la organización para contrarrestar el persistente sesgo de género y atraer a más hombres a la enfermería. Esto no tiene solo el objetivo de que los hombres tengan buenos trabajos, “a prueba de futuro” y con gran demanda, dijo Ward, sino porque el personal de enfermería y cuidadores profesionales deben parecerse a las poblaciones que cuidan. “Cada vez más mujeres se convierten en médicas, lo cual es genial”, dijo Ward. “Creemos que la comunidad de enfermería debe reflejar las comunidades a las que servimos”.

Para llegar a eso, comienzan en etapas tempranas, acercándose a los niños de primaria y secundaria. “Mi consejero en la secundaria nunca me presentó la enfermería como una opción”, dijo Ward. “Tratamos de cambiar eso, al abrir las mentes de los hombres jóvenes y los niños a una gran profesión que la mayoría de los hombres probablemente nunca había considerado y que existirá durante mucho tiempo”.

Mientras que en 2009 algunas escuelas de enfermería lanzaron una campaña con un tono decididamente machista, bajo el slogan “¿Eres lo suficientemente hombre para ser enfermero?”, Ward dice que los esfuerzos de la AAMN buscan que los hombres en enfermería acaben con los estereotipos de género al compartir sus experiencias diarias. Un estudio encontró que la cantidad de estudiantes varones de secundaria que dijeron que considerarían la enfermería como una opción de carrera aumentó más de tres veces cuando las mismas tareas se describieron con el título “clínico registrado”, el cual es más neutral respecto al género.

Ward usa su propia historia en las labores de reclutamiento. Trabaja bajo un esquema de siete días de actividad laboral y siete días de descanso, lo que le permite participar en la vida de su esposa y de sus cinco hijos en casa, practicar artes marciales, leer y realizar otras actividades. “Tengo un trabajo muy satisfactorio, que permite un tremendo equilibrio entre las labores y el ocio”, dijo Ward. “Algunos de mis amigos pensaron que era un poco extraño que me dedicara a la enfermería, e incluso algunos miembros de mi familia no lo entendían al principio; ahora tienen una concepción distinta, nadie se ríe”.

Para Ramon Kapoor, un enfermero de práctica avanzada en Nueva York, la emergencia de la covid-19 puede ser lo que finalmente ayude a disipar los estereotipos de género sobre los hombres en las tareas de cuidado. “La necesidad ha sido tan grande que no ha habido lugar para los juicios respecto al género”, dijo Kapoor. “La gente finalmente está viendo lo que realmente hace el personal de enfermería, no lo que creen que hace”. Y lo que enfermeros como Kapoor han estado haciendo es arriesgar sus propias vidas, al entrar a salas de terapia intensiva para evaluar, tratar y cuidar a pacientes con covid-19 en estado crítico y moribundos, mientras los médicos observan desde pantallas o a través de mamparas de vidrio. (El personal de enfermería representa aproximadamente 1 de cada 3 de los más de 3 mil trabajadores de la salud en Estados Unidos que han muerto a causa de la covid-19, según datos actualizados en diciembre.)

De igual forma, el cierre de escuelas y centros de cuidado infantil debido a la pandemia ha puesto en evidencia cuán importante es el trabajo de cuidado de los maestros y educadores de infancia temprana de cualquier género, ya que son indispensables para mantener abiertos los negocios, apoyar a las familias y la economía, así como educar a la próxima generación.

A Kapoor, Ward y los cuidadores profesionales con los que hablamos en nuestro grupo de enfoque les gusta decir que cuidar es algo humano, no solo un campo para las mujeres. Sin embargo, para que esto se convierta en realidad en el futuro del trabajo, no solo será necesario impulsar a las niñas que saben programar, sino también a los niños que saben cuidar. Se debe asegurar que cualquiera de los dos tenga no solo un trabajo significativo y satisfactorio, sino también que les permita vivir vidas significativas y satisfactorias.

 

 

Este artículo es publicado gracias a la colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de Slate, New America y Arizona State University.

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