Bullicio subatómico

NASA

Acúfenos

María Rosa Maldonado

Kriller71

Barcelona, 2022, 107

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Por puro despiste o arrastrada por su forma poco convencional comienzo a leer el prólogo de Acúfenos, maravilloso libro de María Rosa Maldonado, como si fuese parte del propio libro y no una introducción. No es hasta que llevo varias páginas cuando me doy cuenta de que lo que estoy leyendo lo ha escrito otra persona (Lola Nieto), pero más que un prólogo es un poema que prepara para los que vendrán detrás. Un prólogo que parece una obertura musical con afinación incluida, que prepara el ánimo para los poemas de Maldonado, que aunque se refieren a las formas más básicas o primordiales de la vida exigen que abandonemos la multitud de supuestos que nos sirven para movernos por el mundo. Lola Nieto ensaya un prólogo que es como un poema cuyos versos van agrupándose en párrafos a toda caja a medida que pasan las páginas; contesta a los versos de Maldonado que comenta, y al final acaba dando algunas pistas para la lectura (“un modo de oír el mundo”, “hasta que advenga lo solo vivo” o “camino de merma o mengua de la identidad”, además de advertirnos sobre la conexión de los poemas con el hinduismo, el budismo o la ciencia atómica). Nos recuerda que lo que vemos es una cosa y que el mundo es otra, y que los descubrimientos de la ciencia ya han sido anticipados por el arte previo. Si es que fuera de la convención existe lo previo y lo posterior.

María Rosa Maldonado nació en Barcelona en 1944, pero vive en Argentina desde los cinco años. Es profesora de Filosofía, Psicología y Ciencias de la Educación. En los años ochenta formó parte del grupo de poetas Informal y redactora jefa de su revista, El cadáver exquisito. Acúfenos es el segundo de sus libros que se publica en España. Hay una edición argentina de 2017, en la editorial Zindo&Gafuri, pero la versión que acaba de publicar Kriller71 incluye trece poemas nuevos más la traducción al catalán (en la página par) por parte de Sílvia Galup. Son poemas cortos, de una página la mayor parte, escritos como desde el momento detenido, intervalo entre inspiración y espiración, que nos permite advertir la estructura de las cosas. 

De vez en cuando en la vida hay un momento en que entramos en contacto consciente con una realidad muy íntima, como una revelación inefable. Pasa en veces contadas pero pasa en todas las vidas, y no se puede forzar. Acúfenos recoge esos momentos. Como en realidad todos los libros de poesía e incluso algunas cosas que no son libros de poesía están dedicados a eso, a salvar esos momentos, quizá lo característico de Acúfenos sea su descenso aún más allá, porque siempre se puede retirar otra capa del mundo de las manifestaciones. Pienso que una consciencia de que esas bambalinas sostienen todo el entramado de las vidas que llevamos acaba por hacer inútil el afán por fijarlas. Es decir: si hagamos lo que hagamos todo funciona, ¿por qué molestarse en escribirlo? ¿En qué modificamos la canción del universo si nos unimos a ella? También nosotros formamos parte del coro.

Cantar, respirar y medir versos son actividades contiguas. En el libro no se marca la puntuación con signos, sino que se utiliza el corte del verso para ofrecer el fogonazo de la imagen, en unidades de sentido. De esta manera, los pocos signos que hay adquieren un sentido muy expresivo. Se utiliza el doble o triple espacio dentro de los versos y nunca hay puntos ni comas, pero en algunas ocasiones los dos puntos concluyen un poema, de modo que desembocan en un verso que no está, como dando a entender una conclusión indecible pero muy elocuente. 

Cada poema lleva un título, que a veces se refiere a un hecho que tiene lugar en el tiempo, a veces a un detalle, a veces es un axioma o a veces un concepto. Algunos ejemplos: mujer con hemangioma familiar, girar una piedra puede cambiar el mundo, si buscas la iluminación, el asedio de dubrovnik o deleción del cromosoma 15  síndrome de angelman. Los temas son así de variados y el acercamiento siempre parece tener en cuenta el paso de los eones y los estratos acumulados en las rocas y en la psique, a veces tratados como si estuviesen formados del mismo material (“donde se revelan  las imágenes de los ancestros / lisergia de la respiración:  orquídeas  líquenes / bromelias    florecen en sus cavidades alveolares”, o “la voz sin nombre  me habla / desde los minerales    desde el agua   –azul como la leche– / desde    la luz   y desde/ la insondable vibración oscura). Es como si la autora se detuviese en cada premisa que se ha dado a sí misma para observar con atención y con un instrumento de aumento lo que es permanente en cada ser que nace y muere. Aparecen en los poemas lirios y tigres, peces abisales, órganos y tejidos, mucho movimiento en aguas profundas o lejanas galaxias, y el cuidadoso distanciamiento de la autora consigue que todo nos resulte igualmente cercano y fabuloso. Lo enorme y lo minúsculo: pasamos de poema a poema como arrastrados por un zoom velocísimo. En los poemas a veces parece que habla una fitóloga alucinada y otras veces una historiadora profética. Es un libro termodinámico y místico a la vez, que nos deja la ilusión incontestable de haber comprendido durante un nanosegundo un alegre secreto universal.

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