La fractura mexicana / Izquierda y derecha, de Roger Bartra

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Ser de izquierda no es asunto sencillo en México. Por demasiado tiempo líderes sociales, funcionarios públicos y jefes sindicales enriquecidos a la sombra de la revolución han carcomido la credibilidad de las instituciones (y de las palabras) con un revoltijo insuperado de oratoria, impudor, símbolos patrióticos y virtual ausencia de cualquier sentido del Estado más allá de los juegos de poder dentro de la caja negra del PRI. ¿Cómo se emancipa una sociedad de la herencia cultural de siete décadas de vacuidad ideológica, retórica pública y opacidad política? Lenta y dolorosamente, a juzgar por el presente.

A pesar de esto, en La fractura mexicana Roger Bartra (ciudad de México, 1942) registra la escasez de políticos de estos rumbos que se declaren de derecha. He ahí el punto: la viscosa ubicuidad cultural del nacionalismo revolucionario como ideología nacional capaz de convivir sin sobrada molestia con una degradante desigualdad. Desaparecido (por el momento) el PRI como partido de Estado, subsisten sus fantasmas. Muerto Franco murió el franquismo; disuelta la URSS, el comunismo se volvió materia filosófica más que política. Sin embargo, roto el vínculo PRI-Estado (decir PRI-gobierno sería evidentemente reductivo), el populismo y el nacionalismo revolucionario siguen siendo la amalgama cultural de la izquierda mexicana. En México ha ocurrido una transición política sin cambio cultural en la izquierda no priista, que –en los curiosos giros de la historia– se ha vuelto nostálgica del viejo régimen que combatió. Sin conocer México Marx y Keynes lo habían dicho: somos prisioneros de ideas muertas.

Este libro de Bartra es uno de los mejores instrumentos disponibles en la actualidad para entender por qué la transición ocurrió por la derecha y por qué la izquierda mexicana se ha convertido más en un obstáculo que en un impulso hacia la democratización del país y hacia un camino de desarrollo menos desigual que el recorrido hasta aquí. Recordemos que en 1913 el PIB per cápita de México era del 33% respecto al de Estados Unidos, y hoy es del 25%. A pesar de los obvios avances del país en ese amplio trecho de su historia, las distancias de productividad y bienestar se han ampliado. ¿Cómo invertir la tendencia y cómo hacerlo poniendo en el centro a aquellos que la revolución institucional dejó bajo la tutela sindical de distintas variedades de vividores revolucionarios? En síntesis, revolución con desigualdad y retórica para llenar la grieta.

El libro de Bartra es un lúcido recorrido entre ruinas acumuladas (y no removidas por la transición) que traban el camino de país. Los registros de esta obra son múltiples: la sociología del atraso latinoamericano, el estudio de la política mexicana, la autobiografía. Y los temas también: izquierda y derecha, populismo, ciencias sociales en México, el 68, la contracultura. Una de las cuestiones centrales es, inevitablemente, la izquierda mexicana: la historia de un naufragio particular en el que los náufragos no saben serlo y, por consiguiente, no sienten la necesidad de repensar críticamente su propio pasado. Desde hace quince años el PRD no seduce a más de una sexta parte de los electores, y en 2006, cuando tuvo oportunidad de ganar la presidencia, la tiró por la borda: “un granito de sensatez en la campaña electoral de la izquierda –escribe Bartra– hubiera bastado para ganar”. Sin embargo, si para ganar se apuesta todo a las virtudes carismáticas de un individuo cuya única virtud conocida es el manejo de viejos códigos y de estilos priistas en versión, si es posible, aún más confusa y demagógica, no es asombroso que el individuo en cuestión muestre en el momento crítico su estolidez egolátrica tirando por la borda una posibilidad que él mismo había contribuido a crear. ¿Qué es lo que impide que la izquierda mexicana reflexione críticamente sobre sí misma a pesar de su larga secuencia de derrotas? Este pequeño, notable, libro constituye una de las pocas guías intelectualmente dignas para orientarse en el laberinto de los retardos culturales de la izquierda mexicana.

El populismo y el nacionalismo revolucionario heredados de décadas de hegemonía priista siguen siendo el armazón identitario de la izquierda mexicana. “En esta cultura política podemos reconocer una mezcla de hábitos autoritarios, mediaciones clientelares, valores anticapitalistas, símbolos nacionalistas, personajes carismáticos, instituciones estatistas y, muy especialmente, actitudes que exaltan a los de abajo, a la gente sencilla y humilde, al pueblo”, escribe Bartra. Exaltación del pueblo –añadamos– que supone, al mismo tiempo, la autoasignación de la tarea de su organización corporativa. Y aquello que no viene de viejas ideas, congeladas bajo la costra dura del nacionalismo revolucionario, viene de un añadido de radicalidad retórica y de nuevos fervores carismáticos. Las ideas son prescindibles y la derrota se vuelve consagración cristiana de la propia verdad eterna. Dice Bartra: des-pués de la caída del muro de Berlín, la izquierda tiende a sustituir las ideas con sentimientos. Y, podríamos añadir, con una eticidad (más o menos cristiana) productora de muchos Savonarolas y ningún Marx. La paranoia autoritaria de un mundo perfecto (el partido que organiza al pueblo bajo la benevolencia del líder en turno), al margen de las conspiraciones mundiales, sigue asombrosamente viva. Muy cerca de Chávez-Correa, muy lejos de Bachelet-Lula.

Pero este libro de Bartra no es sólo una reflexión sobre la izquierda. Son interesantes las reflexiones sobre la derecha mexicana, atrapada entre una cultura gerencial y un catolicismo al que se le dificulta asumir el sentido democrático de la laicidad del Estado. E igualmente sugerentes son las observaciones sobre el 68 mexicano: inicio de una deslegitimación del PRI que, a largo plazo, sería capitalizada por la derecha. ¿Por qué? Este libro permite varios asomos de respuesta. ~

 

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