Michèle Audin: retrato del padre eternamente joven

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Hechos. El 11 de junio de 1957 el joven matemático Maurice Audin, miembro del Partido Comunista de Argelia, fue detenido en su casa por paracaidistas del Ejército francés. Antes de salir de casa le dijo a su mujer, Josette, “Ocúpate de los niños”, que eran tres. Audin fue torturado y asesinado, su cuerpo nunca apareció porque los franceses dijeron que se había fugado. Pero una investigación de Jean-Pierre Naquet demostró que murió el 21 de junio. Se sabe que el 12 de junio coincidió con el periodista Henri Alleg y le advirtió sobre la tortura a la que le iban a someter: “Es duro, Henri”.

En 2018 Emmanuel Macron emitió una declaración sobre la muerte de Audin en la que admitía las torturas sistemáticas durante la guerra de Argelia. Nunca se supo cómo murió Audin, aunque la tesis de Naquet es que fue durante una sesión de tortura el 21 de junio a manos del teniente Charbonnier. Unos meses después de su muerte, tuvo lugar la defensa de su tesis, en un acto emocionante, y le fue concedido el título de doctor.

Reconstrucción. La mayor de los hijos de Audin, Michèle, se convertiría años después en matemática, como su padre. Durante años negaba cualquier parentesco con ese Audin que daba nombre a tal plaza o a tal calle, de Argel, Lyon o París, “Traté de mantener mi vida profesional a distancia del hecho de ser su hija. Repetí que el caso Audin era para mí un asunto privado, algo que, por lo demás, no se contradice con lo que escribo aquí”. Michèle Audin, matemática e historiadora, ha escrito un libro sobre su padre, Una vida breve (en traducción de Pablo Moíño Sánchez, en Periférica).

El libro no es una reconstrucción del asesinato, ni es una investigación de lo que sucedió en el centro de detención, es más bien una reconstrucción del padre, la vida del padre. Para ello recurre a varias fuentes: su propia memoria, los pocos recuerdos que conserva propios, es decir, en los que no ha intervenido el relato de otros; lo que le cuentan familiares; cartas; artículos de su padre y libros como el de Naquet, El caso Audin. Todas las fuentes están detalladas al final del libro, donde las matemáticas conviven con la literatura, y se cita, por ejemplo, a Patrick Modiano, cuyos libros, sobre todo Dora Bruder, aparecen en el texto: es un modelo. Como Modiano trataba de buscar las huellas de la chica judía desaparecida, Audin reúne lo que sabe de lo que fue la vida de su padre.

Una vida, la vida. La historia de Maurice Audin no es solo la historia de un hombre. Es también la historia de algo más, es la historia de una familia que va de Túnez a Argelia pasando por Francia; es la historia, también, de la mortalidad infantil –Maurice era el segundo bebé Maurice de la familia, también hubo dos Aline, una murió de niña–; es la historia de la decepción del comunismo –la venda se cae con los “hechos de Hungría”–; es la historia privada de uno de los episodios más siniestros de la historia reciente de Francia, la guerra de Argelia.

“Nada nuevo aprenderán aquí acerca de dicho caso [el caso Audin]. Ni el mártir, ni su muerte ni su desaparición son el tema de este libro. Todo lo contrario: de la vida, de su vida, de una vida cuyas huellas no han desaparecido por completo, pretendo hablarles aquí”, escribe su hija en el prólogo del libro. Y hacia la mitad: “Al igual que no encontrarán aquí exotismo, tampoco encontrarán nostalgia, la repugnante nostalgia pied-noire, con los colores y los sabores, el anisete, el chalé en la playa, la criada musulmana, el mar, el cielo y el sol. El mundo en que él vivió ya no existe, lo he dicho, y con él desapareció aquello que él habría deseado que desapareciese, las criadas musulmanas, los colonos, la pacificación, los niños analfabetos, en eso que ha de denominarse el apartheid colonial”.

Ecos. Una vida breve cumple con su objetivo: es emocionante y pulcro. Imagina las rutinas de sus padres a partir de un cuaderno de contabilidad doméstica que llevaban sus padres a temporadas. Trata de reconstruir los años en el internado de su padre, enfermó de meningitis, y solo avisó a su familia cuando ya estaba curado. Son detalles, reflejos de lo que fue la vida de un hombre. Ese padre es ya eternamente joven, dice en un momento, para siempre un muchacho de veinticinco años. Hay un detalle espeluznante: las cosas que están sucediendo no siempre son perceptibles para quienes las sufren. Dice Michèle Audin: “Hoy todo el mundo sabe que el 1 de noviembre había empezado la guerra de Argelia, que terminaría con la independencia del país. Pero en la época no era así. En particular, el clima, las relaciones entre las comunidades ‘árabes’ y ‘pieds-noires’ se deterioraron poco a poco y por doquier, incluso dentro de la universidad”.


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