¿Por qué tose la gente en los conciertos?, de Luis Ignacio Helguera

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De bolsillo
Luis Ignacio Helguera, ¿Por qué tose la gente en los conciertos?, Aldus, México, 2000, 73 pp.En uno de los textos de Enormes minucias, Chesterton confiesa el proyecto de escribir un libro enteramente dedicado a las cosas que guarda en los bolsillos. Pero un libro así —se lamenta— sería demasiado largo; además está consciente de que el tiempo de las grandes epopeyas ha pasado ya para él. Pese a que nunca se decidió a emprender dicho proyecto, en muchos de sus ensayos se ocupó de asuntos tan simples como las cosas que guardaba en sus bolsillos: objetos al parecer insignificantes por habituales y hasta manoseados, pequeñas pero incisivas obsesiones en las que reverbera el pasmo por el fulgor de lo banal —la insularidad del temperamento británico, por ejemplo, o la natural adhesión de ese pueblo a la doctrina del sentido común. Encuentro que el volumen en el que Luis Ignacio Helguera ha recopilado los divertimentos, crónicas y ensayos rápidos que escribió entre 1990 y 1997 tiene cierto parecido de familia no sólo con el impulso digresivo y jovial de esas páginas de Chesterton, sino con ese otro libro que nunca consintió el trance a veces penoso yempobrecedor de la realización. ¿Por qué tose la gente en los conciertos? recoge la serie de manías, inquietudes, ocurrencias y frivolidades que se van acumulando con el paso del tiempo en los bolsillos de la mente, y que ya sea en forma de chácharas o de mínimos tesoros exigen de pronto su fijación en el papel. Allí descubriremos la enormidad de las minucias que unaconciencia errabunda almacena para elesparcimiento de sus exploracionesheteróclitas: una clasificación de los representantes de la cultura nacional basada en la abundancia y forma de sus cejas; disertaciones juguetonas sobre la funciónliberadora o astutamente pérfida de la tos y los aplausos en las salas de conciertos; crónicas acerca del peligro en el que se convierten los literatos al volante. Textos todos ellos concebidos desde esa inteligencia campante que supone el humor, desde el afán nunca forzado de divertirse y divertir también al lector.
     No tiene caso preguntarse el género al que pertenecen las piezas de Helguera.  Pues aun cuando en distintas ocasiones ha proclamado su afición por el ensayo inglés, los merodeos de su prosa tarde o temprano nos desorientan favorablemente hasta rozar las variedades del preludio, la reseña ficticia, o abandonarse con presteza a la tentación del aforismo. Conforme sus frases avanzan el encasillamiento de los géneros gradualmente se desquicia (en el amplio sentido de la palabra) para bien de la curiosidad y de las inquisiciones queésta conlleva y, no menos importante,para el creciente regocijo del lector.
     Como sea, no faltará el lector quejuzgue este libro demasiado superficial. Además de la indefinición y la gracejada bobalicona que Helguera debe sortear con pasos de templanza y de malicia para no precipitarse en la ramplonería, los riesgos que lo acechan son los que acompañan a la ligereza y a la cuidadosa despreocupación: los riesgos de propiciar una lectura volátil. Una lectura en que la sintonía antisolemne y el prurito contra lo grave se confundan con la desatención, y en la que las indagaciones por los pliegues de lobreve puedan crear una sensación deinsustancia. Esto es así debido a que laspreguntas y los asombros que originan algunos de los textos de este libro tienen esa extraña tensión de las preguntas filosóficas perennes enunciadas con sencillez: esa mezcla de inutilidad y de capital importancia que deja perplejos a unos, indiferentes a otros, y a todos con los brazos meditativamente cruzados. Se trata de esa clase de preguntas y anotaciones inoportunas pero necesarias; de esa perspectiva o punto de observación que se antoja tan innecesaria como oportuna, frente a las que el calificativo de superficialidad resulta una simple membrana que únicamente permite traspasar a quienes han aprendido a reírse de sí mismos, a quienes, ante la "sombría fidelidad de las causas perdidas", eligen la respuesta de una mueca acidulada en la que todavía se reconoce una sonrisa.
     "Pequeños temas, o grandes, abordados en pequeño" —escribe Helguera en la nota preliminar. Justo la dimensión exacta para que la economía, la minuciosidad de su lenguaje despida todos los destellos de su sugerencia, y para que los alojemos por tiempo indefinido en nuestros bolsillos sonrientes, mientras nos dejamos contagiar por el refinamiento y la agudeza de su impulso jovial. –

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