Un libro pertinente

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Alberto Fuguet

Missing (una investigación)

Madrid, Alfaguara, 2011, 392 pp.

 

En mayo de 2003, Alberto Fuguet publicó en la revista peruana Etiqueta negra la crónica “Se busca un tío”, en la que contaba la desaparición en 1986 de Carlos Patricio Fuguet, tras una retahíla de problemas, en Chile y en Estados Unidos, con la familia y con la ley, que lo condujeron incluso a prisión. Ese texto no era más que un estadio de una vieja obsesión: la del escritor por esa figura fantasmal, encarnación de la fantasía de desaparecer, que lo ha acompañado toda la vida. Gracias a un detective privado, Alberto Fuguet encontró a su tío, lo entrevistó largamente y se decidió a escribir Missing (una investigación), uno de los libros de no ficción más poderosos de los últimos años. Una novela sumamente pertinente.

En sus páginas más arriesgadas, la transcripción de las palabras de Carlos se funde con la recreación, es decir, con la fabulación mínima, en verso y sin mayúsculas, siguiendo la lógica técnica que imprime el ritmo de la palabra (como hiciera anteriormente Martín Caparrós con ciertos testimonios de El interior). Después de haber conocido a fondo la vida de su pariente y de haberla contextualizado familiar e históricamente, después de haber empatizado con el protagonista de su libro, Fuguet lleva a cabo un tenso ejercicio de ventriloquía y monologa durante casi doscientas páginas para contarnos una de las infinitas versiones del aprendizaje de la soledad. Porque la estigmatización de Carlos en el seno de una familia con violentas tensiones internas, su alejamiento progresivo, su particular concepción de la libertad, su experiencia en el ejército y en la cárcel o sus peculiares relaciones eróticas y sentimentales (la más memorable, con una anciana) deben entenderse como un Bildungsroman a los que nos ha acostumbrado la posmodernidad (digamos: el de las películas de Wim Wenders). El de un ser que en vez de seguir la pauta general y, por tanto, socializar y procrear, se aísla. Su itinerario vital puede leerse como una versión plausible de ese otro sueño americano: el individuo desvinculado de sus parientes, adicto al consumo, habitante de carreteras y moteles que den acceso a paisajes de una desolación mineral, gerente nómada de hoteles remotos, indigente progresivo en una sociedad que no concibe la posibilidad de que el presente no esté asegurado por el futuro (mediante plan de pensiones, seguro médico, ahorros).

La historia podría haber sido narrada como una biografía, pero para ello Fuguet tendría que haber partido de un material estable, predeterminado. Nada más lejos de la voluntad de un libro que se sabe “proyecto”. Obra en marcha. Su condición multigenérica (investigación periodística, crónica de viaje, confesión autobiográfica, relato familiar, entrevista directa, cuaderno de notas, epistolaridad de correo electrónico, testimonio poetizado) y su voluntad de recapitulación (del propio autor) subrayan ese interés por desestabilizar los formatos con que habitualmente se aborda lo real. Con esa intención, lo primero que se vuelve movedizo es el propio yo. De hecho, en algunos fragmentos el narrador se convierte en “él” o sencillamente desaparece. No hay duda de que la obsesión por transformar el fantasma de Carlos en una suerte de secreto hilo conductor de su existencia favorece el examen tanto de la escritura y publicación de libros previos como la exploración defracasos y tentativas fallidas. La vida y sus proyecciones y sus proyectos. El meollo del análisis sobre la vida propia se encuentra en el pasaje en que Fuguet ve en su emigración a los Estados Unidos el momento clave de su propia biografía: “me transformé en escritor”, “porque perdí un país entero” y sobre todo “porque perdí un idioma”.

El lenguaje de Missing es fiel tanto a la poética de su autor como a la ambivalencia de la obra (entre dos países y dos culturas y dos lenguas): “la onda disco”, “algo así”, “era una tranca”, “¿dónde puta estás?”, “un remix”, “enter ghost”, “resident manager”, “shift doble”. Estamos ante coloquialismos y anglicismos bien calculados, que contagian a las páginas la frescura expresiva de lo que no debe leerse como un texto cerrado, monolítico, monumental, sino como una investigación en ciernes, que afecta al mismo tiempo a la realidad y a la forma en que esa realidad es transmitida. La falsa instantaneidad y la crudeza del lenguaje, por supuesto, se relacionan también con la sensación de sinceridad. Fuguet establece un pacto con el lector: te voy a contar los hechos tal como los viví y sentí. Y para que el lector suscriba ese pacto, escribe sobre su propio padre: “cómo fue un egoísta hijo de puta que partió”. Y sobre su propio abuelo: “Se murió el viejo de mierda, le dije. Por fin.” Pero en literatura, que finalmente es una forma codificada, la confesión siempre oculta una intención narrativa: la búsqueda del tío Carlos y el encuentro con él formará parte de una maquinaria vital y emocional que acercará al narrador a su padre y, a través suyo, a la incómoda figura del abuelo. Las palabras se ponen al servicio de esa metamorfosis y de esa catarsis. “Cerré el libro y me puse a llorar”, confiesa el narrador. Como ocurre en la mejor literatura confesional, esas palabras están dosificadas en función de efectos literarios. El libro tiene que comunicar verdad: por eso debe ser a un mismo tiempo duro y tierno, trágico y cómico, crudo y sofisticado, desgarrador y bocanada de aire fresco.

Missing  me parece un libro pertinente porque vuelve a demostrar que es posible narrar buenas historias, absolutamente verdaderas, en artefactos novelescos, y porque da testimonio de cierto estado de una lengua literaria en español que no había existido antes, que solo tiene razón de ser en nuestra época. Una lengua de frontera. La novela tiende a disfrazarse de crónica desde sus fronterizos orígenes (el Quijote y el Lazarillo), pero la posmodernidad ha ido radicalizando ese juego de máscaras: desde Cien años de soledad hasta Blanco nocturno, el artefacto novelesco insiste en su condición inverosímil de crónica histórica o periodística, pero en paralelo encontramos una tradición de obras que se presentan directamente como crónicas verosímiles (si La novela de Perón  y Santa Evita son libros de no ficción, pensemos por ejemplo en la línea que va de Historia universal de la infamia a La literatura nazi en América, si es que son novelas). En el contexto actual, con la ficción literaria vampirizando constantemente las estrategias de la autobiografía, del discurso historicista y de la investigación periodística, Missing  actúa como una pertinente pieza de resistencia, en su condición de novela de no ficción consciente de ser absolutamente literaria. ~

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