Foto: Gina Velázquez / Literatura UNAM

Carrère y la escritura para escapar de la inmediatez

El escritor francés estuvo de visita en la Ciudad de México. En dos eventos públicos, habló sobre la vida y la escritura, el yo y los otros, y las líneas que los unen.
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Emmanuel Carrère tiene 68 años y en su visita a la Ciudad de México no ha dejado de reflexionar sobre la edad y el paso del tiempo. En un encuentro con periodistas y estudiantes del Instituto Francés de América Latina (IFAL) en la Casa de Francia, el escritor de Una novela rusa (2007) y Koljós (2025) dijo que ha llegado a la vejez con tranquilidad y al mismo tiempo con temor por el mundo. “Soy un viejo boomer que tuvo en realidad una vida muy fácil, en cambio tengo hijos e incluso un nieto por los que me pregunto en qué mundo están viviendo. Creo que es desconcertante, aterrador”.

Carrère se refiere a las convulsiones actuales, la crisis de la democracia, el triunfo de los extremismos y el avance de la inteligencia artificial. También al ritmo vertiginoso de internet y las redes sociales y el lugar de la literatura en este escenario: “escribir libros es una manera de escapar un poco de la inmediatez del placer porque, antes que todo, es un trabajo de paciencia y perseverancia. Es a largo plazo y si no, hay que detenerse de inmediato y hacer otra cosa.”.

Carrère tiene una cara triste, llena de surcos. Antes y después de la charla se tomó fotografías con los asistentes y dedicó libros con absoluta calma y naturalidad. Incluso rió sorprendido con algunas preguntas del acotado público que lo sorprendió por el conocimiento de su obra.   

Para hablar de Koljós, la novela publicada en lengua francesa en 2025 y cuya traducción al español lo mantiene de viaje por América Latina, Carrère ha tenido que echar la vista atrás y recordar Una novela rusa, donde revela el origen turbulento de su familia materna. Ambos libros son sagas familiares en las que converge la historia íntima con la gran Historia, en los que aparece de forma preponderante su madre.

Koljós inicia con el funeral de Estado de la historiadora Helène Carrère d’Encausse, muerta a los 94 años en 2023, con quien el escritor mantuvo una relación complicada y de la que heredó, entre otras cosas, el prestigio de los círculos intelectuales y políticos de Europa. Su padre, Louis Carrère, también personaje de Koljós, murió también en 2023. El autor habla sereno de la orfandad: “Koljós no curó nada, pero sin duda apaciguó algo, una especie de conflicto familiar, de secreto de familia, que resolví hace veinte años. Es un libro que expresa una relación con el mundo, una aproximación a la muerte que es menos neurótica que en otros libros que he escrito. Hay una frase de Freud que me parece muy bella y justa. Él dice que el psicoanálisis no se hizo para hacernos felices, se hizo para transformar la infelicidad neurótica en infelicidad común. La infelicidad común es que vamos a morir, nos vamos a enfermar, que nos vamos a separar de quienes amamos, así es la vida y no se puede hacer nada. No hay que huir de la infelicidad común, hay que aceptarla, vivir con ella. La infelicidad neurótica es una infelicidad fabricada por nosotros mismos, lo cual no quiere decir que sea fácil de escapar de ella; pienso que uno de los objetivos del psicoanálisis, pero también del progreso en la vida, es reducir un poco la parte de la infelicidad neurótica y enfrentar la infelicidad común como algo inevitable y frente a la cual poder tener una actitud digna, estoica, humana”.

Quizás el estilo literario que ficcionaliza su propia vida y la de quienes lo rodean, y, por qué no, el rango de rockstar de la literatura contemporánea, han hecho que Carrère sea transparente con respecto a su persona. “Es una cosa que viene de forma natural, no es una provocación, tampoco exhibicionismo, hay gente que me juzga egocéntrico, narcisista. Y seguramente es verdad, pero solamente en parte. Pienso que hay algo que, paradójicamente, revela una cierta humildad, que consiste en decir:‘soy yo mismo quien lo cuenta’. Por otra parte, creo que mostrar debilidad, vulnerabilidad y las fallas, está bien, no solamente para uno mismo, sino también para los demás que dicen: ‘pues claro, a él también le pasa’. La gente se siente menos sola”.

El escritor conoce los riesgos de los procedimientos literarios de la autoficción. “Hay una regla: intentar no dañar ni ofender, no hacer sufrir. Pero debo decir que me ha pasado que apenas al formularla, ya transgredí la regla. Especialmente con Una novela rusa, que hirió a mi madre y a mi compañera de aquella época. Ya está hecho, no lo puedo cambiar, pero me hubiera gustado no hacer cosas de ese tipo. Tuve cuidado con Koljós porque se lo di a leer a mis hermanas y a mi tío, que también son personajes del libro, cuya opinión era la que más me importaba y les dije que tendría en cuenta sus observaciones e inquietudes. Recibieron bien el libro”. 

Hace diez años, Carrère atravesó una depresión que tampoco decidió silenciar. Cuestionado sobre si la literatura contribuye a la salud mental, el autor de Yoga (2020) aseguró que no está seguro de que sea un instrumento terapéutico. “Por el contrario, sé que es mi instrumento de conocimiento, es mi relación con el mundo, si no escribiera, no sabría para nada cómo percibirlo. Si no lo tuviera, pienso que estaría muy encerrado en mí mismo, muy poco abierto a los demás, al mundo”. Su forma de acercarse y asomarse al mundo son los reportajes, donde a menudo ha encontrado material para obras de no ficción como El adversario (2000), la novela por la que lo conoce el gran público. Al francés todavía le entusiasma el trabajo periodístico. Luego de terminar la gira de promoción de Koljós, va a encerrarse en una comisaría en Francia para encontrar algún tipo de material para hacer un reportaje. O no. Sobre la literatura, aún no tiene nada en el horizonte. “Digo que cuando soy periodista, no escribo una columna, tampoco un editorial, no firmo ninguna petición. Simplemente intento entender las situaciones. Creo que mi trabajo también consiste en escuchar a la gente de la que no comparto sus ideas políticas ni tampoco existenciales. No digo que no tenga opiniones, pero en el periodismo estoy para escuchar”.  

Emmanuele Carrère también acudió a la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, donde platicó con Julia Santibáñez sobre Koljós y aspectos generales de su obra literaria. Santibáñez indagó también sobre sus pesquisas para encontrar material literario y proyectos que se han quedado en el tintero. Carrère contó que trabajó alrededor de un año en un libro sobre Alan Turing, proyecto que abandonó por no tener la competencia matemática que requería la historia. “Turing es el precursor de la inteligencia artificial. Él intuyó todo lo que estamos discutiendo. Ahí había un libro extraordinario. Lamento no haberlo hecho, porque entre más pasa el tiempo, más nos envuelve lo que pensó”. La idea de Carrère era retomar a otra figura de pensamiento profético como Philip K. Dick, sobre quien escribió un ensayo biográfico, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (1993). 

De vuelta a su visita a la Casa de Francia, el autor de El reino, que en diciembre cumplirá 69 años, aprovechó para reiterar la curiosidad que lo mantiene activo, contar historias grandes y pequeñas, a veces combinándolas: “Hay una frase de Lenin que cito a menudo y con ironía, y en la que creo absolutamente, que dice hay que trabajar con el material existente, es decir, con las cosas que no son perfectas. Cuando escribimos, cuando trabajamos en una disciplina como esta, el material existente quiere decir las limitantes, las neurosis, las fallas. Doy lo mejor de mí para trabajar con el material existente”. ~


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