De norte a sur: una carta de Xavier Villaurrutia a Salvador Novo

Como una manera de recordar a Xavier Villaurrutia en el mes de su nacimiento, un raro manuscrito en el que resalta el trato casi filial entre ambos escritores y el compendio de anécdotas sobre la vida intelectual de la época.
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Entre los cientos de folios que integran poco más de cinco décadas de correspondencia de Salvador Novo, en el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), de la Fundación Carlos Slim, encontré este raro mecanuscrito de Xavier Villaurrutia. La carta, posiblemente redactada en diciembre de 1933, no aparece en ninguna de las compilaciones ni epistolarios (que yo haya visto) de ambos hombres de letras. Resalta de inmediato el trato amistoso, casi filial, que caracterizaba su amistad (pese a las diferencias personales que para estas fechas se han documentado); las anécdotas sobre escritores e intelectuales de la época (aquí aparecen Enrique Diez-Canedo, Guadalupe Marín, Narciso Bassols); las noticias de la vida oculta de la Ciudad de México (crónica de sucesos notables, chismes, anécdotas de tocador); los sobrenombres femeninos con que solían distinguir al resto de las “chicas de Donceles” (desde la frutada Pomona hasta la memorable Delfina); así como la precaución para “no decir más de la cuenta”, de sugerir más que evidenciar, por parte de Villaurrutia, pudoroso frente a la liviandad de Novo.

Es importante aclarar el contexto de la conversación. Tras la consignación de la revista Examen, en 1932, ampliamente documentada por Guillermo Sheridan en Malas palabras (2011), los implicados, entre ellos Villaurrutia, abandonaron sus trabajos en la Secretaría de Educación Pública, mientras se enfrentaban, si no al proceso legal, al desprestigio encabezado por la “descastada casta” de los periodistas. Novo, entre malos entendidos e intrigas personales, también dejó su trabajo a sazón de secretario personal de Narciso Bassols, para incorporarse a Relaciones Exteriores, bajo la dirección de José Manuel Puig Casauranc. En 1933, partió rumbo a Sudamérica con un grupo de representantes del gobierno de México, para participar en la VII Conferencia Internacional Americana en Buenos Aires. En Continente vacío (1935), Novo relata la experiencia de este viaje por mar, a bordo del Northern Prince, y su paso por ciudades de Estados Unidos, Argentina, Brasil y Uruguay, donde pudo reencontrarse con Pedro Enríquez Ureña, convivir con Federico García Lorca (a quien le encarga los cuatro dibujos que aparecen en la plaquette de Seamen Rhymes), además de trabar relación con escritores del Cono Sur, como Ricardo E. Molinari, que aún debe estudiarse. Por el remitente de esta carta a Nueva York, sabemos que, cumplida la misión, la delegación mexicana estaba por regresar en el Eastern Prince; asimismo, que Novo no dejó de escribir a un “huraño” (que no “hureñizante”) Xavier, quien permanece en la capital mexicana pendiente de su familia, principalmente de su hermano Alfonso (1891-1946), al que no dejaban salir de casa porque padecía una grave afectación mental, según relató en sus memorias doña Argentina Casas Olloqui, viuda de Rodolfo Usigli.1 Villaurrutia hace lo posible por combatir el parcial desempleo así como el aburrimiento (ni a las bohemias en casa de Lupe Marín puede acudir, por su definitiva separación de Jorge Cuesta) con aventuras amorosas de fin de semana y la publicación de sus poemas.

Enseguida, presento la transcripción de la carta. He corregido las erratas y actualizado la ortografía para facilitar la lectura. Integré al texto las enmiendas a lápiz o máquina sin ningún aviso (signos de interrogación, superposiciones, claras fallas de las teclas). Los subrayados cambiaron por cursivas, según la convención. Por lo demás, no encuentro en ella ningún sentido oscurecido por el paso del tiempo ni mayor aclaración historiográfica, salvo en los pocos casos que consideré necesario puntualizar una observación. Que esta sea una forma de recordar a Xavier Villaurrutia en el mes de su nacimiento.

*

[ca. diciembre de 1933]

Querido Salvator:

Recibí tu segunda carta de Montevideo-Buenos Aires y me apresuro a contestarla como me aconsejas a Nueva York. He seguido con atención las alternativas, las intermitencias de tu entusiasmo y de tu mal humor durante este nuevo viaje. De cualquier manera, se trata de una experiencia y como tal, envidiable y envidiada por tu sedentario y huraño Xavier. Que Montevideo es horrible; que Diez-Canedo es simpatiquísimo; que el Río de la Plata es de un metal sucio (¿qué dirán de eso los economistas que te acompañan?); que has tenido más de 40 grados de fiebre (¿y cuándo no?). Todo me sirve para reconstruir, pacientemente, la incesante movilidad del espíritu del viajero a su pesar, que te ha tocado en suerte ser.

Te aseguro que no experimenté ninguna sorpresa con la lectura de la minuciosa, acrisolada y nutrida estadística erótica que me enviaste. Los últimos días de México me acostumbraron a hallar naturalísima tu gula de carne humana. Todavía por la calle, de paso, encuentro algunos de los objetos de ella. Los miro, sonrío, te recuerdo y paso sin hablarles, sin dejarme hablar por ellos o simplemente las más de las veces sin ser reconocido. Pero si la estadística no me dijo nada nuevo, en cambio, el sólo anuncio de la plaquette de que me hablas me llenó de gusto y de curiosidad.2 Espero, impaciente, recibirla el primero, aquí en México. ¿Versos? Supongo que se trata de ese poema marítimo de que me hablas en tu primera carta y del que no haces mención alguna en la segunda.

Pocas cosas puedo contarte de aquí. Apenas que Pomona, doctora titulada por las artes diabólicas, se ha vuelto sombría y pálida, y ha venido a pasar unas vacaciones. Lamenta, sinceramente, no estar contigo. A su lado te he recordado mucho, al tiempo de ponerla al corriente de tus últimos hits y, en consecuencia, de tus últimos gritos.

Apenas si veo a la invisible Delfina semi oculta entre los mausoleos que Vasconcelos y ahora Bassols han erigido en memoria de muertos ilustres, desde Rubén Darío a Gómez Farías, y en una conversación rociada de recuerdos de ultratumba con un joven de grandes y azorados ojos claros en los que, sin duda, y si me fuera posible asomarme, vería retratada una mortal angustia. (He dejado caer el nombre de Candelaria como querías entre nuestras más distinguidas locas de la localidad). A Enrique3 lo veo poco a pesar mío, ocupadísimo siempre, apenas si unos rápidos minutos cuando me llama para regalarme una corbata o para hacerme un pequeño encargo, para preguntarme por alguna nueva estrella o para decirme la más aguzada y post-shaviana frase en contra de alguien. Lupe Marín ha abierto sus salones de par en par. Naturalmente, yo no quepo. Ahora caben en ellos todas las clases sociales: grandeza y servidumbre. Sus posadas son las más famosas del año; menos famosas, sin embargo, de lo que ella quisiera. En tu oficina, tu ausencia está presente en todos los rostros, en todas las conversaciones; en una palabra, es el gran hueco que, como es costumbre, presente o no, te representa y que González Moreno4 no sólo no logra sino que ni siquiera pretende llenar.

Yo vivo unos días acéticos. Los sábados me doy un premio a que me ha hecho acreedor la castidad de una larga semana. Estoy delgado, más aún, y apenas si ahora que ando en busca del peso perdido empiezo a recobrarme. Lo de mi casa fue la caída de mi hermano Alfonso de una escalera, fractura peligrosísima, imagínate, si a esto añades que como está enfermo del cerebro, no es posible lograr la inmovilidad absoluta que se necesita después. No quiero recordar los días que pasamos ni pensar en las complicaciones que pueden sobrevenir.

Carlota y Lola te saludan, les di tus recados. Quieres que te encargue algo de N. Y. Sólo con lo del reloj Ingersoll querría molestarte. Pero, ¿puedes comprarme una chamarra de veras bonita y de veras barata, a condición de que te dé el importe de ella a tu regreso? Si es una lata –como estoy seguro– traer mucho equipaje, no importa, olvídala. Cierro los ojos y ya te veo en San Diego, oficiando. Adiós, pues. Feliz año. Recibe un abrazo y el cariño de

Xavier.


  1. “Un día que Rodolfo acompañó a su casa a Xavier, por las calles de Berlín, vio que en el sótano de su casa había una sección cerrada con reja, candados y cadena. Rodolfo le preguntó a Xavier ¿por qué tienen esa parte de la casa así? Él contestó que tenían encerrado a un pariente que a veces se ponía violento, pero que no deseaban mandarlo al hospital para que no sufriera más”. Argentina Casas Olloqui, Mi vida con Rodolfo Usigli, Editores Mexicanos Unidos, México, 2001, p. 116. ↩︎
  2. Se refiere a Seamen Rhymes (1934), el poema que escribió a bordo del barco que lo llevó a Sudamérica.  La plaquette se editó en Buenos Aires, con dibujos de Federico García Lorca. En carta del 11 de diciembre al poeta español, habla del tema: “Hoy recibí pruebas de mi poema que imprimirá Colombo en Buenos Aires y para el que Molinari te forzó a prometerme un dibujo. ¿Lo harás? Algo así como un marinero o una verga marina, o el mar o lo que se te dé la chingada gana, pero ya en este momento, porque ahí son lentos para trabajar, y entrégaselo a Molinari, a quien le escribo ahora para rogarle que se encargue de vigilar la edición”. James Valender, “Cartas de Salvador Novo a Federico García Lorca”, en Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 548 (febrero de 1996), p. 10. ↩︎
  3. Aunque en la vida de Villaurrutia y Novo existieron varios Enriques (escritores, compañeros de oficina o amantes), pienso que en este caso se refiere a Enrique Gonzáles Rojo. ↩︎
  4. El encargado de Departamento, José González Moreno. ↩︎


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