Fernando Marías, el adiós inesperado de un cronista de Madrid y su dolorida memoria

El escritor deja un valioso legado literario y cinematográfico, marcado por la versatilidad y la búsqueda.
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Se ha ido el escritor bilbaíno Fernando Marías (1958-2022). Moría el sábado en la ciudad que lo fue todo para él, Madrid, un infierno, un paraíso y el teatro de la culpa, de los sueños y la redención. Fernando llegó de Bilbao a la ciudad en 1975 para hacer cine –él mismo confesó en varias ocasiones cuánto le marcó la película Grupo salvaje de Sam Peckinpah, que vio en un cine de barrio con 14 años– y acabó dedicándole las mejores páginas de sus libros, especialmente El mundo se acaba todos los días (Planeta, 2005) y la que ya es su testamento: Arde este libro (Al revés, 2021), que es un retrato de amor, dolor y desmesura, y también una elegía por la mujer con la que vivió muchos años, Verónica, con la que se asomó a los abismos y las cumbres del alcohol, la droga y quizá la culpa. La novela empieza con la frase: “Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro.” Y sin duda le ha llevado a pronunciar esta sentencia en varias entrevistas: “Escribo contra el olvido de los que amo.” En esa nómina, entre otros, junto a Verónica, estaba su padre, el marino grave y misterioso Lorenzo Marías, al que le ha dedicado una novela de evocación, indagación y misterio, La isla del padre (Premio Biblioteca Breve, Seix Barral, 2016), que siguió escribiendo en cierto modo en sus presentaciones: aquel libro, que definió como “la crónica íntima de mi memoria, mi corazón y mi alma”, le permitía seguir indagando en su autobiografía y en la materia de sus recuerdos.

Eso lo hacía en conversaciones, charlas con amigos y, especialmente, en los clubs de lectura a los que le invitaban, como le contó a Juan Bolea en 2019, en una entrevista breve dentro del Festival Aragón Negro. A propósito de Arde este libro, Fernando Marías confesaba en la revista Madrid actual: “Es una mujer con la que he convivido 25 años, pasando por el amor más luminoso a la desdicha, a la desgracia, al abismo más atroz. Uno puede haber pasado de amarla a odiarla, luego de recordarla con cariño, pero jamás le será indiferente y jamás se va, no se ha ido, todavía está.”

La escritora y presentadora Marta Robles definió a Fernando Marías como “un hombre infinito”. Quizá intentase serlo a su modo en la literatura para adultos y para jóvenes, en sus numerosos actos de promoción cultural, como fue esa plataforma de Los Hijos de Mary Shelley y el proyecto múltiple Hnegra, que albergaba libros, recitales poéticos, exposiciones, ilustración y música y, algo que cada vez le interesaba más, las performances. Sin desdeñar, en absoluto, otra aventura que marcaba su audacia: dio el salto a las tablas, solo o con su amiga la escritora Espido Freire.

Su producción narrativa es, como mínimo, amplia y frondosa. Se mueve dentro de la ficción pura, la novela negra, la novela realista y a veces de fogonazos fantásticos, y la autoficción, especialmente de las dos novelas ya citadas: La isla del padre y Arde este libro. Sus libros han sido reconocidos desde muy pronto. Con La luz prodigiosa (1991) logró el premio de novela, Ciudad de Barbastro, y ahí desarrollaba una idea, que a veces se había barajado: que Federico García Lorca se hubiera salvado de la muerte y hubiese vivido una existencia secreta. Esa novela fue adaptada y llevada al cine por Miguel Hermoso. Al año siguiente, en una atmósfera de novela negra, apareció Moriré esta noche, y algún tiempo después otra novela de intriga como La mujer de alas grises (2003), que sucedía a un libro que le llevó a abordar una tragedia europea de niños robados: El niño de los coroneles (2001, Premio Nadal).

Fernando ganaría otros galardones con El mundo se acaba todos los días (Premio Ateneo de Sevilla, 2005), que tenía algo de viaje a la autodestrucción de una pareja, Todo el amor y casi toda la muerte (Premio Primavera de novela 2010), la ya citada La isla del padre (Premio Biblioteca Breve 2015). Para los lectores jóvenes firmó Cielo abajo (Premio Anaya en 2005 y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2006), Zara y el librero de Bagdad (Premio Gran Angular, SM, 2008) y Al otro lado de la brújula (Anaya 2021), novela de viajes y aventuras coescrita con Rosa Masip, una cantante que le acompañaba en el programa transversal de HNegra, que presentó en el Festival Aragón Negro en 2019 en el Museo Pablo Serrano de Zaragoza, entre otros espacios, donde también intervenían la poeta Raquel Lanseros y el guitarrista flamenco Josete Ordóñez. El cine le interesó mucho, especialmente, desde la escritura de guiones. Firmó el de La luz prodigiosa, que rodó Miguel Hermoso, Invasor (2012) de Daniel Calparsoro y Biografía del cadáver de una mujer (2021) de Mabel Lozano.

Fernando Marías, además de un valioso legado literario y cinematográfico, marcado por la versatilidad y la búsqueda, deja muchos amigos. Sostenía que había que crear nuevos moldes para difundir la cultura, y a ello se aplicó en diferentes formatos con audacia, ilusión y la voluntad de integrar a muchos creadores en ello. Era un gran lector, con una espléndida memoria, muy imaginativo, con un afectuoso trato personal, y en cualquier momento podía llamarte para recomendar una novela que le había gustado.


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