Foto: ProtoplasmaKid, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

¿En qué se parecen la revocación y el priismo del siglo pasado?

En torno a la consulta de revocación de mandato hay elementos que recuerdan a los años del régimen priista, cuando el voto servía para refrendar el poder del partido, y para nada más.
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Cuando mi madre era niña, acompañó a mi abuela a votar por primera vez en Guanajuato. Las mujeres se estrenaban como electoras y por ello mi mamá lo recuerda con claridad. Es más, se sabe todavía el apellido del señor que miraba sobre el hombro de los votantes: era el licenciado Meza. Aunque mi abuela era de armas tomar, fue muy intimidatorio, me cuenta mi mamá. Después de eso, mi madre ya no tiene recuerdos de mi abuela en las urnas. No parecía importante.

Y es que mi abuela usó una herramienta recién conquistada en las normas mexicanas, pero nadie puede decir que participó en un ejercicio democrático. Ella sabía que iba a ganar el PRI y que su voto servía para a) nada o b) para apoyar al PRI. Ignoro si mi abuela era tricolor y ayudaba a los suyos, pero tengo clarísimo que su cita en las urnas no formaba parte de la democracia.

Algo parecido sucede con la revocación de mandato en el sistema político mexicano del siglo XXI. Es una herramienta conquistada por los que confían en las sospechosas virtudes de la democracia directa, pero su inauguración no implica que los ciudadanos estén tomando decisiones en libertad.

Lo sé, las cosas han cambiado mucho. Hoy hay un Instituto Nacional Electoral que no depende del presidente (aún), candados por todas partes, pluralidad, libertad de oposición, tribunales, división de poderes. Con agujeros, si quieren, pero el ecosistema es muy distinto al de los años 60 y permite elecciones democráticas.

Sin embargo, me preocupa que haya una recuperación de herramientas electorales de un sistema no democrático, pues encuentro en la votación para revocar al presidente varios elementos similares a los que hacían inútil el voto de las mujeres (y el de todos, para el caso). ¿Cuáles son esos elementos?

Primero: la inexistencia de la incertidumbre. Los mexicanos, de todos los géneros, conocían los resultados de antemano. La elección se hacía para apoyar al status quo, no para cambiarlo, y lo mismo pasa hoy con la revocación. Los mexicanos hoy sabemos con anticipación que el presidente no será revocado, no solo por los candados numéricos del ejercicio, sino porque la alternativa es falsa. El hecho de que la revocación sea impulsada por los morenistas es el equivalente a esas elecciones de antaño para las cuales ningún partido de oposición se postulaba.

Segundo: la amenaza y/o seducción clientelar con el aparato estatal. ¿Hay alguna duda al respecto? Quizá hoy no veamos a un licenciado Meza escudriñar por arriba del hombro de los votantes, pero sí que hay propaganda que amenaza con un cambio de beneficios si escasea el voto para la ratificación. Los funcionarios públicos están en campaña y hay gobernadores afines al presidente organizando mítines y promoviendo el apoyo en redes sociales. ¿Eso es poner el aparato a funcionar o me equivoco?

Tercero: el beneficiario. En décadas anteriores, el beneficiario de la elección era el status quo, con todo y las válvulas de escape que se abrían para tener legisladores de oposición y alcaldes blanquiazules. El objetivo hoy también es reforzar los pilares del lopezobradorismo. Nadie ha puesto en entredicho la legitimidad del presidente, pero no hay duda de que esta se fortalece con la votación. ¿Se acuerdan cuando el PRI presumía el hecho de que en México había elecciones cada seis años? Pues ahora Morena tiene un elemento similar para presumir.

Cuarto: la distribución interna de fuerzas. Por ahí leí al exsenador Alberto Galarza hablando de la revocación como un focus group para Morena. Tiene toda la razón. El efecto inmediato de los resultados de la votación, como antaño, es la calibración interna. El sistema se organiza para medir y detectar lealtades, eficiencia territorial y agujeros negros. Exactamente igual que con las elecciones priistas. Tampoco es que fueran inútiles: eran el manómetro de las corrientes internas, como ahora lo será la revocación.

Quiero creer que mi abuela fue ilusionada la primera vez a votar, pero tras escuchar las memorias de mi madre, constato que pronto entendió para qué servía. En ese momento, le servía al poder. Hoy, el voto revocatorio en México tiene exactamente la misma utilidad.


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