Hacia el “voto por voto” en 2018

Rumbo al 2018, el partido político Morena ha creado la Escuela de Formación Política Carlos Ometochzin.
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Por iniciativa del “partido-movimiento” MORENA se ha creado la “Escuela de Formación Política Carlos Ometochzin” (un cacique de Texcoco que en 1539 se opuso al sojuzgamiento de los españoles y, acusado de idolatría, fue ahorcado). En la elección del nombre habrá que leer –supongo– un encomio de la rebeldía que mira en “la mafia del poder” a los nuevos conquistadores y a Ometochzin como su digno opositor. Deseo, de corazón, que el símil se detenga en ese punto y no haya horca para nadie. 

La escuela en línea tiene como objetivo formar, bajo la dirección del filósofo doctor Enrique Dussel, a lo largo de veinte sesiones semanales, a por lo menos treinta mil jóvenes para actuar en las elecciones de 2018.

Por medio de un video en línea varios ideólogos y líderes de MORENA informan que los alumnos se formarán “para la acción” y se graduarán con la habilidad para “responder coyunturas y generar coyunturas” pues entienden que “MORENA es movimiento, movimiento es juventud y juventud es MORENA”.

En su turno, el escritor Paco Ignacio Taibo desdeña las escuelas de cuadros y encomia a los “militantes formados en la lucha social, en la lucha de clases”. Más que a la escuela “hay que ir a la calle todos los días. Somos un instrumento de la lucha del pueblo”. Considera que “MORENA por equis o zeta se ha estado inhibiendo frente a una serie de luchas; toma posiciones pero no se involucra en la lucha coyuntural” y que “frente al movimiento social, MORENA funciona como una tortuga”. Y no debe ser así, pues vienen mayores luchas, ya que “los cuatro jinetes del apocalipsis del neoliberalismo” están provocando al país en su “lógica de destruir la Constitución del 17”. Y concluye:

El camino hacia 2018 está plagado de contradicciones que en cualquier momento pueden producir explosiones. Las tensiones van a producir explosiones. Y si no tenemos un partido movimientista capaz de sumarse –con decisión, con voluntad, con entrega, con capacidad y con los grandes recursos que ahora tenemos– a estas explosiones para apoyarlas, estamos inhibiéndonos del proceso central.

Por su parte, el frecuente John Ackerman, luego de demostrar que López Obrador ganó en 2006 y en 2012, dice con énfasis decibélico –que emulan mis mayúsculas– en el minuto 45:  

La pregunta no es si vamos a ganar otra vez en 2018. Eso es un hecho. La pregunta es si vamos a ser CAPACES DE DEFENDER ESE TRIUNFO EN LAS CALLES. EL DÍA DE LA ELECCIÓN DE 2018 NO PODEMOS IR SOLAMENTE A VOTAR, TENEMOS QUE IR A VOTAR Y IR (sic) A LAS PLAZAS PUBLICAS A MANIFESTARNOS Y A EXIGIR EL VOTO POR VOTO Y EXIGIR QUE SE RESPETE DE UNA VEZ POR TODAS LA VOLUNTAD POPULAR Y ESTO VA A DEPENDER DE USTEDES.

Luego de analizar científicamente que existe actualmente “una guerra civil, una guerra en contra del pueblo de nuestro querido México”, el científico social explica  

Ya se acabó la política INSTITUCIONAL en el sentido de marchar para pedir reuniones con el presidente, marchar para pedir reuniones con las instituciones realmente existentes, la vieja lógica priista. (Eso no quiere decir que la CNTE que está haciendo un trabajo formidable.) Hay que romper con la idea de que la radicalidad es desconocer y luego negociar. La radicalidad es organizarnos políticamente para TOMAR CONTROL SOBRE LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS DE ESTE PAÍS y ponerlas al servicio del pueblo. Tenemos que conquistar EL PODER INSTITUCIONAL Y PÚBLICO. Eso no es reformista. Eso no es light. ESO ES EL GRAN RETO HISTÓRICO QUE TENEMOS HOY: TOMAR LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS, TRANSFORMARLAS Y PONERLAS AL SERVICIO DEL PUEBLO.

Habrá que suponer que serán López Obrador y su partido-movimiento y sus ideólogos quienes se encargarán, en nombre del pueblo, de tomar las instituciones para entregárselas al pueblo.

Finalmente, el filósofo Dussel explicó cómo funcionará la escuela, que por cierto tendrá como base teórica su libro de 2006 titulado 20 tesis sobre política, que se encuentra en línea y que se declara inspirado (p. 7) por la “primavera política” latinoamericana y los “signos de esperanza” que representan Kirchner, “Lula”, Hugo Chávez, Evo Morales, Fidel Castro y el Sub Marcos.

Es muy interesante su vigésima tesis (p. 151), en la que explica a la perfección en qué consiste tomar el poder, como sucederá en 2018 (y que parecería ir en contra de lo dicho por los ideólogos previos):

[20.11] En primer lugar, el poder no se “toma” –como si fuera una cosa, un objeto a la mano, un paquete bien atado. El poder es una facultad de la comunidad política, del pueblo. El poder que pareciera que se “toma” es solamente el de las mediaciones o instituciones del ejercicio delegado del indicado poder fundamental. Si el ejercicio delegado del poder se efectúa obedencialmente dicho poder como servicio es justo, adecuado, necesario. Si debieran “tomarse” las instituciones ya corrompidas, estructuradas desde el poder fetichizado, dicho ejercicio no podría ser en beneficio de la comunidad, del pueblo. Por lo tanto, no se podría “cambiar al mundo” con dicho ejercicio corrompido, como es obvio […].

[20.12] Cuando un representante honesto de la comunidad política, del pueblo, es delegado para el ejercicio del poder institucional debe, en primer lugar, no cumplir las funciones ya definidas y estructuradas institucionalmente del poder (potestas). Es siempre necesario considerar si las instituciones sirven en verdad para satisfacer las reivindicaciones de la comunidad, del pueblo, de los movimientos sociales. Si no sirven hay que transformarlas. Hugo Chávez cambia la Constitución al comienzo del ejercicio delegado del poder; Evo Morales también. Es decir, al paquete de las instituciones estatales (potestas) hay que desatarlo, cambiarle la estructura global, conservar lo sostenible, eliminar lo injusto, crear lo nuevo. No se “toma” el poder (potestas) en bloque. Se lo reconstituye y se lo ejerce críticamente en vista de la satisfacción material de las necesidades, en cumplimiento de las exigencias normativas de legitimidad democrática, dentro de las posibilidades políticas empíricas. Pero, digámoslo claramente, en definitiva, sin el ejercicio delegado obediencial del poder institucionalmente no se puede cambiar fáctiblemente el mundo. Intentarlo es moralismo, idealismo, apoliticismo abstracto, que, en definitiva se deriva de confusiones prácticas y teóricas. Sin embargo, nos recuerdan (estos cuasi anarquistas) que las instituciones se fetichizan y que hay que transformarlas (como nos indica K. Marx).

¿Tendrán esto en mente los jóvenes de MORENA cuando la noche de la votación, en el 2018, salgan a las calles a exigir voto por voto y a continuar la lucha de clases?

Seguramente.

Y va a ser muy conmovedor escuchar a López Obrador en su discurso de toma de posesión decir que no “toma” posesión, sino que reconstituye el poder para ejercerlo críticamente en vista de la satisfacción material de las necesidades y en cumplimiento de las exigencias normativas de legitimidad democrática y –claro está– dentro de las posibilidades políticas empíricas.

Y declarar que va a ser obediencial, claro…

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