Foto: SalamPix/Abaca via ZUMA Press

Manuel Valls: “Por qué apoyo la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán”

El pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque conjunto contra Irán. El ex primer ministro francés analiza las causas y las consecuencias de una operación que, según él, era necesaria e inevitable.
AÑADIR A FAVORITOS
Please login to bookmark Close

El sábado 28 de febrero Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque contra Irán. La operación conjunta “Furia épica” y “León rugiente” es, sin duda, de gran envergadura: el presidente Trump anunció ese mismo día la eliminación del líder supremo Alí Jameneí. Representa incluso un giro histórico en Oriente Medio por sus posibles o imprevisibles consecuencias.

Yo la deseaba desde hace tiempo, menos que los propios iraníes, que escrutan el cielo desde hace semanas con la esperanza de divisar los aviones de combate que los liberen de un régimen criminal.

Precisar los objetivos de guerra

Ahora es preciso observar el desarrollo de las operaciones y las reacciones de Irán, que ha decidido atacar a los países del Golfo. Los objetivos de guerra se irán aclarando. Nos encontramos ante dos grandes opciones: o bien un cambio de régimen, que parece favorecerse con la eliminación del guía supremo y de varios otros dirigentes; o bien una presión considerable sobre las negociaciones entre iraníes y estadounidenses en torno a la cuestión nuclear y el enriquecimiento de uranio. ¿Eran, por lo demás, sinceras esas negociaciones? ¿Lo que buscaba el régimen de los ayatolás de ganar tiempo? ¿Preparaba más bien Donald Trump para una intervención a una opinión pública reticente?

Sabíamos que los iraníes se negaban a abordar la cuestión crucial de los misiles en el ciclo de negociaciones. Durante el acuerdo JCPOA hace diez años solo se hablaba del riesgo nuclear. Pero la proliferación misilística de Irán, cuyas ojivas pueden alcanzar Israel, se ha convertido en un asunto central.

En paralelo a esas conversaciones, Estados Unidos desplegaba desde hacía semanas una armada considerable en Oriente Medio: 50.000 hombres, dos portaaviones, 200 aviones de combate en el mar y en las bases aéreas de la región. En términos concretos, es raro desplegar un dispositivo semejante para no intervenir.

Ahí estamos.

La caída del régimen debe ser una prioridad estratégica

Seamos claros: si queremos un Oriente Medio estable y un mundo más seguro, la caída del régimen iraní debe ser una prioridad estratégica. Lo sabemos: es difícil, complejo, arriesgado. Escucho la inquietud de las opiniones públicas en un mundo ya de por sí muy brutal. Si el conflicto se prolonga, las consecuencias económicas (cierre de ciertas rutas marítimas, subida del precio del petróleo y del gas…) pueden ser graves. En Europa ya nos enfrentamos a la guerra en Ucrania.

Leo las declaraciones de los responsables europeos y del presidente de la República. Evocan, impotentes, la necesaria “desescalada”, el regreso a un “diálogo de buena fe”. Pero ¿quién puede creerlo de verdad? ¿No hemos aprendido las lecciones de la historia?

No repetir los errores del pasado

En 1979, en nombre de un romanticismo revolucionario siempre engañoso, una parte de la intelligentsia de izquierda creyó ver en Jomeini y en el derrocamiento del sah –abandonado por la administración Carter– la posibilidad de que emergiera en Irán un régimen anticolonialista y antiimperialista. En realidad se estaba instaurando una contrarrevolución teocrática y totalitaria. Se ensalzó la alianza con los islamistas, convencidos de que no eran más que una fuerza transitoria. Grave error. El islam político no era un compañero de viaje, sino el núcleo del proyecto.

La República Islámica, fortalecida también por la pasividad de las potencias occidentales, se construyó metódicamente, eliminando a sus aliados de ayer, aplastando a la izquierda y a los demócratas, tomando el control de las instituciones, cerrando el Estado en torno a la religión y la violencia. En 1989, el mismo año en que el Muro de Berlín se derrumbaba y la historia parecía abrirse a la democracia, Teherán lanzaba la fetua contra Salman Rushdie. Un acto fundacional del islamismo globalizado, que proclamaba que la ley religiosa podía golpear en cualquier lugar, por encima de los Estados y de las libertades. Desde entonces, Irán no ha dejado de perfeccionar ese modelo, combinando visión apocalíptica y antisemitismo, represión interna y proyección ideológica externa, hasta convertirse en uno de los polos centrales del islamismo contemporáneo.

Esa estrategia se ha extendido mediante el recurso sistemático a proxies armados, que han permitido al régimen exportar la violencia y desestabilizar Estados. Irán ha financiado y armado a Hezbolá en el Líbano, a las milicias chiíes iraquíes, a los hutíes en Yemen, a Hamás y a otros grupos palestinos. Hasta el último momento sostuvo al régimen sanguinario de Bachar. Sus redes han estado implicadas en ataques contra occidentales en la región (secuestros, atentados contra objetivos franceses y estadounidenses en el Líbano), pero también mucho más allá. Irán patrocinó una serie de atentados con bomba en París en 1985-86 y el asesinato de opositores iraníes en todo el mundo hasta hoy.

Un pueblo masacrado que implora nuestra solidaridad

Los iraníes pagaron su levantamiento con sangre en enero. Ya entonces esperaban la intervención estadounidense anunciada imprudentemente por Trump. Somos conscientes del nivel de horror de un régimen que masacra a su pueblo, a su juventud, a las mujeres desde hace años. Pero la represión del último mes supera lo imaginable: más de 30.000 muertos en cuarenta y ocho horas. Francotiradores disparaban contra los manifestantes, en decenas de ciudades del país: tiraban a matar. Las milicias del régimen irrumpieron en los hospitales para impedir la atención o rematar a los heridos, atacando incluso a los médicos.

Muchos iraníes piden desde hace semanas una intervención exterior, terrible pero necesaria frente a un pulpo que cuarenta y siete años de poder han moldeado contra toda resistencia interna. Una parte de la diáspora iraní –entre ellos Reza Pahlavi, hijo del sah– asegura que el día después no será el caos de Irak o de Libia para este pueblo de tres mil años de historia, educado, cultivado, que lucha por acceder a la libertad y forma una nación constituida.

El fin de la República Islámica de Irán no supondría solo un cambio de régimen de alcance histórico para el pueblo iraní. Sería también, frente a la violencia y el oscurantismo, un choque saludable, geopolítico e ideológico de gran magnitud para Oriente Medio y el mundo.

El mapa de la región se redibuja

El mapa de la región se redibuja progresivamente. Todo comenzó con los Acuerdos de Abraham concluidos entre Israel y varios Estados árabes, entre ellos Emiratos Árabes Unidos y el Reino de Baréin.

Luego todo cambió tras los atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023 en Israel. Frenado en las negociaciones de normalización con Arabia Saudí y arrastrado de nuevo a la guerra tras las masacres, Israel consideró que su existencia volvía a estar en juego y que Irán era más que nunca la verdadera amenaza. Enfrentado a una guerra en cinco frentes –Gaza, Líbano, Siria, Yemen e Irán– el Estado hebreo obtuvo importantes victorias militares y estratégicas.

El poder de Hezbolá quedó considerablemente degradado. Bachar cayó. La República Islámica de Irán, ya debilitada, lo fue aún más por “la guerra de los 12 días” llevada a cabo por Tsahal y Estados Unidos el pasado junio.

Francia debe estar junto al pueblo iraní

No obstante, el régimen de los ayatolás se ha lanzado a una huida hacia adelante para sobrevivir. Reprime a su propio pueblo, constituye un peligro existencial para Israel, apoya a Putin en su guerra contra Ucrania y nos amenaza. Por eso apoyo la intervención estadounidense e israelí. Me parece necesaria y justa.

La posición diplomática francesa, inclinada a expresar reservas ante cualquier intervención militar exterior en nombre del respeto a un derecho internacional desnaturalizado que protege a los tiranos y condena a las democracias, no es digna. La historia se está escribiendo ante nuestros ojos. Sufro por nuestra retirada. Espero que mi país salga de sus ambigüedades y asuma sus responsabilidades participando en la coalición que devolverá la libertad al pueblo iraní.

Publicado originalmente en La régle du jeu.

Traducción del francés de Daniel Gascón.


    ×

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: