Uno no puede sino aplaudir la iniciativa del presidente del Gobierno, que ha anunciado una herramienta contra la polarización en las redes sociales. La polarización ya se sabe que es algo que preocupa mucho al ejecutivo. La herramienta, en claro homenaje a Amor se escribe sin hache de Enrique Jardiel Poncela, se llamará Hodio.
“Sánchez refuerza las medidas contra el odio y la desinformación en las redes sociales, uno de los asuntos centrales de esta legislatura en la que el presidente trata de poner en marcha la prohibición de acceso a los menores de 16 años, en línea con lo que ha hecho Australia”, leemos. Es una agradable sorpresa descubrir que este era uno de los asuntos centrales de esta legislatura sin presupuestos y que seguimos el ejemplo de Australia, porque todo es idéntico en las antípodas.
El objetivo es medir de forma sistemática los discursos de odio en las plataformas digitales. Para ello es importante tener una unidad, y conviene buscarle un nombre vistoso, como óscar o puente, lo que sea más fácil de abreviar. La cuenta de X, antes Twitter, de Moncloa (que está preocupada porque X, antes Twitter, esparce hodio, antes odio), explica que la herramienta, desarrollada por el ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, genera “un ranking público y transparente” que compara el nivel de exposición al odio. Para ello, “combina recogida automatizada de contenido, modelos de inteligencia artificial y revisión humana experta. Los mensajes detectados como potencialmente polarizantes u ofensivos se revisan para garantizar un análisis riguroso y fiable”, explica la web de la Moncloa, y si lo dicen ellos ya me quedo más tranquilo.
Es más: “La clasificación se basa en criterios académicos, estándares internacionales y la combinación de herramientas automatizadas con revisión experta”: espero que haya al menos un comité de expertos. La cuenta de X de Moncloa retuitea al ministerio del Interior: “En una democracia no caben: estereotipos, prejuicios, intolerancia”, y animan a “denunciar los delitos de odio”. Quizá conviene desmantelar la UCO y crear una unidad que monitorice los chistes de mal gusto.
Más vale prevenir: cualquier día le dan una paliza a un periodista en Pamplona. De todas formas, el objetivo final no debe ser vigilar las malas palabras, sino erradicar los malos pensamientos. Si hay un país que puede hacerlo es España.
Mientras tanto el abogado José María de Pablo escribe: “Hoy batiré mi récord de dilaciones indebidas. Empezamos juicio por homicidio imprudente ocurrido en 2006”.