Rompamos el pacto patriarcal

Desde que Félix Salgado Macedonio anunció su aspiración de contender por la gubernatura de Guerrero, las feministas le han exigido al presidente que rompa con un pacto que hace que las mujeres que denuncian sean ignoradas, y sus agresores protegidos. Han recibido como respuesta desinterés y descalificaciones.
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“Ahora con la simulación sobre el feminismo empiezo a escuchar ‘¡rompe el pacto, rompe el pacto!’, les digo, sinceramente y no miento, me enteré de lo que era eso hace cinco días”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador en la “mañanera” del 25 de febrero de 2021. No sorprende que un presidente que desde el inicio de su mandato se ha caracterizado por ignorar las demandas feministas y los reclamos de las víctimas de la violencia de género no sepa qué es el pacto patriarcal. Es más, a juzgar por la brevísima definición que dio en la misma conferencia de prensa, es claro que tampoco le interesa saberlo ni entender de dónde viene la exigencia de romperlo.

Desde que Félix Salgado Macedonio anunció su aspiración de contender por la gubernatura del estado de Guerrero, surgieron fuertes objeciones y cuestionamientos sobre la idoneidad de su perfil y el mensaje político que su candidatura enviaría a los millones de mujeres que han sido víctimas de algún tipo de violencia de género. No es para menos: el político tiene dos denuncias formales por violencia sexual y otras tres acusaciones públicas de presuntas agresiones del tipo. Activistas feministas y mujeres indignadas dentro y fuera de Morena le exigieron al partido retirar la candidatura del también ex alcalde de Acapulco e investigar las acusaciones en su contra.

Sin embargo, pese a la pluralidad de las demandantes, el presidente de la República descalificó las acusaciones y dijo que eran ataques orquestados en su contra con la intención de afectar su proyecto político en la contienda electoral. Ante esto, las feministas se movilizaron en distintos espacios, principalmente redes sociales, y le exigieron al presidente romper el pacto patriarcal. Su respuesta fue un burlón “ya chole”.

Entendemos la complejidad conceptual de términos como “pacto patriarcal” y el amplio desconocimiento que prevalece sobre su significado, pero la reacción del presidente no puede ni debe disculparse. Por el contrario, hace falta señalar, por ofensiva, su evidente falta de interés, y reprobar su alevosa descalificación del movimiento feminista por los perversos efectos que ejerce sobre la percepción pública y las acciones gubernamentales. Después de todo, las posturas del presidente no son las de un ciudadano común. Lejos de eso, controlan la conversación pública, tienen un impacto en la opinión de ciudadanos y autoridades y afectan el tipo de soluciones que se ofrecen al problema de origen. Por eso, ni la complejidad del concepto, ni el fraseo de la exigencia –que tildó de slogan importado– anulan el hecho de que en nuestro país la violencia contra las mujeres existe y las respuestas estatales para erradicarla han sido inadecuadas.

Definiendo el pacto patriarcal

Para entender qué es el pacto patriarcal, es necesario establecer que el patriarcado es un sistema político, económico y cultural basado en la dominación masculina y en la opresión de las mujeres.

((Marcela Lagarde, Género y feminismo: Desarrollo humano y democracia, Cuadernos Inacabados No. 25., España, 1997, p. 51.
))

Marcela Lagarde explica que “el orden político de dominación patriarcal construye genéricamente a los hombres como seres completos, limitados

((Según Lagarde, los hombres son limitados a ser para sí en el mundo. Son seres cuyo deber es actuar, accionar, hacer en el mundo, transformarlo y solo existir de esa manera. En cambio, la mujer es un ser de otros. “La autoidentidad femenina tiene una marca común construida en el cuerpo que sintetiza que los haceres, el sentido y el fin de la existencia no se encuentran contenidos en cada mujer, sino en los otros”. Ibíd, p. 60-62.
))

, superiores a las mujeres; como seres que concretan el bien, la razón y la verdad, conductores de sí mismos, de las mujeres y del mundo. Y construye a las mujeres como seres marcadas por la incompletud, la ilimitación y la inferioridad, subordinadas y dependientes de los hombres, conducidas por ellos, aseguradas en sus quienes

((“Sus quienes” se refiere a sus otros. Las personas que dan sentido a la vida de las mujeres.
))

dan sentido a sus vidas y como habitantes tutoreadas en un mundo que ya tiene dueño. […] Los hombres como género tienen asegurado el dominio en el mundo y las mujeres como género tienen asegurado el cautiverio”.

((Ibíd., p. 55.
))

En este sentido, el patriarcado necesita de ciertas estructuras y herramientas, tanto para mantener los privilegios que otorga a los varones, como para mantener la opresión de las mujeres. Es aquí donde entra el pacto patriarcal, un acuerdo implícito entre hombres para proteger los privilegios que el patriarcado les otorga. Es una alianza de reconocimiento mutuo en sus méritos patriarcales para ocupar espacios, ejercer poderes y formar parte de sus instituciones.

((Ibíd, p. 78.
))

Pero sobre todo, el pacto político patriarcal fundante es el de la supremacía sobre las mujeres.

((Celia Amorós, “La violencia contra las mujeres y los pactos patriarcales”, en Maqueira V. y C. Sánchez, Violencia y sociedad patriarcal, Editorial Pablo Iglesias, Madrid, 1990, p. 39-54.
))

El pacto patriarcal no es, como lo dijo Andrés Manuel López Obrador, “apoyar a los hombres”. Pero sí es apoyar, proteger, impulsar y ejercer actos de poder para violentar y someter a las mujeres. Vemos al pacto patriarcal en acción cuando se aplauden comportamientos sexuales de varones a temprana edad, pero se castiga a las mujeres por expresar su sexualidad; cuando justificamos a los hombres por expresar su ira de forma violenta, pero esperamos de las mujeres sumisión; cuando se permite que los hombres ocupen puestos de poder, a pesar de haber cometido un delito sexual.

La exigencia “Presidente #RompaElPacto”

En el caso de Salgado Macedonio, la exigencia de los grupos feministas siempre ha sido muy clara. Desde el principio se pidió que se rompa el pacto patriarcal, materializado en la impunidad garantizada desde las leyes que protegen al gobernador de un estado. Se pidió que, ante acusaciones tan serias, se evalúe no solo la idoneidad del personaje como candidato de Morena, sino que se investiguen diligentemente los hechos por los que se le acusa. Se exigió que desde las estructuras de poder se rechace la violencia de género y se envíe el mensaje de que, sin importar qué tan poderoso sea el violentador, sus actos siempre tendrán consecuencias.

No es por exasperar al señor presidente, pero, en el caso de Salgado, como en el de tantos otros agresores, el reclamo de romper el pacto patriarcal no es más que la exigencia de que cumpla con sus obligaciones constitucionales y convencionales de prevenir y erradicar la violencia de género, y garantizar el acceso a la justicia de las víctimas. No es un ataque a su persona ni un ardid electoral, es una demanda a actuar como lo que es: el titular del Poder Ejecutivo Federal y el líder moral del partido que tiene mayor representatividad en el país. Por eso resulta tan preocupante que proteja a una persona que tiene acusaciones graves de abuso sexual y avale que sea premiado con la candidatura a la gubernatura del estado de Guerrero. Porque al hacerlo, incumple con sus obligaciones legales y abre la posibilidad de que un presunto agresor acceda a la protección del fuero durante los años que dure su mandato.

En un segundo nivel, que el presidente no rompa el pacto y se abstenga de actuar conforme a su posición de poder y las herramientas legales e institucionales a su alcance, implica que sus dichos y acciones no solo no contribuirán a resolver el problema de fondo, sino que estigmatizarán a aquellas mujeres que se atrevan a organizarse y protestar. Hacer pasar al movimiento feminista por una manipulación de otros hombres refuerza el estereotipo patriarcal de que las mujeres no tienen agencia ni poder propio y no pertenecen al espacio público, de la misma manera que calificar de violentas a las protestas feministas las estigmatiza y autoriza su represión.

Aunque este proceso de estigmatización trasciende por mucho a la figura presidencial y se refleja en el actuar de otras autoridades a nivel federal, estatal y municipal, reconocer que existe es necesario para romper el pacto. De hecho, aunque el pacto no es nuevo ni exclusivo de esta administración, la ausencia de acciones y compromisos por erradicar los procesos de estigmatización que forman parte de él ha provocado que el Estado mexicano permanezca en mora para “cumplir con su obligación de erradicar los estereotipos de género que afectan negativamente a las mujeres”

((Comité CEDAW, Observación General 25, Artículo 4, parágrafo 1, de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, párr. 7 en Amnistía Internacional (2021): La era de las mujeres: estigma y violencia contra mujeres que protestan. Disponible aquí. Fecha de acceso: Marzo 3, 2021.
))

, según lo documenta el último informe de Amnistía Internacional titulado La era de las mujeres, donde se recogen las observaciones que el propio Comité de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer ha hecho a nuestro país.

El drama de las mujeres

Ahora bien, más allá del posicionamiento del presidente sobre el caso particular de Salgado Macedonio, la importancia de romper el pacto radica en que hacerlo permitiría admitir la existencia del problema de violencia contra las mujeres, entender su dimensión y las consecuencias de su victimización, y generar propuestas de solución para atenderlo, modificando también el funcionamiento machista de las instituciones gubernamentales, especialmente de aquellas de seguridad y justicia.

¿A qué nos referimos con esto? A la urgente necesidad de resolver, por ejemplo, las deficiencias que volvieron lento y torpe el proceso de investigación contra Salgado Macedonio e impidieron la impartición de justicia para una de las mujeres que lo denunció en 2016 y no vio prosperar una orden de aprehensión contra su abusador sino hasta 2018. A corregir ese malfuncionamiento institucional que impidió que se realizara la detención y pausó por dos años la investigación, dejando expuestas a todas las mujeres que buscan acceso a la justicia. A la imperiosa necesidad de acercar la justicia a las mujeres sin que en el proceso sean revictimizadas, ignoradas o humilladas.

Porque no son casos aislados. Según cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, tan solo en el mes de enero de 2021 los delitos contra la libertad y la seguridad sexual en Guerrero aumentaron 6.4% en comparación con el mismo mes de 2020. Dichos delitos, además, ya habían aumentado 12.8% durante el 2020, para acumular un total de 760 investigaciones abiertas por todo tipo de agresiones, desde acoso hasta violación. También en enero de 2021 la violencia familiar y de género denunciada en el estado registró un aumento de 8.3% con respecto al mismo mes del año anterior, provocando que se abrieran 9 investigaciones diarias por este delito. Como en el caso de los delitos sexuales, la violencia familiar y de género ya había registrado un aumento del 3.5% entre enero y diciembre de 2020, cerrando con un escandaloso total de 3,317 investigaciones abiertas.

((Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2021): Datos abiertos de incidencia delictiva. [En línea] Disponible aquí.Fecha de acceso: Marzo 3, 2021.
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A nivel municipal, Acapulco de Juárez, municipio que Salgado Macedonio gobernó entre 2005 y 2008, concentró por sí solo el 49% del total de investigaciones iniciadas en la entidad por el delito de violencia familiar y de género (141 de 287) durante enero de 2021, mientras que Chilpancingo de Bravo resultó el municipio donde se concentra el mayor riesgo de victimización por este delito, con un promedio de 19 investigaciones iniciadas por cada 100 mil habitantes (contra 8 por cada 100,000 para el resto de la entidad).

((Idem.
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Aunque la violencia contra las mujeres no es exclusiva de Guerrero, llama poderosamente la atención que en la discusión pública sobre la ruptura del pacto patriarcal y la candidatura de Félix Salgado Macedonio lo único que no se analiza es el fenómeno de violencias que viven las mujeres y que hemos descrito antes en estas páginas. No podemos olvidarnos de la indolencia con la que las autoridades, no solo de esta admnistración, sino históricamente, han tratado los casos de feminicidio, abuso, acoso, violación o violencia doméstica. México Evalúa reporta que solo 5% de las violaciones sexuales se resuelven y que “tan sólo entre julio y diciembre de 2019, el 99.7% de los casos de violencia sexual que sufrieron las mujeres mayores de 18 años no fueron denunciados. Los delitos sexuales que sufren las mujeres rara vez llegan al Ministerio Público, y aunque se denuncien, no necesariamente se inicia una carpeta de investigación.”

((México Evalúa, Impunidad Rampante: 99% de las violaciones no se atienden, 21 de enero de 2020. Consulta aquí.
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Mientras esto se mantenga así, persistirán los problemas de fondo y los relacionados al uso político de las instituciones. En este contexto, romper el pacto significa garantizar el acceso a la justicia de las víctimas sin importar la posición política del acusado, el ciclo electoral o la unidad partidista. Que las mujeres irrumpamos en la agenda pública demandando la igualdad que en teoría nos otorga la ley no es un acto proselitista. Es un recordatorio de que todas las víctimas merecen justicia.

Después de décadas de lucha, el movimiento feminista en México ha logrado visibilizar la alarmante situación de violencia que viven las mujeres en nuestro país. La respuesta de los gobiernos pasados y actuales ha sido insuficiente o inexistente. El pacto patriarcal se traduce en un funcionamiento machista de las instituciones de justicia, que ignora y revictimiza a las mujeres que denuncian y, también, protege a los agresores. Para poder erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres, como lo ordenan la Constitución y tratados internacionales, es necesario romper con las estructuras patriarcales que oprimen a las mujeres y protegen a los hombres que ejercen sus privilegios para violentarlas.

Afortunadamente, hoy son más las mujeres que levantan la voz y luchan por la defensa y respeto de sus derechos. El movimiento feminista no puede ser un movimiento cómodo para las estructuras de poder, sin importar quién se siente en la silla presidencial o quién tenga la mayoría en el Congreso. Cuando, desde sus estructuras de opresión, el Estado se limita a contemplar el panorama y no brinda los mecanismos e instrumentos eficientes de protección, está reforzando esas mismas estructuras, y la desigualdad que perpetúan.

Por eso, presidente, #RompaElPacto.