Ilustración: Letras Libres. Fotos: Presidencia de la República / Wotancito, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Sheinbaum, las desapariciones y la miopía burocrática 

Entre el desdén con que las fiscalías reciben las denuncias de desapariciones y el rechazo de la presidenta al informe del Comité contra la Desaparición Forzada de Personas de la ONU hay una frase en común: “no nos toca”.
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Es común que las fiscalías estatales pongan filtros burocráticos antes de investigar una desaparición en México. Lo hacen, además, de la peor manera: desestimando la información que traen los familiares. Es común que respondan: “No señora, no señor, no hay pruebas, eso no es desaparición, no nos toca”.  

Así una y otra vez, a pesar de que la norma cambió y deben actuar de inmediato. Siguen poniendo muros. Lo hacen cuando se reporta un familiar perdido pero también cuando se tienen pistas y también cuando se encuentran restos. Esa respuesta burocrática y criminal (u omisa y cómplice) puede leerse en cientos de reportajes y trabajos académicos que dan seguimiento a esta crisis en curso. Es tal la cantidad de obstáculos que encuentran los familiares que muchos de ellos optan por buscar respuestas entre los criminales. El Estado, en el mejor de los casos, responde con menos de 70 forenses para identificar a los 15 mil 890 cadáveres que esperan nombre en las fiscalías del país. Es decir, no responde. No poner recursos es no responder. 

Ahora la presidenta viene a decir a los criminales, a las víctimas y a los mexicanos lo mismo: eso que trae el informe del Comité contra la Desaparición Forzada de Personas de la ONU no son desapariciones. Es otra cosa. No le toca porque tiene una definición distinta. Las desapariciones en México no son desapariciones forzadas como las de las dictaduras y por lo tanto el Comité no tiene ningún motivo para pedir a la Asamblea General de la ONU que ayude al Estado mexicano. 

Conviene empezar por lo básico. El Comité reúne información (oficial, académica y de organismos civiles), analiza patrones y advierte cuando existen indicios suficientes de una práctica grave. El término exacto es: “indicios bien fundados”. No investiga y no concluye. Advierte que hay indicios suficientes para activar un mecanismos de asistencia a un Estado que enfrenta problemas: privación de la libertad sistemática, generalizada, cometida por agentes del Estado o con su autorización o conocimiento, seguida de la negativa a informar sobre el paradero de la víctima. 

El Comité encontró eso tras la recopilación de la información y dos años de interacción con las respuestas del gobierno federal mexicano. Ya iban, ya venían oficios sobre leyes, nuevas instituciones, un registro nacional, etcétera.  Pero el hecho sigue ahí: hay una crisis en curso con 132 mil desaparecidos; el fenómeno es generalizado, hay complicidad e impunidad. ¿Y qué hace con eso el comité? Somete su preocupación a los 193 miembros de la ONU para que decidan si mandan apoyo técnico, recursos para la búsqueda, capacidades forenses y protección a víctimas, entre otras cosas. 

Es eso y no otra cosa lo que Claudia Sheinbaum, como burócrata de fiscalía, decide rechazar. La presidenta deja clara su negativa a recibir información, pistas o ayuda ante una crisis en curso. ¿Por qué lo hace? O mejor dicho, ¿cómo lo argumenta? Porque su definición de desaparecidos es otra, una que no se parece a la desaparición forzada de los gobiernos represores de los 70. No importa si es sistemática, generalizada y afecta a la población civil. Lo que importa es que no es igual a las de la dictadura argentina y por lo tanto, vayan con su informe (y su oferta de ayuda) a otro lado. Sheinbaum cuestiona el concepto y desestima el informe por considerarlo impreciso e incompleto. 

Bueno, digamos que alguien encuentra el argumento jurídicamente defendible en algunos de sus puntos. Igual que en las fiscalías: la miopía puede ser administrativamente lógica, pero es criminal. Como las fiscalías, la Presidencia evade lo esencial: el Comité no necesita probar una responsabilidad penal individual, le basta con determinar si existen indicios bien fundados sobre un patrón suficientemente grave. Y solo para que la ONU vote si apoya o no en tal crisis. 

Ahí está el punto, pero la presidenta prefiere decir que las desapariciones que hay no son de las que le tocan al gobierno mexicano. Son de otras. Sheinbaum es, con su respuesta, la reina de la miopía burocrática que cada día insulta a las víctimas de este país. ~


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