Comer es popular en internet. Amplios recetarios, videos que en 1 minuto o en 15 enseñan a preparar huevos revueltos o langosta Thermidor. Todo tipo de métodos para comer menos o comer de cierta manera –subsistir, por ejemplo, a base de alimentos que empiezan con la letra a (anchoas, arúgula y amaranto)–. Cuentas de Instagram con fotos bonitas de platillos. Listas de los mejores restaurantes del mundo. Reseñas escritas (cada vez menos) o videos acerca de esos mejores restaurantes del mundo. O de cualquier restaurante: un teléfono celular, poca timidez y comentarios genéricos sobre un platillo –“pica”, “se nota la grasa”, “está muy bien servido”, “no vale lo que pagué”– bastan para que alguien se sienta con el derecho de exigir comida gratis a cambio de visibilidad. La fama está así al alcance del puesto de tacos anodino y de alguien que tiene un nombre de cuatro letras: Lalo, Robe, Deby, Dash.
Estos videos, textos, podcasts oscilan entre la gastronomía y la nutrición, entre la necesidad y el deleite, entre la distinción y el tema de conversación. Con todos sus en gustos se rompen géneros, la tónica general es ver a la comida con benevolencia o franco deseo.
Pero internet, sabemos, contiene infinitas iteraciones.
Es así como me puso, hace un par de semanas, frente a un video titulado “Reddit dijo que ni siquiera yo podía con este reto de desayuno”, hecho por Adam Moran, un nativo de Leeds, Inglaterra. Al inicio del video, Adam está parado a la entrada de un restaurante en lo que se nos dice es Stoke, Reino Unido. Explica que una persona en Reddit dijo que él, Adam Moran, sería incapaz de conquistar el reto del desayuno del Westport Lake View Cafe, que es el nombre del establecimiento.
Moran entra por un largo pasillo. El café está en una suerte de centro comunitario, con paredes blancas y puertas azul brillante. En una pared pintada de negro alguien ha escrito con gis: 6 rebanadas de tocino, 6 salchichas, 6 huevos estrellados, 6 rebanadas de black pudding (esencialmente, morcilla), 2 cucharones grandes de champiñones, un platón de frijoles dulces, un platón de tomates de lata, un platón de tater tots (croquetas de papa rallada), 6 rebanadas de pan y 6 crepas de avena. Quien se coma todo esto, sin dejar nada, en 30 minutos, se lleva el desayuno gratis, una playera y el honor de ver su nombre escrito en la misma pared negra.
Moran, puede decirse, es un profesional de la comida. El nombre de su canal, Beard meets Food, deja claro qué lo motiva. Él y su barba negra, espesa y bien cuidada, contra los platillos que se cruzan en el camino. No platillos cualquiera. Moran es un cazarrecompensas del exceso y busca desafíos para gente como él:
- Una porción de 2.5 kilos de fish and chips, con chícharos, salsa tártara, salsa de curry y pan con mantequilla. Si se come en una sola sentada, sin pausas para ir al baño, será gratis. West Witton, Inglaterra.
- Una hamburguesa de 3 kilos con queso amarillo y papas en media hora por 500 euros. Reggio Emilia, Italia.
- Un tortilla de 40 huevos con tocina ahumado y arándanos. En 1 hora y será gratis. Ystad, Suecia.
- Una pizza de 71 centímetros en menos de 25 minutos. El reto está originalmente destinado a equipos de 2. Si gana es gratis. St. George, Utah, E.U.
Ha salido airoso de todos ellos.
Adam Moran tiene 40 años. Empezó a hacer retos de comida por diversión en 2014, y en 2015 empezó a subirlos a YouTube. En 2018 dejó su trabajo en un banco para dedicarse de lleno a su canal. Hoy, Beard meets Food tiene 6.2 millones de suscriptores y sus videos tienen millones de vistas. Las recompensas que ofrecen los restaurantes, más bien simbólicas, no son lo que lo motiva. Moran es un comedor competitivo, participa en competencias y gana dinero por ello. Major League Eating, empresa estadounidense que se dedica a darle una pátina de profesionalismo deportivo a esas competencias, lo considera el mejor comedor profesional de Europa.
En el reto del Westport Lake View Cafe, vemos a Moran en acción. Es claro que no estamos frente a alguien que es solo presa de un apetito mayor del común. Toma los huevos con las manos y los dobla por la mitad, se los empuja en la boca y los traga sin apenas masticarlos. Las salchichas ameritan un poco más de masticación, dos o tres movimientos de mandíbula precisos y calculados. Se come luego el tocino junto con el pan; dos o tres mordidas por sandwich. No han transcurrido ni diez minutos. Empieza a comer los frijoles. Hay momentos angustiosos cuando tiene que comerse los champiñones, que no son de su agrado. Pero Moran termina de comerse ese desayuno que podría haber alimentado a 4 o 5 personas en 23 minutos.
Los comedores competitivos siguen un entrenamiento riguroso. Beben cantidades cada vez más grandes de agua para aumentar el tamaño de su estómago. Hacen ejercicios de masticación y entrenan los músculos que participan en la deglución para poder tragar porciones grandes y poco masticadas, evitando el reflejo nauseoso. Tal vez una mejor traducción que “comedor competitivo” sería “devorador” “deglutidor”, “masticador”. Su labor no está exenta de riesgos. Uno es, por supuesto, la obesidad, razón por lo cual suelen ejercitarse mucho. Hay peligros inmediatos, como la asfixia por atrangantamiento. Otros son más lentos y permanentes: Takeru Kobayasahi, quien en 2001 estableció un record mundial al comerse 50 hot dogs en 12 minutos, se retiró en 2024, a los 46 años. Explicó que, luego de haber tragado más de 10,000 hot dogs, había dejado de disfrutar la comida y no podía percibir el hambre o la saciedad.
En sus videos, Moran habla poco del sabor de la comida que come. A veces le gusta, a veces le pica, a veces le desagrada. Es más probable que comente sobre la textura, la dureza y otras cualidades facilitan o no la deglución. En su desayuno en Stoke, ofrece un comentario táctico: “creo que empecé demasiado pronto con los frijoles. Su dulzor a veces ayuda, pero esta vez debí empezar con los tomates”. En otro video explica que los bordes de las pizzas son difíciles de comer y aconseja remojarlos en agua.
Supongo que el grueso de quienes ven los videos de Moran y sus colegas no buscan recomendaciones de dónde comer, ni recetas ni, ciertamente, consejos nutricionales. Lo que Moran hace es a la gastronomía lo que un doble maratón es a un paseo en el parque. Moran no se entrega a los placeres de la comida –no a los más obvios, al menos–. Tampoco creo que, aun con un nombre de cuatro letras, Adam esté solamente en busca de fama. Un plato de 4 kilos de rigatoni a la carbonara es para él una montaña que escalar, una pista que correr, una pesa que levantar, un contrincante a vencer. La fascinación está en verlo romper los límites de la capacidad humana. El citius, altius, fortius en la mesa. ~