Confusión

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Estimados señores:
Me ha resultado interesante constatar, gracias al tema de portada seleccionado  para el primer número del año, la permanencia de confusiones elementales en la discusión sobre las bondades y las penurias generadas por el funcionamiento de los sistemas de mercado. Sin querer  hacer ninguna apología de éstos, formulo algunas observaciones importantes para desideologizar el debate.
     En primer lugar, hay que decir que la mayoría de los entusiastas de la lapidación del mercado confunden a éste con un esquema teórico y particular de funcionamiento del mismo denominado competencia perfecta, muy útil para entender la lógica económica, pero que no se da en la vida real. Lo que sí observamos es de hecho un complejo sistema de diferentes tipos de mercados que coexisten y actúan entre sí, y cuyo desarrollo ha sido consustancial al proceso civilizatorio de la humanidad. Dicho de otra manera, los mecanismos de mercado han sido históricamente —más allá del debate ideológico— vehículos fundamentales de contagio y enriquecimiento cultural y económico de pueblos y naciones.
     En segundo lugar, la economía neoclásica ha desarrollado el cuerpo teórico y las herramientas analíticas suficientes para explicar y aclarar las interpretaciones que Gabriel Zaid y compañía hacen, más desde un punto de vista sociológico y no desde la teoría económica, sobre diversos efectos aparentemente desproporcionados o desafiantes del mercado sobre la cultura. En este contexto, hay que recordar que el mercado, en su expresión más elemental, es un mecanismo de transmisión de las necesidades, reales o inducidas, justificables para todos o no, de los diferentes sectores que conforman una sociedad.
     En cuanto a las relaciones entre el mercado y la cultura, la bibliografía y hemerografía especializadas tienen hoy en día mucho que decir. Los congresos internacionales sobre economía de la cultura se organizan desde hace varios años, y el Journal of Economic Literature cuenta ya con una clasificación específica, permanentemente enriquecida, denominada "Cultural Economics". –

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