Cuento proletario / II

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—¡Pues la hamburguesa MacDo me pareció dégueu-lasse!
     — Claro que es horrible: es comida de proletarios pobres y vulgares. Pero más dégueulasse es que los izquierdistas como tú odien al McDonald’s por ser yanqui, en vez de respetarlo por ser proletario.
     — ¡No estuvimos sentados ni veinte minutos!
     — Hay otros camaradas esperando su ración. Además, tenemos cosas que hacer. Mientras la izquierda burguesa hace sobremesas, los proletarios liberamos países para la nueva Internacional.
     — ¡Y sin vino!
     — Nosotros tenemos cinco papilas gustativas. Están adiestradas para reconocer coca-cola, papas, carne, pan y ese triunfo supremo de nuestro discurso culinario: la salsa de tomate ketchup.
     — De la merde synthétique!
     — ¿Qué tienes contra lo sintético? ¿Otro prejuicio izquierdista? ¡Dadme plásticos, llenadme de styrofoams, colmadme de nylons! ¡Ya no el triunfo del proletario sobre la naturaleza, sino su suplantación! Deberías releer a Hegel. Su desdén a la naturaleza y la apología del artificio y la técnica que el proletariado internacional de hoy lleva al extremo.
     — Ya. Ça suffit, d’accord. Y ahora… ¿vamos al cine? Hay una película nueva de Zbigniew Kryzkhwlyzky, Angoisses de minuit que…
     — Prefiero la tele. Y en media hora comienza mi programa preferido: Alerte à Malibu.
     — Non! Pas ça! Alerte à Malibu!
     — ¿Cómo puedes despreciar así el programa más visto de la historia en todo el mundo? Billones de proletarios no podemos equivocarnos. Al día siguiente de que liberamos Bagdad, las antenas parabólicas se vendían como pan caliente para ver Baywatch, antes prohibido por Saddam y los imames. Los zapatistas en Chiapas ven Guardianes de la bahía. El filósofo alemán ve Die Rettungsschwimmer von Malibu. El pescador andaluz no se pierde Vigilantes de la playa. Y el pastor de Zambia, y el metalúrgico de Milán y…
     — ¡Enajenación y cursilería!
     — Ejemplo de solidaridad proletaria. Si un camarada come demasiadas MacDo y se mete al mar, puede hacerlo en la confianza de que en caso de sobrevenir el calambre será sacado del agua por los servicios del Estado con su moderno equipo y después será tenazmente revivido por una brigadista popular de tetas formidables.
     — ¡Más falsas que el ketchup!
     — ¿Y no soñó el socialismo clásico con liberar a las mujeres de la opresión de la ropa interior? Baywatch es un reconcentrado de ética marxista-leninista: fomenta el respeto a las leyes; castiga a los ambiciosos; corrige a los elementos antisociales; educa a las masas en el desprecio al mal; enseña a los niñitos pioneros a no tirar basura y a obedecer a sus padres y maestros; fomenta la higiene corporal y el ejercicio; destaca el respeto a los ecosistemas; subraya la importancia de la técnica al servicio del proletariado; exalta los valores del trabajo y el servicio a los demás; enseña a dar la vida por un camarada en problemas; enseña corrección política y a tolerar las diferencias culturales, raciales y sexuales. ¡Realismo en la forma, socialismo en el fondo! Si Gorki viviera, estaría escribiendo guiones para Baywatch.
     — Gorki jamás habría engañado a…
     — Baywatch no engaña a nadie. La cultura proletaria no engaña a nadie por el simple hecho de ser proletaria: la clase que detenta la verdad final. Es un hecho que al proletariado nos gustan las camaradas tetonas, las explosiones y la moral simple. Claro que dirás que Baywatch creó un mercado para un producto falso. Yo digo que interpretó adecuadamente los deseos verdaderos del pueblo. Cuando ustedes dicen que la mercadotecnia crea la falsa necesidad de un producto y manipula a los consumidores, desprecian la capacidad del pueblo para saber qué quiere y cómo lo quiere. Es un hecho que cuando el producto no contiene verdad popular, fracasa. El éxito de las tetonas salvavidas, las máquinas eficientes y los forzudos sudorosos corriendo al atardecer demuestra que el producto es verdadero, expresión auténtica de los valores eternos del alma humana, como La Divina Comedia o El Quijote.
     — ¡No seas irrespetuoso!
     — Es más: el Quijote mismo es un guardián de la bahía. ¿Y Ulises y Kafka? ¿Tú crees que el joven Werther se suicida si le da respiración de boca a boca una guardiana de la bahía? El Quijote quiere salvar a quien se está ahogando, aun si le va la vida en ello, sólo que en lugar de calzones lleva armadura y en lugar de bote con motor fuera de borda lleva jamelgo y en lugar de abdominales tiene huesos. Si la alcaldía de La Mancha tuviera dinero —y playa, claro— el Quijote estaría ahí, poniéndole a todo mundo el aparato para desaletargar corazones.
     — Zut alors! Estoy harto de tus estupideces. Vete a ver tu Baywatch. Yo iré a Angoisses de…
     — Comprendo tu ira. El poderío de los Estados Unidos apresura el triunfo de la utopía: la estupidez que tememos, pero deseamos. Un mundo de dicha perpetua en una playa sexy.
     — Un mundo de protoplasmas felices en un paisaje de florecitas, como al final de La máquina del tiempo de H.G. Wells. La sociedad soma de Huxley en Un mundo feliz
     — Prefiero Disneylandia.
     — Mais oui ~

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