¡Cuidado con la Navidad!

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Esta tarjeta postal navideña no sólo es un ejemplo de la “universalidad” del mito de (a elegir) San Nicolás o Papá Nöel o Santa Claus, etc., sino además una buena demostración de que si (según las sabidurías ancestrales) “una imagen vale por mil palabras”, cualquier imagen puede además ser un caso notorio de ambigüedad (y aun de ambivalencia) de significados. Todo es según la lectura que practiquemos, y la demostración vaya a modo de pregunta: ¿Aquí San Nicolás o Papá Nöel o Santa Claus, etc., está entregando a los niños unos juguetes o está robando los juguetes que unos orientales (aunque visiblemente occidentalizados) padres han puesto sobre la (muy occidental) chimenea? Me inclino por la segunda hipótesis previniendo al lector (si lo hay) de este Correo Fantasma: nunca me ha sido simpático el barrigón, barbado, rojiblanco personaje de sospechables botas estalinianas y actual santo patrono de los comerciantes en el cada vez más adelantado final de año. A riesgo de quedar como “sospechosista”, confieso que nada me extrañaría que el furtivo dizque benévolo visitante de hogares fuese un ladrón de temporada y un defraudador de (ilusos) niños y paterfamilias. Pero habría que saber leer los signos que hay al lado de la bolsa repleta de juguetes (¿robados o para regalar?).

P.S.- El gesto del niño recién despertado ¿es de gozoso asombro… o de susto? ¡Ah, la proverbial indescifrabilidad de los rostros del Oriente!

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