Desde Esmógico City, D.F.

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(UN DESAHOGO)

Hace 25 años Ridley Sott en su obra maestra, la genial Blade Runner, película mestiza de film noir y science-fiction, presentó una superpoblada ciudad agobiada de esmog, de lluvia sucia, de calles hiperpobladas, entorpecidas e inviables, densamente ocupadas por el informal comercio callejero, es decir el monstruoso pantano urbano de los puestos de falluca, de piratería, de fritangas, de hooligans, de delincuentes, de putas, etcétera; y, como no atreviéndose a, de algún modo, concitar “la venganza de Moctezuma”, en lugar de bautizar ese caos espeluznante, esa pesadilla visual y sonora y se diría que maloliente, como lo que en realidad era: la Ciudad de México en el último cuarto del siglo XX, la disfrazó de la ciudad de Los Ángeles en 2019.

Tanto y tanto hablar aquí de las amenazas del cambio climático. El cambio climático y, en plus, la pesadilla de la sobrepoblación, ya triunfaban desde por lo menos el último cuarto del siglo XX en Esmógico City, Detrito Defecal, y si el lúcido, el rebelde replicant, Batty (poderosa y noblemente interpretado por Rutger Hauer), se sentía, en el año 2019 y en Los Ángeles, EU, como una lágrima entre la lluvia, nosotros, los del ciudadanaje de aquí donde nos tocó, replicants o reproducciones de ciudadanos de la que fue la región más transparente del aire, ¿acaso no nos sentimos también como lagrimas en la lluvia, pero la lluvia de mierda?

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