El adiós de Ronaldo

Hace unas semanas se despidió un fenómeno del futbol. Este es un recuerdo de sus logros.
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Dijo adiós el gordito que corría como locomotora. Dijo adiós porque el hipotiroidismo ya no le permitía alcanzar el nivel físico para seguir jugando. Dijo adiós porque la rodilla, ésa que vimos desprenderse cuando jugaba con el Inter de Milán en una de las imágenes más dolorosas del futbol, finalmente lo derrotó. Dijo adiós porque “Yo quería continuar, pero ya no lo consigo. Hasta para subir las escaleras siento dolor.” Dijo adiós porque su cuerpo ya no lograba obedecer a la cabeza. Y sin embargo, hasta el último minuto, sus goles cayeron como racimos, como una costumbre, como si su sola presencia en la cancha significara inevitablemente un gol.

Su despedida fue triste. Con lágrimas en los ojos explicó que su cuerpo le impedía jugar. Un poco también lo fue su carrera. La mirada perdida, como un personaje de David Lynch en ausencia emocional; sus lesiones por demás dramáticas; el ataque epiléptico justo en la víspera de la final de Francia 98 y la presión publicitaria para que jugara a pesar de todo; la rehabilitación solitaria en Cancún y el morbo mediático como sola compañía; su viaje a Madrid, a Milán y la lesión lo volvió a retirar de las canchas. Como signo de los tiempos futboleros, Ronaldo fue talento puro al servicio de la individualidad. Su juego de lobo estepario en el área rival, como si negara la esencia asociativa del juego, e incluso, un comentario que podría parecer elogioso del maestro Zidane (le arrojamos el balón y sabemos que él solo puede llevarlo al gol), es sumamente triste.

Jugó en varios equipos –incluso es el único jugador en haber participado en los dos equipos antagonistas de España y de Italia-, y en ninguno logró echar raíces.

Sin embargo, el futbol no debería decirle adiós. Su potencia, su implacable presencia en el área, su cercanía con el gol, estuviera como estuviera, flaco, gordo, encopetado, con cualquier camiseta. Al final, ya francamente pasado de peso, seguía amenazando la portería rival con el Corinthians. El futbol no debe olvidar cómo se apoderaba del balón cuando enfilaba hacia la portería, la potencia y la velocidad para cambiar de perfila la hora de enfrentar a un defensa rival, la representación visual del arco en su mente, y no lo hará. Ronaldo fue talento puro, en un momento que lo necesitamos tanto y será memoria.

Rafael Márquez confesó que verlo llegar con el balón dominado era signo de terror, porque no sabías qué decisión iba a tomar. “cómo vas a saber lo que es el pánico, si nunca te sorprendieron mal parado en un contragolpe,” dijo Walter Saavedra. Un día, a punto de regresar de una de sus dolorosas lesiones dijo: “alguien tendría que pagar por tanto esfuerzo”. Me parece que pensaba en los defensas rivales mientras lo decía.