Oscar Niemeyer: Un siglo sobre la línea curva

Hace unos años Fidel Castro aseguró que sobrevivían en el planeta solo dos comunistas, Oscar Niemeyer y él. Ayer partió el comunista brasileño.
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Hace unos años Fidel Castro aseguró que sobrevivían en el planeta solo dos comunistas, Oscar Niemeyer y él. Ayer partió el comunista brasileño. Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho nació en Río de Janeiro en 1907 y fue ahí donde comenzó su carrera de la mano del arquitecto y urbanista Lúcio Costa. Como dibujante del proyecto para el Ministerio de Educación y Salud de Río de Janeiro, Niemeyer conoció al ya legendario arquitecto Le Corbusier, quien había aterrizado en Brasil, invitado a trabajar como consejero de diseño del proyecto. Junto al arquitecto suizo, Niemeyer comprendió cuáles eran los elementos que consolidaban el rumbo de la arquitectura moderna, mismos que hicieron del edificio del Ministerio de Educación y Salud un símbolo de la arquitectura brasileña.

Con el Pabellón de Brasil (presentado en la Exposición Mundial de Nueva York en 1939), proyectado por Costa con ayuda de Niemeyer, la arquitectura moderna brasileña ganó reconocimiento internacional y al mismo tiempo posicionó al joven arquitecto como uno de sus mejores representantes. El diseño del conjunto de Pampulha (1942) así como la construcción de Brasilia (inaugurada en 1960) dejarían ver que los principios heredados de  Le Corbusier habían sido traducidos y expresados con un lenguaje propio: la fluidez de la forma sería el motivo que permitiría dar expresión a la arquitectura, la adaptación de los componentes corbuserianos al clima y contexto brasileño definirían, en alguna proporción, la búsqueda de Niemeyer.  

Por encargo de su viejo amigo, y presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, Niemeyer emprende la construcción de una utopía. Con Costa como urbanista, el proyecto de Brasiliasuponía la rápida ejecución de una ciudad totalmente nueva que desplazaba la capital del país de Río de Janeiro al centro. Ahí, Niemeyer proyectó los edificios emblemáticos de la nueva capital.  La plasticidad del arquitecto tomó como bandera la línea curva; nunca antes el hormigón armado había experimentado tantas formas, parecía ser el único material capaz de permitir la expresión más variada de las formas curvas con las que, al mismo tiempo, se confrontaba la rigidez de las rectas racionalistas. La posibilidad de la línea curva en las manos de Niemeyer nunca se agotó, Brasilia ejemplifica bien la maduración de una experiencia, en donde la simplicidad del volumen constituye un vocabulario propio, como se observa con la Catedral de Brasilia (1958) o el Palacio del Congreso (1960).

Brasilia

 

Catedral de Brasilia

Eterno comunista, Niemeyer prefirió el exilio a una vida bajo la dictadura militar. Desde 1964 ejerció su profesión en París, mostrando la consagración de un lenguaje en obras como la sede del Partido Comunista francés (1967), la Universidad de Constantine en Argelia (1969) y el Centro Cultural de El Havre (1972) que, entre muchas otras construcciones, demostraron que pese al exilio, Niemeyer era el mito vivo de la modernidad que continuaba reafirmándose con sus obras mientras el siglo XX concluía. Como si con los años la intensidad de trabajo aumentara, el constructor regresó a Brasil en los años ochenta para seguir proyectando. Esta etapa encuentra un momento, desde mi punto de vista emblemático, con la construcción del Museo de Arte Contemporáneo de Niterói (1996). En un terreno rodeado por mar, Niemeyer imagina una flor que posa sobre el borde de un acantilado, el apoyo vertical en el tallo le permite proyectar una estructura que parece flotar. La obsesión por la curva desde la rampa de acceso permite al visitante integrarse con la fluidez de la línea y desde el interior de la galería, observar el mar a través de grandes ventanales. El paisaje se funde con el edificio, exaltando la ligereza y armonía de la forma del museo.

Museo de Arte Contemporáneo de Niterói

Más de un siglo transcurrió frente a los ojos de Niemeyer quien desafió al tiempo dejando un extraordinario legado construido. Una especie de conclusión de las utopías del siglo XX parece ocurrir con la partida de dos testigos especialmente singulares: el historiador marxista Eric Hobsbawm (1917-2012) y el arquitecto comunista Oscar Niemeyer (1907-2012).

 

http://www.youtube.com/watch?v=2ylKDMp_nLM