De julio a agosto

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El Subcomandante Marcos persiste en guardar silencio. Ganó Vicente Fox el 2 de julio y no dijo nada. Perdió el PRI en Chiapas y no emitió comunicado alguno. Sin embargo, los resultados del 20 de agosto no pudieron ser más paradójicos. La Alianza por Chiapas se impuso en los municipios donde la organización Paz y Justicia, presuntamente priísta, tiene mayor presencia. El PRI, por su parte, ganó en la zona de conflicto, conformada por 34 municipios de las regiones Altos, Norte y Selva, donde los zapatistas tienen mayorinfluencia. Estos datos, por sí solos, echan por tierra lossimplismos y las generalizaciones absurdas. Las poblaciones indígenas están divididas y en una misma zona coexisten quienes están a favor de la oposición y quienes están a favor del PRI. Los que no están con el EZLN no son guardias blancas ni policías o militares disfrazados de civiles; son indígenas, como los zapatistas, que están organizados y armados. Los conflictosentre unos y otros no derivan sólo de diferencias ideológicas y religiosas, que las hay, sino también de intereses materiales: la posesión de la tierra o el control de determinados recursos.
     En Chiapas no se puede seguir operando con un esquema maniqueísta. Todos los actores, tanto nacionales como locales, deben reconocer la pluralidad política y religiosa y asumir que los problemas en esa entidad no se pueden resolver con negociaciones unilaterales. El EZLN no representa ni nunca ha representado a la totalidad de los indígenas en la zona de conflicto (basta recordar el éxodo de 25 mil personas durante los enfrentamientos del 94) y mucho menos a las comunidades de otras regiones del estado, para no mencionar a los millones deindígenas que habitan en otros estados del país. Es por eso que la famosa aplicación de los Acuerdos de San Andrés es unmito. Las demandas ahí contenidas suponen reformas constitucionales y la promulgación de leyes que tendrían efectossobre todas y cada una de las comunidades de este país. Lo mínimo que semejante empresa supone es que la totalidad de las comunidades sea consultada y emita su opinión. El Subcomandante Marcos y el EZLN no gozan de mayor representatividad. No han sido electos por nadie y los millones de indígenas que habitan este país no les han conferido mandato alguno.
     La pretensión de que un solo grupo u organización armada monopolice la representación de los indígenas es absurda, pero sobre todo se basa en una petición de principio: el EZLN representa los intereses universales de los indígenas porque se levantó en armas y se constituyó en la vanguardia ilustrada de las diferentes etnias. Pero, ¿por qué se levantó en armas? Porque enarbolaba un programa de liberación y transformación radical del mundo indígena. O lo que es lo mismo: porque desde antes de levantarse en armas era ya la vanguardia ilustrada de los indígenas. En suma, el EZLN es esa vanguardia porque ellos mismos se han autodesignado para cumplir esa tarea histórica. Sobra decir que este principio de representación no tiene nada que ver con la democracia, porque no admite revocación ni reconoce la pluralidad; un partido o una organización representa siempre a una parte y no a la totalidad de la población. La lógica zapatista es la misma que guió a los bolcheviques en 1917 y se parece al principio delegitimidad revolucionaria del viejo régimen priísta.
     La famosa frase de Fidel Velázquez: "A balazos llegamos y sólo a balazos nos iremos", resume el pathos revolucionario; la legitimidad de un partido o de un movimiento se ancla en un acto fundacional y en el mandato histórico que de ahí deriva; no tiene nada que ver con las personas comunes y corrientes que eligen a sus representantes mediante la votación universal y secreta. Marcos y los zapatistas operan con esa lógica y lo mismo ocurre con don Samuel y sus catequistas, la diferencia está en que los primeros creen ser los ejecutores de las Leyes de la Historia (así, con mayúscula), en tanto que los segundos tienen fe en la Divina Providencia y trabajan para instaurar el reino de Dios en la tierra. En ambos casos, el mandatoderiva, en último término, de entidades abstractas, y se orienta por el conocimiento que tiene una minoría ilustrada de laHistoria (el materialismo histórico) o de los designios de la Divina Providencia (la teología de la liberación). De ahí laimposibilidad de reconocer la diferencia y la pluralidad. Quien no está con ellos, está contra ellos. Toda oposición equivalea reacción. Los herejes y los contrarrevolucionarios debenser perseguidos y exterminados a sangre y fuego. No hay nipuede haber lugar para ellos en el nuevo orden.
     La lógica revolucionaria y la guerra santa siempre conducen al monopolio del poder político y de la representación. Todo el siglo xx mexicano estuvo dominado por esa imagen de la política y del Estado. Aunque hay que señalar que el régimen priísta tuvo la gran virtud de respetar las libertades civiles,de no operar como una ideocracia (tal como ocurría en lospaíses comunistas) y de abrirse paulatinamente a las reformas. Sin embargo, es un hecho que para efectos políticos el régimen recurrió a la lógica revolucionaria para legitimar elmonopolio del poder político y la ausencia de democracia. Por eso resulta paradójico que en el momento en que elviejo régimen ha sido desmantelado, Marcos, el EZLN, don Samuel y los catequistas se empeñen en asumir un lenguaje y una práctica que nada tiene que ver con la democracia y el pluralismo. Pero más preocupante y lamentable es el hecho de que Vicente Fox y Pablo Salazar asuman que los zapatistas detentan y personifican una suerte de verdad revelada,donde todas las comunidades indígenas, sin importar etnia ni lengua, se ven bien representadas. –

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