La escritura como intervención

Comparecencia (in)voluntaria

Marisol García Walls

U-Tópicas

Ciudad de México, 2025, 158 pp.

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Marisol García Walls (Ciudad de México, 1989) recrea en Comparecencia (in)voluntaria un asalto violento sufrido en 2009 en su casa. Catorce años después rescata “de lo alto del clóset” de su madre el acta del ministerio público que escudriña con la mirada aguda que permite la distancia. La relectura, mediada por el tiempo y por una sólida formación académica, deconstruye –literal y simbólicamente– un texto (el acta) y un evento constituido de múltiples capas de agresiones.

El libro da cuenta de las dificultades que implican elaborar el propio testimonio. ¿Quién escribe? ¿Es el trauma el que nos escribe? ¿Cómo transformamos un evento traumático en la materia prima de una nueva historia? La presencia de otras escritoras, como Marina Azahua y Daniela Rea (que abren y cierran la obra), las hermosas hojas de papel albanene incluidas (que calcan y tachan el acta oficial) conforman un libro-objeto que puede leerse desde su materialidad compartida.

La ambivalencia, presente en el título, deja claro que se trata no solo de un testimonio sino de una intervención estética. El paréntesis en (in)voluntaria funciona como un recurso literario, pero también como una estrategia de supervivencia: la víctima dice y no dice, recuerda y olvida, sugiere y borra. Borrarse puede ser un mecanismo de defensa o una forma de estar presente en todos los espacios y todos los objetos. La ambigüedad revela a una narradora capaz de compartir, contener y moldear su vulnerabilidad y valentía extrema. García Walls tacha frases burocráticas –que no la representan– para armar y reescribir, desde su propia voz, su versión de la historia.

El 7 de septiembre de 2009 dejé para siempre la casa donde crecí, junto con toda la memoria de lo que había sido mi vida hasta entonces. Me acuerdo que, al momento de abandonar la casa, pensé: ¿por qué, justo ahora, se ve tan triste el pino de la entrada?

El evento traumático del asalto modifica y afecta la visión de un entorno conocido. El pino resulta ahora extraño y triste. Hay un antes y un después. Hay una nueva forma de experimentar el tiempo, antes ordenado y lineal, ahora caótico y circular.

Hubiera querido guardar una memoria más limpia, pero la única imagen que consigo evocar es la de la ruina. Una habitación desordenada, ropa hecha jirones en el piso y la tortuga de mi hermana, Mapa, que tras romperse su pecera caminó en círculos cada vez más grandes, quizás buscando la contención o los límites […], caminó hasta que topó con la escalera y cayó dos pisos abajo.

Desorientada y sin ninguna autocompasión, la narradora –como la indefensa tortuga expulsada de su pecera– “camina en círculos” alrededor de una herida aún abierta. Los detalles marginales: “la habitación desordenada”, “la ropa hecha jirones en el piso”, la pecera rota, la tortuga que cae, al centro de la narración, cuentan de manera indirecta la escena caótica y cruel de una doble violación (física y psicológica).

La “víctima” recuerda de manera selectiva y reacomoda el pasado para seguir funcionando. El trauma interrumpe el tiempo rutinario, lineal y la narradora se enfrenta una y otra vez con esos “picos de la memoria” que regresan: “hubiera querido guardar una memoria más limpia”, “hubiera querido cambiar el paisaje”, “hubiera querido decir: ‘esta no es mi historia’”, “creía que al alejarme del trauma podía anularlo, pero los tropiezos no tardaron en aparecer”. Hay una nueva forma de experimentar el espacio. Una nueva forma de ser y de estar en el mundo.

La primera parte, compuesta por textos fragmentarios, se concentra en intentar darle un nuevo orden y sentido a cada palabra: “El nombre de mi mamá, el sujeto principal de la oración. Declaro, el verbo. Que es un pronombre relativo o conjunción que encabeza las siguientes oraciones. Su nombre como el sujeto del que cuelgan las subordinadas. Mamá.” El enfoque en el lenguaje hace que el lector experimente la dislocación de las emociones, el desorden del espacio, el despojo y la fragilidad de quien intenta nombrar lo innombrable.

Los breves textos alternan con páginas de fondo negro donde se leen algunas frases de la comparecencia original: “DECLARO Que el de la voz comparece de manera voluntaria manifestando QUE: QUE SE PRESENTA VOLUNTARIAMENTE ANTE ESTA REPRESENTACIÓN SOCIAL […] Y SE ENCONTRABAN EN LA COCINA REFIRIENDO LA DECLARANTE QUE EN ESE MOMENTO SE PERCATAN DE LA PRESENCIA DE TRES SUJETOS DE SEXO MASCULINO QUIENES IBAN ARMADOS.” La autora comenta: “El acta de denuncia que rendí la madrugada del 8 de septiembre comenzaba con una frase falsa. Decía: ‘DECLARO Que el de la voz comparece de manera voluntaria.’” Y puntualiza: “Pero el de la voz no era un hombre, sino tres mujeres: mi madre, mi hermana, y yo. La comparecencia tampoco era voluntaria. No por lo menos, en sentido estricto: hubiera dado lo que fuera por no ser víctima de un crimen y por no tener que declarar nada.”

En el proceso de reescribir su testimonio, García Walls se nutre de manera intensa y cómplice de otros textos, en este sentido corresponde con lo que Cristina Rivera Garza ha llamado una “escritura geológica”, es decir, una escritura hecha de muchas voces. Sin embargo, en la parte final llamada “Performance”, las citas y las referencias incorporadas se asimilan a tal punto que ya son una sola:

Me llamo Marisol García Walls, tengo 34 años y soy escritora. Cuando tenía 20 años, fui víctima de robo a casa habitación junto con mi mamá y mi hermana. Además de haber sido despojada de mis pertenencias, amarrada y golpeada, fui víctima de violación.

La narración –intencionalmente– titubeante e insegura de la primera parte, ahora interpela a la agente del ministerio público. La comparecencia final, veloz, voluntaria y determinada, encarna y representa a una persona que ha reparado su integridad y su agencia en la escritura y que, en el proceso de reconstruir su historia, ha descubierto también una potente voz literaria.

García Walls recupera los espacios arrebatados y/o clausurados de la memoria y deshace un discurso impuesto por la retórica oficial proporcionada por el Estado. Al religar las distintas capas de su historia, redefine la noción de “víctima” y transforma un documento “oficial” en un ensayo autobiográfico. Una obra original, dolorosa y poética que tiene un lugar indiscutible entre las escritoras que menciona y la acompañan. ~


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