Marginalia reyesiana

Aurelio Asiain sigue dos rastros mínimos en poema de Alfonso Reyes, para alumbrar la memoria secreta que alimenta la creación literaria.
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Comentando la Breve antología de poesía mexicana impúdica, procaz, satírica y burlesca. Interdicta, secreta, anónima, culta y popular compilada por Juan Domingo Argüelles (Océano, 2015) decía Gabriel Zaid:

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De Novo y Reyes es un par de sonetos obscenos que intercambiaron como salutaciones de Año Nuevo. Contrasta su perfección con su tema y, precisamente por eso, sorprende un verso mal acentuado:

que así mueren las civilizaciones

Se trata de un endecasílabo que no suena a endecasílabo (como sonaría, por ejemplo: que así movió las civilizaciones). Suponiendo un error de transcripción, busqué el original en las obras de Reyes y el verso estaba tal cual. Habría que ver el manuscrito.

Pero no hay error de transcripción. El verso aparece así en el mecanuscrito tecleado, firmado y sellado por el propio Reyes en una hoja del papel con viñeta del Cerro de la Silla que usó desde 1930 para su correo personal: lo reproduce la edición más reciente de la Sátira de Novo (Alias, 2020).

Tampoco hay error de oído. Otro verso con la misma acentuación peculiar aparece en “Pesadilla”, un buen soneto asonante de Reyes que repite rimas cruzadas en los cuartetos y los tercetos (Constancia poética, p. 190):

Por esas casas que visito en sueños,
confusas galerías y salones,
escalinatas donde vaga el miedo
y ruedan las tinieblas en temblores,
pálido el rostro, los amigos muertos
asoman en lo alto de las torres,
o vienen hasta mí con labios secos,
blandas manos de sombra y tristes flores.
Cunde la noche, la tiniebla absorbe
la diáfana verdad. No se conoce
si son fantasmas o si son recuerdos,
amenazas o solicitaciones…
Y es la manada de gigantes huecos
que en torno al pozo de la sangre corren.

Las amenazas o solicitaciones pasaron sin alteración de Nadie parecía (1944),1 a La vega y el soto (1946) y a Constancia poética (1952), y lo recogen muchas antologías: es claro que a Reyes el verso no le sonaba mal ni le parecía inadmisible.

No es, por cierto, tan extraño como ese verso a la entrada de la “Salamandra” de Octavio Paz que Gerardo Deniz describió como un “enigmático y admirable endecasílabo de acentuación tremenda”: “calorífero de combustión lenta”, y cuyo origen ha dilucidado con precisión característica Guillermo Sheridan.2

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Ni Navarro Tomás ni Quilis ni el más acucioso Domínguez Caparrós registran un endecasílabo sin acento ni en sexta ni en cuarta, sino en tercera y solo en tercera. Habría que empezar a llamarlo endecasílabo reyesiano.

A reserva, claro, de que Reyes, leyéndolo en otro poeta, haya sabido apreciarlo y aprovecharlo, sin consignarlo, como con tantas cosas.

Dice Montaigne en “La costumbre de vestirse”, capítulo XXXV del libro primero de sus Ensayos:

Preguntó no sé quién a un mendigo de por aquí, viéndolo en pleno invierno en mangas de camisa y tan espabilado como si lo arroparan pieles de marta hasta las orejas, cómo podía resistir. “Y usted, señor, lleva la cara descubierta”, respondió; “pues bien, yo soy todo cara”.3

La respuesta del pordiosero, me hace notar Ana Ramos en la tertulia, resuena en la que dan los indios tarahumaras en el poema de Alfonso Reyes, “Yerbas del Tarahumara”:

Desnudos y curtidos,
bravos habitadores de la nieve
–como hablan de tú–,
contestan siempre así la pregunta obligada:
–“Y tú ¿no tienes frío en la cara?”

Reyes, embajador de México en Argentina, había escrito el poema “en un instante” el 11 de marzo de 1929, a raíz de una conversación con la señora del mayor Muñoz, que le evocó su niñez y los recuerdos de México, según anotó ese día en su diario. Dos semanas después se lo envió a Larbaud, con estas líneas en medio de una carta extensa:

A título de curiosidad, le envío a Ud. el último poemita que acabo de hacer: asunto indígena mexicano, tratado con sencillez y humildad, cediendo la iniciativa toda a la materia prima con que está hecho el poema, la cual me ha parecido tan nueva que creí inútil echarla a perder con esfuerzos y contorsiones por mi cuenta. ¿Le agrada? Es rigurosamente inédito.

A Larbaud no solo le agradó el poema. Se puso de inmediato a traducirlo y, para inmensa alegría de Reyes, lo publicó en Commerce, la revista que, gracias al mecenazgo de la princesa Marguerite Caetani de Bassiano, editaba con Paul Valéry y Léon-Paul Fargue. Esa edición bilingüe del verano de 1929, con el original y la traducción en páginas enfrentadas,4 es la primera publicación del poema, y no la que refiere Constancia poética, impresa por Colombo en Buenos Aires en 1934.

A juzgar por la correspondencia que cruzaron sobre el poema, Larbaud –a quien alguna vez llamó Reyes “amable Montaigne contemporáneo”– no reparó en la metamorfosis del mendigo gascón en indio tarahumara. Tampoco llamó la atención de Adolfo Castañón, ni en Alfonso Reyes, caballero de la voz errante ni en Por el país de Montaigne. Pero estamos seguros de que a Reyes –que frecuentó toda su vida a Montaigne y no pudo sino tener en mente un ensayo que se ocupa de la variedad indumentaria del soberano meshica– la frase “Et vous, monsieur, respondit-il, vous avez bien la face descouverte ; or moy, je suis tout face” debió quedársele grabada. Quizá suscitó el poema tanto o más que la plática con la señora del mayor Muñoz. ~


  1.  Revista de Ángel Gaztelu y José Lezama Lima: Nadie parecía. Cuaderno de lo Bello con Dios, X, marzo de 1944.

    ↩︎
  2.  “De vuelta a la ‘Salamandra’”, disponible en www.zonaoctaviopaz.com.

    ↩︎
  3.  “Je ne sçay qui demandoit à un de nos gueux qu’il voyoit en chemise en plain hyver, aussi scarrebillat que tel qui se tient emmitonné dans les martes jusques aux oreilles, comme il pouvoit avoir patience : Et vous, monsieur, respondit-il, vous avez bien la face descouverte ; or moy, je suis tout face.” La palabra scarrebillat es un gasconismo y por un de nos se refiere Montaigne a un paisano.

    ↩︎
  4. Puede consultarse y descargarse en www.archive.org. ↩︎


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