Foto: Cortesía Casa de Arte Limantour.

Polifonía dispersa

La exposición “Ebriedad geométrica”, en Casa de Arte Limantour, reúne piezas notables, que sin embargo terminan dispersándose, sin que se alcance a entablar un diálogo entre los artistas invitados.
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“Todo menos pintura” fue la premisa impuesta para la selección de obra. Sin embargo, algunos de los trabajos reunidos en Ebriedad geométrica pasan por alto esta restricción y parecen querer acercarse a la transgresión del discurso pictórico. Así, podemos hablar de este proyecto como una exposición de piezas desobedientes y una suerte de muestrario que no necesariamente deviene en un diálogo colectivo pero que suelta preguntas sobre el carácter matérico del arte “latinoamericano” contemporáneo, centrado en la Ciudad de México, con la participación de algunos artistas extranjeros que viven en el país. El punto de encuentro para esta exposición es Casa de Arte Limantour (CAL), una casa/galería en la colonia Guerrero de la Ciudad de México. Sus muros, discretamente atravesados por el paso del tiempo, resguardan un patio central a cielo abierto y una serie de habitaciones que funcionan como salas de exhibición.

Tanto el espacio arquitectónico como su ubicación tienen un papel importante en la experiencia de la muestra. Algo particular sucede en nuestros cuerpos cuando las exhibiciones se presentan en sitios que nos acercan más a la idea de una casa que a una institución, aunque haya un poco de ambas. Nos adentramos en las habitaciones con cierta timidez, preguntándonos si lo que vemos a continuación sigue siendo parte de la exposición o si acaso es un espacio ajeno e independiente. El carácter diverso de las obras nos sugiere una respuesta: la conversación se expande de un cuarto a otro y nuestro recorrido establece el ritmo de lectura de las piezas. Algunas de ellas están montadas a muro o recargadas en el piso. Las hay que guardan el polvo del tiempo que ha transcurrido desde la inauguración, otras que están suspendidas desde el techo o que se presentan como intervención directa en el espacio.

El carácter polifónico del proyecto se acentúa en el recorrido, pues no hay núcleos establecidos, lecturas sugeridas o fichas técnicas visibles que indiquen la autoría de las piezas o los años de producción. El gesto de mirar se convierte en el primer vínculo de encuentro entre las piezas que aparecen en las habitaciones y quien visita la muestra. Durante el recorrido me pregunto si es grave la confusión de nombres ante la falta de fichas –nos encontramos con una pieza y pensamos “este trabajo se parece a tal y tal” o, “puede ser una pieza de este u otro artista”–, si tal vez los nombres determinan más de lo que imaginamos o si es tan solo un síntoma del mal contemporáneo ante la sobreproducción de imágenes y su irremediable asimilación, que deviene en confundir lo que vemos con lo que aprehendemos.

Aspectos de la exposición. Cortesía Casa de Arte Limantour.

En esta muestra, la distribución y apreciación de las piezas se articula a partir de la materialidad antes que del discurso, aceptando la lógica curatorial que implica un libre recorrido en los espacios. Quizá es por esto que Michel Blancsubé, uno de los curadores de la exposición junto con Eduardo Luque y Bernardo Saenger, sugiere que el concepto de ebriedad geométrica “evoca la emoción que provoca la contemplación de las formas”, aunque resulte ser un argumento tan sugerente como ambiguo. Da la impresión de que la muestra privilegia la ocupación del espacio con obras escultóricas por encima de una reflexión articulada sobre la supuesta “huida de la hegemonía pictórica”, como se menciona en el texto de sala.

Las tres personas que curaron la exposición han hecho sus elecciones, menciona Blancsubé, “en función de sus propios deseos, que los otros dos han respetado”. Esta declaración sugiere que quizá no hay un diálogo curatorial colectivo, sino una suma de intereses que no necesariamente se intersectan. Valdría la pena preguntar entonces, ¿qué convoca a los artistas más allá de afinidades personales de los comisarios? ¿Existe un eje común o se trata de una constelación de afectos individuales en los que “cualquier otra pieza” podría funcionar?

Aspectos de la exposición. Cortesía Casa de Arte Limantour.

Ahora bien, hay obras que causan fascinación por su hechura, propuesta o presentación. Entre ellas destaca “The silence of Ani” (2015) de Francis Alÿs, una videoinstalación en la que un grupo de jóvenes utiliza instrumentos de madera y metal para imitar el sonido de distintos pájaros y crear la ilusión de que la ciudad de Ani, en Armenia, misma que está en un estado de abandono tras siglos de continuas invasiones, ha vuelto a la vida. La obra se acompaña de la colección de señuelos que reproducen estos sonidos, dispuestos en una vitrina como si fueran objetos arqueológicos. También sobresalen las esculturas de barro de Tania Bello, quien explora las posibilidades formales de abordar el cuerpo como un espacio habitable, alejándose de representaciones ortodoxas para proponer una especie de arquitectura corporal. A partir del desarrollo de este proyecto, la artista se ha acercado intuitivamente a las llamadas arquitecturas de la tierra, que se practican en distintas partes del mundo y que están arraigados al lugar donde se realizan, tanto por sus materiales como por el sistema de creencias al que pertenecen.

Otras piezas que llaman la atención son las instalaciones de Gaspard Le Guen, artista francés que vive entre Francia y Querétaro. Las obras que presenta en esta exposición,  realizadas con gestos libres de carbón en sobres de papel, aluden a una elegía fúnebre a partir de un diálogo que estableció con la obra y figura de Joseph Conrad y que formaron parte de un proyecto previo expuesto en Saenger Galería a finales del 2025. Finalmente, en otro de los cuartos de de Casa de Arte Limantour habita una serie de impresiones de rotativa sobre papel periódico que, en conjunto, parecen recrear una gran pintura marina (han de perdonar la categoría pictórica). Se trata de “Degradación del tiempo III (Mácula)”, realizada en 2026 por Arturo Hernández Alcázar. La pieza me hizo pensar en “Refucilos sobre el agua”, un relato de María Gainza del que seguramente ya he hablado. En el texto, la autora habla de fotos del mar que tapizan las paredes, en la exposición son hojas de periódico que asemejan horizontes. A ambos los une la sensación del collage y la invasión de los muros.

Aspectos de la exposición. Cortesía Casa de Arte Limantour.

En “Ebriedad geométrica”, los aspectos visuales predominan sobre el contenido. Aunque hay piezas afortunadas y notables, el planteamiento curatorial deja fisuras evidentes: más que articular un diálogo colectivo sólido, la exposición se percibe como una suma dispersa de intereses individuales. La polifonía de un proyecto curatorial colectivo debería conversar con las distintas miradas críticas y sensibles que lo perciben, más allá de la participación de los 30 artistas invitados: Alejandro Almanza Pereda, Francis Alÿs, Tania Bello, Will Berry, Lucas Cantú, Damien Daufresn, Ale de la Puente, Víctor del Oral, Valentina Díaz, Rodolfo Díaz Cervantes, Sébastien Dosantos Capouet, Alfredo Gallegos Mena, Arturo Hernández Alcázar, Robert Janitz, Perla Krauze, Gaspard Le Guen, Chavis Marmol, Carlos H. Matos, Raúl Mirlo, Daniel Monroy Cuevas, Irak Morales, Yoshua Okón, Daphane Park, Claudia Peña Salinas, Calixto Ramírez, Pablo Rasgado, Marco Rountree, Alan Sierra, Benjamín Torres e Iván Trueta. ~

Ebriedad geométrica se presenta
hasta el 9 de mayo de 2026
en Casa de Arte Limantour


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