Sueños fantásticos

'Fábulas fantásticas' es una muestra que recuerda el tono inusual, mágico o fantástico de la producción artística mexicana.
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La buena fama durmiendo es el título de una fotografía de Manuel Álvarez Bravo. Aunque creas que eres tú quien se tiene que echar a dormir en cuanto hayas criado fama, en esta imagen es ella quien descansa a pierna suelta, y por esa resolución transmite una sensación muy libre, que también puede tener que ver con que está desnuda salvo por unas vendas blancas en los pies y en las muñecas –como si la buena fama fuese una luchadora o una bailarina y ya se hubiese ganado el descanso después de luchar o de bailar, aunque sería mucho mejor y más chulesco que se hubiese tumbado a la bartola antes de tomarse el trabajo de luchar o de bailar–, y por otras vendas que le ciñen la cadera y los muslos, como si llevase unos shorts. El pubis queda al aire, con el vello a la vista entre las tensas telas, y quizá esa negra sombra fue la razón por la que la imagen fue censurada en la exposición Mexique que en 1939 organizó André Breton en la galería Renou et Colle, aunque la exposición tuviese un pálpito surrealista y la galería estuviese en París. Leo sobre el caso pero no dicen quién censuró la foto. ¿Vendría el escándalo por los pelos o más bien porque la chica dijo miren, yo me tumbo en esta esterilla a que me dé el sol y ustedes ya luego me dicen qué fue de mi reputación?

Renou et Colle había abierto con una exposición de Salvador Dalí en 1937 y aguantó abierta hasta 1948. En 1938 André Breton pasó en México varios meses, durante los cuales trabó contacto con los artistas mexicanos, famosamente con Frida Kahlo pero también con Álvarez Bravo, que realizó la foto por encargo del pope del surrealismo. La exposición que montó a su vuelta incluía algunos exvotos y otras piezas de arte popular, así como retratos domésticos del siglo XIX, además de la foto de un obrero muerto durante una huelga que no sufrió censura, también obra de Álvarez Bravo –autor también de la imagen de la portada del catálogo–. La foto que no se pudo ver en París está ahora en la Casa de México en Madrid, acompañada por otras cincuenta obras de unos cuarenta artistas, en una exposición recién inaugurada titulada Fábulas fantásticas y comisariada por el equipo del Museo de Arte Moderno de México. Los textos de las paredes recuerdan que “la exposición supera el cliché que identifica ‘lo mexicano’ con lo surrealista ─idea derivada de las apreciaciones hechas en su momento por André Breton─, al hacer evidente que el tono inusual, mágico o fantástico presente en la producción artística de nuestro país ha sido una forma de cuestionar posturas estéticas y coyunturas culturales e históricas”. El propio Breton reconoció la conmoción que había supuesto su estancia en México para su manera de concebir el surrealismo, ¿no alcanzó a comprender hasta qué punto el sentimiento de lo fantástico (título de una de las salas) era, en la cultura mexicana, algo más profundo que una vía de escape o una recolocación de los objetos y los símbolos? El propio texto de introducción a la exposición recuerda que aquí se recogen tanto elementos culturales de religiosidad popular como “influencias del surrealismo, el arte místico, las revisiones de lo prehispánico y lo paranormal”.

Quizá la obra de toda la muestra que más ayude a comprender esta consideración sea La manda (1942), de Carlos Orozco Romero: una figura femenina con la cabeza cubierta por un paño bajo el que se adivina la expresión consternada. Hace pensar en un cuadro de Magritte. La cartela, acompañada por la foto que sirvió de modelo al cuadro, cuenta: “Esta pintura es erróneamente asociada con el surrealismo debido a la extraña reunión de componentes y el ambiente desolado que plasma. Sin embargo, el artista se inspiró en una fotografía de Enrique Díaz Reyna –parte de un fotorreportaje publicado en el número de febrero-marzo de 1940 de la revista Hoy– que documenta el castigo autoinfligido de una penitente durante la procesión en el santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos en el estado de Jalisco.”

Las cincuenta piezas de la muestra resultan muy llamativas por distintas razones: otros descarnados óleos de Orozco; un par de litografías de Leonora Carrington (The Jurgers y The Three Ratcomin, de 1974); una mano-silla dorada con forma de mano de Pedro Friedeberg; un óleo de la también poeta Alice Rahon (“voici ma vie autour de mon corps/ toujours offerte et toujours reprise / Comme une étoile fuyant le ciel / les pointes de mon sang / fleurissent et battent à la porte) titulado Ofelia sobrentendida, en el que se distinguen las ramitas caídas sobre el agua y las plantas acuáticas; un retrato de Lucía Maya con un rostro de perturbadora simetría; un devorador de fuego ensamblado por José de Guimaraes… Junto a estas piezas exuberantes, las fotografías podrían parecer más modestas. En copias pequeñas, se muestran agrupadas las imágenes en blanco y negro de Lola Álvarez Bravo (casada con Manuel entre 1934 y 1949), Juan Crisóstomo Méndez o Ruth Bernhard. Y entre ellas, ejerciendo una atracción irresistible pero como ajena a todo, duerme la buena fama, junto a unos cactus, desde 1938. 
Fábulas fantásticas. Colección del Museo de Arte Moderno de México
Casa de México en España. Del 20 de octubre al 13 de febrero