Una noche
en silencio
junto al río que baja solo
con su torrente de palabras
desde el Lago Peineur
horadando el tiempo bueno
me trae voces y memorias
como una sinfonía de retazos.
¿Para qué sirve la pedacera?
Cargo tiliches a donde voy
y no sé si son mis alas o los fardos.
Una vez me encerré con una torera
que me regaló un quite y dos lances.
Luego bajé a Tijuana y llegué a Hong Kong
empeñando la Gibson Les Paul
por treinta monedas en La Revolución.
Me sacaron a la calle bajo la tormenta
y cantando me fui hasta Mexicali
con neblina en los ojos por La Rumorosa.
Cruce el río con la lengua de mi abuelo
hasta llegar a la ardiente Rockwood Plaza
en la que esperé bajo el temblor de un millón
de hojas cayendo antes del otoño.
El río sigue su cauce hacia las marismas
y el silencio es un torrente de pedazos. ~