Hechos, hipótesis o rumores. La evidencialidad como clave

En lingüística, la evidencialidad consiste en expresar de forma lingüística cuál es la fuente de la información que damos.
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Uno de los pilares de nuestra sociedad occidental es que el poder (todo el poder) reside en la ciudadanía. Nuestras elecciones mueven gobiernos, hacen fracasar o triunfar a las empresas, cambian decisiones, mueven el mundo. No obstante, al mismo tiempo, entre nosotros triunfa un sentimiento de insignificancia completa. Qué contradicción. El sistema parece estar basado en nosotros y sin embargo, sentimos que no lo está. Una de las claves de esta paradoja reside, sin duda, en la naturaleza de nuestras propias decisiones. Y es que, ¿hasta qué punto somos libres cuando elegimos? ¿Cómo seleccionamos la tienda que nos sirve, el producto que consumimos, el partido al que votamos? Más allá de restricciones estructurales en las que no entraré, un asunto crucial es el modo en el que los agentes implicados nos convencen; esto es, los mecanismos de persuasión que usan con nosotros. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos constantemente bombardeados por eslóganes y argumentos que tratan de mediar en nuestra percepción de la realidad.

Conseguimos que el sistema nos pregunte, sí, pero si nos engañan, de poco sirve el poder que conquistamos. El mayor peligro para nuestra civilización reside, por tanto, en el triunfo de las mentiras y las medias verdades. Y no estoy hablando de las campañas de marketing en las que ya no creemos ni los más ingenuos, sino en los discursos aparentemente serios de políticos y expertos que argumentan a favor o en contra de determinadas decisiones. Nuestra responsabilidad como ciudadanos es estar atentos y comprobar la veracidad de ese discurso público. Y para ello os propongo que, a partir de ahora, nos fijemos en cómo se fundamentan los mensajes que recibimos. Es este un tipo de información crucial que en Lingüística se denomina evidencialidad y que consiste en expresar de forma lingüística cuál es la fuente de la información que damos. 

Sin duda alguna, el modo más objetivo y serio de fundamentar los datos que nos ofrecen debería ser citar las fuentes oficiales en las que se basan. Pensémoslo: si usan una serie de hechos para convencernos de la bondad de sus medidas, ¿no es sensato esperar que dichos hechos estén probados? Así lo creo. De ahí que esperamos que el discurso público esté inundando de expresiones del tipo Según consta en el informe del Tribunal de Cuentas o De acuerdo con la estimación realizada por la Organización Mundial de la Salud. Cuando escuchamos estas expresiones, tenemos la impresión de que la información es seria. Claro está que pueden ser mentira. Será entonces labor de otros periodistas y políticos (¡ojalá!) comprobar la veracidad de esas fuentes. En cualquier caso, en última instancia son datos objetivos que se pueden comprobar. 

Menor nivel de confianza nos deberían dar, por el contrario, aquellos datos que se presentan como consecuencia obvia a partir de una serie de indicios. Aquí encontramos expresiones del tipo Por lo visto o A tenor de los hechos. Y también deberíamos sospechar de los argumentos basados en la experiencia personal con expresiones del tipo Yo mismo he visto o Ayer estuve. ¿Por qué no me parecen fiables estos datos? Pues porque, obviamente, ni todas las consecuencias lógicas son tales, ni todos los casos particulares se pueden generalizar. Os animo, por tanto, a que en estos casos nos paremos a pensar y decidamos hasta qué punto admitimos la argumentación. Hay que poner en marcha, no queda otra, nuestro sentido crítico.

El problema, en cualquier caso, es cuando no se nos informa de cuáles son las fuentes que usan para basar los datos que nos proporcionan. Todos haríamos bien en rechazar de plano la información que viene precedida de un Dicen que, Al parecer, Según apuntan los medios, Corre el rumor de que… Al usar estas expresiones, tratan de convencernos de sus ideas sin darnos la posibilidad de verificar sus fuentes. Mucho cuidado, especialmente, con aquellas oraciones que aparecen con los verbos en condicional, como en El líder del partido se habría reunido en secreto con... Este uso gramatical implica que el que habla no se compromete con lo que dice (quizá porque sabe que no es verdad o que no está probado), pero se aprovecha del rumor. Es el nadar y guardar la ropa de la oratoria. 

Es urgente que la población exija más rigor en los discursos de los que tratan de convencernos. De poco habrá servido, si no, haber conquistado el poder de decidir.


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