El exilio plural

Con motivo de los 25 años de su edición española, Letras Libres entrevistó a cuatro destacados autores acerca del exilio español en México. Esta conversación no solo se detiene en los claroscuros de aquel intercambio, sino que también subraya lo heterogéneo que fue: nos invita a comprenderlo no solo como un “transtierro” intelectual, sino como uno diverso y variopinto.
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James Valender:

El exilio español es un tema enorme porque la dispersión de los exiliados fue inmensa por Europa, pero también por América. Incluso llegaron a Rusia y algunos al norte de África. Es muy difícil hablar del exilio español en general porque cada país ofrecía condiciones muy distintas a los que llegaron desamparados. El caso de México es muy especial porque, junto con la Unión Soviética, fue el único país que abiertamente defendió a la República durante la Guerra Civil.

Cuando terminó la guerra, México ofreció su ayuda de una forma mucho más generosa que cualquier otro país. Organizó barcos que trasladaron a varios miles de exiliados y cuando llegaron a México les ofrecieron todo tipo de ayuda para que pudieran desenvolverse profesionalmente. Esto no fue el caso de muchos otros países de América Latina y tampoco de Francia, mucho menos de la Unión Soviética.

Manuel Aznar Soler:

Frente a la política de no intervención de las democracias occidentales, el único apoyo que tuvo la República Española fue el de la Unión Soviética y el de México. Fueron apoyos muy diferentes, pero desde el principio, y hasta la aprobación de la Constitución de 1978, México ampara a la República Española y no mantuvo ningún reconocimiento diplomático ni político a la dictadura militar franquista.

El 13 de marzo del año 39 se crea en París la Junta de Cultura Española presidida por José Bergamín y Juan Larrea. Ya desde el año 38 en la Embajada Republicana están en contacto con la legación mexicana, ellos dos van a acabar en México. En la medida en que ambos van viendo que el transcurso de la guerra va a concluir con la derrota de la República Española, se comienza a plantear que probablemente gran parte de los republicanos va a terminar exiliándose. Seguramente, se piensa entonces, a la primera frontera visible, la francesa, que es la de un país teóricamente de acogida porque también tiene un gobierno del Frente Popular. Ellos ya saben que, si se van a exiliar, al país que quieren irse es a México; así que están trabajando con lucidez en lo que va a ser el inmediato futuro. Hay que preparar el exilio, piensan, en México, porque es un país que está apoyando a la República Española y está ofreciendo una política de acogida muy generosa.

Clara Lida:

A partir de 1936 empieza la ayuda de México a la República Española y el primer paso es, en 1937, organizar el arribo de niños y jóvenes que son evacuados de los sitios de trabajo. México recibe a cerca de quinientos niños menores de edad a los que aloja en un espacio académico en la ciudad mexicana de Morelia. A partir de ese momento empiezan también a llegar, a cuentagotas todavía, algunos intelectuales que han salido de España por su edad, por su situación, sobre todo gente mayor. Y arriba una pequeña muestra del talento académico de alto nivel.

Manuel Aznar Soler:

El primer exilio va a ser el francés, está claro; por razón geográfica, es lo más inmediato, la primera frontera. Pero si tú eres un escritor o un periodista en el año 39 en Francia y lo has perdido todo, tienes que empezar de cero; tienes que comer todos los días y es difícil que encuentres trabajo como escritor. Por eso, la inmensa mayoría de intelectuales está pensando que lo que quiere es exiliarse en algún país americano. Eso el general Lázaro Cárdenas lo tiene muy claro durante la guerra, sabe que lo mejor de la intelectualidad española es republicana y va a acabar exiliándose, probablemente en América; entonces se anticipa. Crea, durante la guerra, La Casa de España en México para acoger a los mejores intelectuales y, naturalmente, también a obreros y campesinos.

Clara Lida:

Para 1939, con la caída de Barcelona, México inicia ya una política mucho más amplia, no a cuentagotas, de recibir a aquellos españoles que por un lado desean cruzar el Atlántico y a aquellos que las instituciones mismas, las organizaciones republicanas en el exilio, seleccionen. Así llegan, en total, unos 18 mil adultos y unos 5 mil menores de edad entre 1939 y 1950, puesto que hay una interrupción en el medio por la Segunda Guerra Mundial. Poco más de 20 mil refugiados españoles cruzan el Atlántico y son recibidos en México, donde se instalan y continúan, en la medida de sus posibilidades, con sus labores, trabajos, ocupaciones, pero ya integrados a la sociedad mexicana.

El exilio que llegó a México fue esencialmente muy variado en términos de sus perfiles laborales, de edad y de experiencia. Comparativamente, fue muy pequeño el grupo de intelectuales, artistas y científicos que llegó. Es un error pensar que todo el exilio fue uno de refugiados brillantes, destacados, ya con un nombre, con un perfil y una reputación académica hecha. Que México además recibiera una amplia dotación de intelectuales habla también de la preocupación por dar cabida a ese mundo de intelectuales desplazados y abrirles las puertas de instituciones mexicanas para que aquí pudieran continuar con sus labores de investigación, de creación, de trabajo académico, enseñanza, etc. Pero hay que tener en cuenta esta pluralidad de perfiles y no pensar solamente que el exilio español fue un exilio intelectual. Hay un exilio muy plural en el cual el mundo intelectual y artístico ocupa una parte pequeña y el mundo de los trabajos en distintos sectores de la economía, de la producción, incluso del desarrollo del Estado, es el más amplio y el más nutrido.

Manuel Aznar Soler:

Antes de las grandes expediciones de los barcos míticos –el Sinaia, el Ipanema y el Mexique; todos de la primavera-verano del 39– tiene que ir un barco en donde vaya la mayoría de la Junta de Cultura Española. Y la Junta de Cultura Española reúne a los mejores artistas, escritores, intelectuales. Son una minoría, quince o veinte personas, que Lázaro Cárdenas quiere que se anticipen a las grandes expediciones para poder afirmar que está llegando lo mejor de España. Fungen como una representación de los miles y miles que incluirán a escritores, pero también a obreros y campesinos. Que la recepción de las grandes expediciones esté precedida por el Veendam, donde viene la mayoría de la Junta de Cultura Española, gente de las ciencias y de las artes, sirve como escaparate o atractivo para que la acogida a las grandes expediciones sea relativamente positiva.

Digo relativamente porque está claro que el gobierno mexicano del general Lázaro Cárdenas estaba a favor, pero tenía una oposición de derecha muy fuerte. Entonces había una parte de la sociedad mexicana que, a los que llegaban, los llamaban rojos, españoles y “refugachos”. Había toda una prensa de derechas atacando al general Lázaro Cárdenas a propósito de los republicanos españoles.

James Valender:

El partido de Lázaro Cárdenas era revolucionario de izquierda y tenía, desde luego, sus enemigos. La derecha se opuso a algunas de las medidas tomadas por el presidente. La convivencia nunca estuvo libre de fricciones, pero tampoco hay que exagerarlas. El hecho es que poder llegar aquí y encontrar trabajo, así como la manera de salir adelante, significó mucho para los que habían pasado meses del invierno del 39 sobre las playas en el sur de Francia, guardados por honrados senegaleses del gobierno. El trato entre uno y otro país, de la noche a la mañana, era de una diferencia enorme.

Manuel Aznar Soler:

La tradición de inmigración española a México siempre había sido de índole económica. Los que partían iban a “hacer las Américas”, es decir, a explotar a los indígenas mexicanos; a costa de los cuales, normalmente, se enriquecían. Esos españoles eran los herederos de los conquistadores de Hernán Cortés, pues entonces se les llamaba despectivamente en México, y hasta hoy, “gachupines”. Por eso, cuando llegan los republicanos españoles, lo primero que quieren expresar es que ellos no vienen a conquistar México, que no son gachupines y que vienen a contribuir al desarrollo económico y cultural.

Así que, hasta entonces, los españoles que emigran a México se enriquecen. Ahí vienen los indianos, gallegos, asturianos que regresan a su tierra con signos de opulencia, de riqueza, como triunfadores. En cambio, los republicanos llegan desnudos de equipaje, como Antonio Machado. Esa diferencia cualitativa es fundamental, la actitud de los exiliados republicanos no tiene nada que ver con la de los gachupines, y la derecha mexicana es apoyada por los gachupines, los españoles migrantes económicos, contra el exilio republicano español.

Clara Lida:

Había existido una larga tradición en México de conflicto con las colonias españolas de inmigrantes establecidas en el país entre el siglo XIX y el XX. Y había mucha susceptibilidad entre unos y otros. Por un lado, un nacionalismo mexicano creciente; por otro lado, unos inmigrantes españoles económicamente fuertes que veían México como un lugar para hacer la América. Con el exilio, en cambio, se dio un giro fundamental: se reconoció a los refugiados como representantes de una España progresista, de una España liberal, de una España que no venía a hacer la América, sino que venía con la necesidad de ser reconocida y acogida para poder subsistir. Y esto cambió mucho la visión que en México se había tenido hasta esos años de la inmigración de los españoles.

Paloma Ulacia Altolaguirre:

Las memorias que yo tengo son heredadas de mi madre y de lo que se escuchaba en casa. Mi abuela Concha Méndez vivía en el jardín, en un bungalow, una casa de una recámara abajo y otro cuarto en el segundo piso, donde llegó a vivir Luis Cernuda cuando dejó Inglaterra.

Mi memoria del exilio empieza en el hecho de que en mi casa se ceceaba, lo cual la convertía en un mundo aparte del mundo de la calle. Íbamos a un colegio de refugiados españoles donde se compartía también esta forma tan española de hablar. Durante la infancia, los exiliados que visitaban a mi abuela en el jardín –ella ya estaba separada de Manuel Altolaguirre– eran María Dolores Arana y otros refugiados que vivían en el edificio Ermita en la avenida Revolución. Este edificio en forma de barco es el motivo de mi novela El ausente. Yo en esta novela hago una descripción de lo que era el ánimo y la problemática que enfrentaron los exiliados españoles. Creo que a los exiliados les unía, viéndolo desde mi novela, la correspondencia. En mi casa el correo llegaba todo el tiempo. Tanto mi abuela como mi madre estaban escribiendo cartas y recibiendo cartas de la familia perdida.

Manuel Aznar Soler:

Hay un hecho histórico que es decisivo para la acogida de los intelectuales españoles republicanos por parte de los intelectuales mexicanos. Me refiero a la celebración del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura que se inaugura el 4 de julio de 1937 en Valencia, entonces capital de la República. Ese es un congreso mítico donde asisten más de cien escritores de todo el mundo que han decidido testimoniar su apoyo a la República Española.

Son intelectuales antifascistas que piensan que el porvenir del mundo, en aquellos momentos, se está decidiendo en la guerra de España. Allí vienen delegaciones muy importantes de muchos países. Hay una delegación mexicana muy importante, que es la delegación de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México.

Y entre esta delegación, que es numerosa y con los escritores más importantes, viene un joven poeta de entonces veintipocos años que se llama Octavio Paz. Él tiene una revista que se llama Taller, a la que inmediatamente se integran los republicanos españoles a quienes ha conocido en Valencia, Madrid, Barcelona. Por ejemplo, a Juan Gil-Albert, redactor de la revista Hora de España, lo nombra secretario de Taller.

Es decir, Octavio Paz cumple una función muy importante en la integración de escritores republicanos exiliados en México, incorporándolos a las revistas, a las editoriales. Además de Taller, dirigida por Paz, también está la revista Romance, que crea un grupo muy importante de escritores republicanos españoles, los cuales, luego, en una segunda fase, van a trabajar ya directamente con los escritores mexicanos.

Y la Junta de Cultura Española, por otra parte, va a crear una revista importante, que se llama España Peregrina, dirigida por Juan Larrea, con la mayoría de la Junta de Cultura Española, y, por otra parte, la editorial Séneca, dirigida por José Bergamín, dedicada a publicar a los clásicos y a los contemporáneos españoles. Estamos hablando de los años 39, 40, 41; la inmediata integración. Estos son medios para que se vayan incorporando a la sociedad literaria mexicana los escritores republicanos españoles.

James Valender:

Había cierto recelo por parte de los intelectuales y los profesores ante la llegada de los exiliados. Hasta la Universidad Nacional Autónoma de México se opuso, temiendo que la llegada de un fuerte contingente de intelectuales y profesores de muy alto vuelo pudiera, digamos, desplazar a los que trabajaban ya en la universidad. Es algo que no se recuerda mucho hoy en día. La Universidad se opuso, sobre todo porque una de las primeras creaciones del gobierno de Lázaro Cárdenas fue La Casa de España en México, que alojó a un número reducido de intelectuales y les ofreció unas condiciones de trabajo que los profesores de la Universidad no tenían.

Clara Lida:

Para este exilio plural, hay que pensar que el gobierno mexicano, por una parte, facilitó el ingreso de los trabajadores técnicamente más cualificados a distintas empresas e industrias, sobre todo a las propias de un gobierno nacionalista posrevolucionario. Además de que permitió el trabajo privado en distintos sectores de la industria, del comercio y de otros servicios. Pero, para recibir a los intelectuales exiliados, artistas y científicos, México también recurrió a abrir las puertas de instituciones de altos estudios que se estaban formando o se habían formado en el país, como la Universidad Nacional, las universidades de provincia o el Instituto Politécnico Nacional, que se había fundado pocos años antes, a mediados de la década de los treinta.

Y más allá de los existentes, también por recomendación y por la acción de algunos académicos e intelectuales mexicanos, se convenció a Lázaro Cárdenas, entonces presidente, de que se creara una institución de acogida a quienes no tenían cabida en otros espacios. Así nació La Casa de España en México, fundada y dirigida por intelectuales mexicanos para dar espacio a intelectuales españoles refugiados y ayudar como un punto de selección para otras instituciones ya existentes de aquellos que llegaban.

Manuel Aznar Soler:

Esa institución, La Casa de España en México, es tan importante que finalmente deriva en lo que es El Colegio de México actualmente. La aportación del exilio intelectual español a la cultura mexicana es cualitativamente fundamental e inmediata, porque a dos o tres años de su llegada se ha integrado lo mejor de la cultura española y se han creado ya las nuevas instituciones mexicanas. El Colegio de México sigue siendo el centro de investigación más importante de toda América Latina. Y hay una parte fundamental de su creación que se debe a los republicanos españoles.

James Valender:

Si bien esto fue algo muy generoso por parte de México, tampoco hay que olvidar el hecho de que México se benefició mucho de la llegada de los intelectuales. Llegaron muchos médicos y profesionistas de otros campos. Los españoles dejaron una obra enorme que ayudó a transformar un país que recién salía de una revolución sangrienta en un país con instituciones y con cierta solidez económica.

Manuel Aznar Soler:

La política por parte del general Lázaro Cárdenas fue muy inteligente y generosa, pero también muy interesada. Porque, efectivamente, él acierta en el sentido de que toda esta intelectualidad española republicana va a contribuir al desarrollo intelectual y cultural de su país. Y así fue.

James Valender:

Es una de las ironías de la historia que toda una generación de profesionistas, de gente de leyes, de medicina, de investigación científica, que fue creada, en gran medida, gracias a la Institución Libre de Enseñanza de España durante treinta años en las primeras décadas del siglo XX, haya sido regalada a México. Fue realmente México quien salió beneficiándose de esta gran producción, de una, hay que decirlo, burguesía ilustrada. Era realmente la propuesta de la Institución Libre de Enseñanza el transformar España a través de la creación de una gran burguesía ilustrada.

Una de las cosas más notables de las primeras décadas del siglo XX en España fue este proyecto de transformación reformista. Estaba al margen de cualquier cambio revolucionario a través de la violencia; buscaba, más bien, que poco a poco, mediante la creación de esa clase nueva, se pudiera transformar al país. Por ello que resulte triste, por un lado; pero maravilloso para México.

Se puede hablar de una generación truncada que estaba preparada para llevar a cabo una labor social muy importante, y que, de pronto, el espacio en que pudieron finalmente desenvolverse fue el espacio mexicano. ~

Este texto está basado en El exilio español en México, un podcast de Letras Libres España, grabado y editado por Yes We Cast.


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