Iustración: Autor desconocido, dominio público. / Creative Commons

Poesía novohispana

La literatura de la Nueva España ha sido subestimada e incluso denostada por los estudios literarios. Pero constituyó una época de mucha riqueza inventiva y poética, producto de una sociedad que tuvo confianza en sí misma, tal y como lo muestra el más reciente libro de Martha Lilia Tenorio.
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La Nueva España fue un tema prohibido en México. Según el historiador José María Luis Mora (1794-1850), “fue un sistema de atraso, privilegios y servidumbre” (“Revista política de las diversas administraciones que ha tenido la República hasta 1837”, en la web). Ante tamaña descalificación, ¿para qué molestarse en estudiarla? La ignorancia ahorra mucho trabajo.

Los interesados en el tema se volvían sospechosos de ociosidad, cuando no de traición a la patria independiente, reformadora y revolucionaria que nació en 1810.

Pero Alfonso Méndez Plancarte puso en evidencia el tamaño de la omisión con su Antología de poetas novohispanos (Biblioteca del Estudiante Universitario, UNAM, tres tomos, 1942-1945).

Y Fernando Benítez reeditó La vida criolla en el siglo XVI (1953) como Los primeros mexicanos. La vida criolla en el siglo XVI (1961). México no nació en 1810.

Octavio Paz normalizó el tema en la revista Plural con el número (46, julio de 1975) dedicado a “Nueva España y nosotros” para “descubrir, en nuestra sociedad y en nosotros mismos, la presencia, el presente, la realidad viva de Nueva España. Una realidad que nuestra historia oficial desdeña o, lo que es peor, simplifica y mutila”.

Hoy, Martha Lilia Tenorio, que ha leído toda la poesía novohispana y todos los comentarios que ha recibido, así como la información histórica y social sobre esos tres siglos, no solo en libros y artículos impresos, sino también en manuscritos y documentos de archivo; después de muchos años de trabajo, publica una Historia mínima de la poesía novohispana (El Colegio de México, 2026).

No es una historia mínima. Tiene casi cuatrocientas páginas, sin contar el índice de nombres, que no tiene y debería tener. Es un admirable recorrido desde los orígenes, que fueron un trasplante y prolongación del Siglo de Oro español.

Señala la abundancia de poetas, y recuerda el sarcasmo de Fernán González de Eslava (1534-1599): poetas en la Nueva España “hay más que estiércol”.

Como ejemplo señala el caso de un certamen para la Inmaculada Concepción, convocado por la Universidad en 1683: concursaron más de quinientos poetas. En proporción a la población, hoy serían cuando menos cien veces más: 50 mil, cifra que ni remotamente hay, pero que sí da idea de la intensidad poética de entonces.

A este tipo de poesía escrita para certámenes, arcos de triunfo, túmulos, debates en verso, homenajes y celebraciones llama “poesía oficial”, en contraste con la personal y popular.

En la Nueva España, también se escribió mucha poesía en latín y se cantó en lenguas indígenas, pero se ocupa únicamente de la poesía en español.

Dice que la poesía oficial, aunque escrita por poetas cultos, fue con frecuencia anónima, como si las obras fueran más importantes que los autores. En el caso de los certámenes, en muchos casos, no quedó registro ni el nombre de los ganadores.

El libro está cargado de datos que fluyen con naturalidad, sin estorbar la lectura. Abundan los ejemplos de poemas transcritos, con explicaciones en caso necesario. No se abstiene de hacer juicios, incluso negativos (“paja”).

Tiene una capacidad notable de ambientación que comunica la vivencia de la poesía en la vida de los novohispanos.

Fue una vivencia positiva, feliz, celebratoria. La poesía novohispana no llora. Los novohispanos, como los novoingleses, tuvieron confianza en sí mismos. Se lanzaron a la expansión territorial hacia el norte y hacia el Lejano Oriente. Se veían como triunfadores, no como vencidos.

En 1604, Bernardo de Balbuena publicó Grandeza mexicana, poema libro en octavas reales (endecasílabos con rimas AB, AB, AB, CC) que exalta a la Ciudad de México; y se da el lujo de empezar con un índice temático que es la primera octava real:

De la famosa México el asiento,
origen y grandeza de edificios,
caballos, calles, trato, cumplimiento,
letras, virtudes, variedad de oficios,
regalos, ocasiones de contento,
primavera inmortal y sus indicios,
gobierno ilustre, religión y estado:
todo en este discurso está cifrado. ~


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