Estimado señor director:
Una vez más me topo en Letras Libres con un cuestionamiento que no busca plantear en el texto su propia respuesta, sino que cumple su cometido al simplemente alertar al lector de cierto estado de las cosas, hasta entonces tristemente inadvertido.
Me refiero en este caso al texto del Sr. Félix de Azúa, “El campo del honor”, en el que el autor echa de menos los tiempos cuasi míticos en los que el enfrentamiento artístico entendido desde la obra y no desde el personaje adquiría tintes de auténtico duelo. La imagen del artista enfrentado a muerte por defender su idea estética es contrastada por Azúa con otra, igual de elocuente, que es la del creador acobardado me lo figuro aniñado que chapotea en un charco de impotencia, de mal llamada tolerancia y, lo que es peor aún, de buenas maneras.
El gran temor de pasar por reaccionarios ha llevado a ciertos creadores a eliminar de sí mismos cualquier indicio de postura estética, y a hacer pasar su medianía y tibieza por legítimo derecho a la no autoexplicación.
Que la arenga del Sr. Azúa sirva para eliminar el sopor que se percibe en nuestras galerías y museos. Por mi parte, y sin más por el momento, lo felicito por su publicación y le agradezco hacernos partícipes de las ideas másvivas. –
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