Las pruebas del viaje

El Museo del Prado acoge la muestra Tornaviaje, que reúne obras de arte y objetos producidos en Iberoamérica que llegaban a España.
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De entre el centenar de piezas que ha elegido el Museo del Prado para su exposición Tornaviaje, que ofrece un repaso esbozado a la historia de los virreinatos en América, me voy a detener en unas pocas. Es una exposición breve, que se ve con calma en una hora, y en la que nos hacemos una idea de la variedad, más que de la magnificencia o cantidad, de objetos y obras de arte que se producían en Iberoamérica y que llegaban a España. Lo anterior no quiere decir que no sean buenas piezas, porque las hay arrebatadoras, sino que la selección parece obedecer a un criterio de diversidad en el que veamos un poco de todo: filigranas, tallas, óleos, plumarias, custodias o enconchados. Algunas de estas técnicas son características del arte americano: la plumaria por ejemplo. Sin duda un criterio de abundancia podría haberse cumplido también, ya que hubo muchísimos talleres y artistas trabajando en América en ese tiempo y el trasiego de obras fue constante. En el catálogo se advierte que en cierto momento llegaban más obras de América que de Italia o de Flandes. Pero aquí el trabajo parece haber sido el de una selección cuidadosa y representativa. Ha comisariado la exposición el catedrático de la Universidad de Granada Rafael Pérez Guzmán, con la ayuda de Jaime Cuadriello y Pablo F. Amador, que forman parte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Las piezas se las han prestado al Prado instituciones como el Museo de América, el Lázaro Galdiano o el de Ciencias Naturales, así como el Archivo General de Indias o muchos conventos de todo el país, e incluso algunas proceden de colecciones particulares. También se expone aquí el famoso retrato de cuerpo entero de Moctezuma –atribuido a Antonio Rodríguez Beltrán– que pasa el tiempo en el Palacio Pitti de Florencia desde que lo compró Cosme II de Médici.

Peana de la Virgen de la Caridad que representa el cerro de Potosí. La Virgen de la Caridad es la patrona de Villarrobledo, en Albacete, donde tiene un santuario. Diego Morcillo, que fue arzobispo de Lima y virrey del Perú entre 1720 y 1730, había nacido en Villarrobledo. Envió en 1719 de regalo a su pueblo esta peana de plata repujada para la efigie de la Virgen, una reproducción del cerro Rico de Potosí, en Bolivia, por la que ascienden en espiral pequeñas figurillas. La plata la extrajeron de las mismas minas del interior del cerro que aquí vemos a escala. 

Virgen de Copacabana. La Virgen mira de frente y el conjunto es muy hierático, pero el Niño se revuelve en brazos de la Virgen como si quisiera zafarse de ella y tirarse al suelo, como si este cuadro fuese una instantánea que capta el momento fugaz. Se conserva en el convento de Santa María de Jesús de Sevilla, ciudad donde lo pintó alguien cuyo nombre no sabemos. La playa de Copacabana, en Río de Janeiro, se llama así porque en el distrito hubo una capilla con una efigie de la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia.

Biombo de la Conquista de México y La muy noble y leal ciudad de México. Es un biombo de diez hojas, de dos metros de altura y seis de longitud. Está pintado al óleo y con detalles en pan de oro. Forma parte de una colección particular, y el Museo del Prado lo restauró este año, antes de exponerlo como obra invitada antes de la inauguración de esta exposición, de la que es una de las piezas estrella por su belleza despampanante y por los motivos que tiene pintados. Por un lado se ven escenas simultáneas de la caída de Tenochtitlán, y por el otro hay una vista de la ciudad de México desde el cerro de Chapultepec. Nada más entrar en la sala el biombo, que está en el centro, capta toda la atención, pero además, al acercarnos y fijarnos en los detalles, podemos quedarnos colgados (¡arrebatados!, como diría Pedro-Will More en la peli de Iván Zulueta) durante minutos en las acciones que tienen lugar en los cruces de las calles de aquel México aún tan pequeño, en los gestos de las personas que componen las muchedumbres implicadas en el sitio de Tenochtitlán, en los detalles de su ropa, en el caos fragmentado en cada detalle.

Sahumador en forma de ciervo. Es una pieza pequeñita y desde luego modesta si la comparamos con una gran cruz también hecha de plata que está en mitad de la sala contigua, pero la observación del cuerpo compuesto a base de finos hilos nos revela la materialidad de la palabra filigrana, en la graciosa figura de este animal salido de un obrador de Perú, donde también estuvo de moda fabricar sahumadores con formas de armadillos, pavos o llamas. 

Cocodrilo disecado. En su ermita de Icod de los Vinos, en Tenerife, acompaña a la Virgen de las Angustias, que también se expone en esta muestra. Aunque ahora se conserva en una urna de vidrio, durante mucho tiempo este cocodrilo estuvo colgado del techo de la ermita, como el que aparece en un grabado del XVII de Paolo Maccio conservado en la Biblioteca Nacional y reproducido junto a la cartela y que lleva como leyenda “Que los malos ahuyenten a los malos”. También en la iglesia de San Ginés, en Madrid, se expuso durante mucho tiempo un cocodrilo disecado. Se encuentran cosas insólitas en las iglesias.

Mitra de plumas. Se conserva en el Cabildo de la Catedral Primada de Toledo. Está hecha de plumas de quetzal, seda y lino. Parece que la hicieron en Pátzcuaro a mediados del siglo XVI. Tiene casi quinientos años; es sorprendente que no esté deslucida del todo, de cerca se pueden aún apreciar, entre las figuras de los santos y los motivos vegetales, los detalles irisados de las plumas del pájaro que voló hace cinco siglos. En Cielo e infierno, Aldous Huxley cuenta cómo la luz que entraba por las vidrieras, los reflejos en los hilos dorados de las casullas, los metales preciosos de los relicarios inducían a los fieles a la experiencia visionaria. El brillo de las plumas de quetzal en la cabeza del oficiante de la misa, o durante la procesión al aire libre, sin duda debía de provocar el mismo efecto. 

Tornaviaje. Arte iberoamericano en España
Museo del Prado, Madrid. Del 5 de octubre de 2021 al 13 de febrero de 2022

Imagen: Pueblo de Teotenango, en el valle de Matalcingo, en Nueva España. 1582, Sevilla, Ministerio de Cultura y Deporte, Archivo General de Indias, MP-México-33