Durante buena parte del siglo XX mexicano, la pintura estuvo marcada por un fuerte nacionalismo. El muralismo y gran parte de la Escuela Mexicana de Pintura hicieron del arte un espacio destinado a narrar la Revolución, informar al pueblo y cuestionar el proyecto moderno del país. A mediados de siglo, la llamada Ruptura –más un conjunto de trayectorias individuales que un movimiento formal– cuestionó ese modelo patriótico y pedagógico. Artistas como Juan Soriano, Manuel Felguérez, Vicente Rojo y José Luis Cuevas se liberaron de ese peso ideológico y concibieron la pintura como un espacio menos pragmático, más personal y abierto a influencias internacionales. Algunos hicieron de esa ruptura una postura crítica explícita –Cuevas, por ejemplo, cuestionó el muralismo y el nacionalismo cultural–, mientras otros simplemente avanzaron a contracorriente. En ese ambiente se sitúa Roger von Gunten, quien pobló su obra de animales singulares y jardines coloridos.
Roger von Gunten nació en 1933 en Zúrich y se formó en la Kunstgewerbeschule (Escuela de Artes Aplicadas) de esa ciudad. En los años cincuenta llegó a México para emprender un viaje por la carretera Panamericana, con la idea de llegar hasta la Patagonia. Sin embargo, le ocurrió lo que a muchos artistas europeos de mediados de siglo: lo sedujeron la gente, la cultura, los paisajes y el sol. Lo que comenzó como una estancia temporal se convirtió pronto en su hogar: se naturalizó mexicano y desarrolló aquí la mayor parte de su obra.
Irónicamente, su extranjería le dio una libertad particular frente al contexto artístico mexicano. No estaba obligado a inscribirse en una narrativa nacional ni a responder a las tensiones ideológicas. Von Gunten aprovechó esa distancia para recorrer el país desde la costa hasta el altiplano. Si Suiza lo formó en la tradición europea que le enseñó la teoría y la disciplina del oficio, México le reveló explosiones de colores en sus atardeceres encendidos, sus mercados llenos de frutas tropicales, sus paisajes y su vegetación. En un video publicado por Canal Catorce en 2022, el artista contaba que provenía de la escuela del teórico del color Johannes Itten, figura clave de la Bauhaus, a quien se le atribuye la formulación de los siete contrastes del color (contraste de tono, de claro-oscuro, de frío-caliente, de complementarios, de simultaneidad, de saturación y de extensión). Itten advertía sobre el uso simultáneo de todos estos contrastes y subrayaba la necesidad de jerarquía y equilibrio en la composición. Sin embargo, Von Gunten encontró que, cuando se atrevía a emplearlos todos en una misma pintura, se producía algo particularmente rico. La armonía no se perdía entre los contrastes, sino que se intensificaba.
En entrevista con Merry MacMasters, Von Gunten afirmó: “La cultura es un arcoíris de la conciencia humana. No importa cómo sea el paisaje, bien o devastado, el arcoíris lo transfigura todo”. En la misma conversación: “Eso pienso cuando trazo un entorno y veo cómo lo lleno. Eso va contra la naturaleza expansiva del color que se extiende hasta que topa con otro color y diga: ‘aquí empiezo yo’”.
Rafael Segovia relató en su texto “Roger Von Gunten no ha muerto”la sorpresa que le produjo una exposición integrada únicamente por obras no figurativas del artista. Los animales y jardines habituales habían desaparecido. Lo que quedaba eran “manchas dispuestas en cada cuadro como un evidente experimento que combinaba vibraciones, intensidades, gamas y matices, y cuyo objetivo era únicamente la búsqueda de la luz, de la trascendencia del color hacia la luz pura (si es que eso existe)”. Añadió: “Creo haber entendido entonces algo muy profundo en la pintura de Von Gunten. Los motivos, los temas, las figuras, las historias en sus cuadros eran tan solo un pretexto. La verdadera revelación que contenían era la del secreto de la luz, o, más bien, el secreto mismo de cómo la luz da existencia a los colores.”
El escritor y crítico de arte Juan García Ponce escribió sobre Von Gunten: “Pintar es un estado de inocencia, pintar con la difícil simplicidad del que cree que solo pintó lo que vio, aunque la imagen que nos ofrece resulta totalmente personal y diferente, tal como ocurre con los niños, es una de las grandes aspiraciones de todo artista.” Vio así una tensión constante entre la aparente inocencia de la imagen y la plena conciencia del oficio. Un cruce que ayuda a entender por qué su pintura logró sostenerse más allá de las coyunturas generacionales.
A lo largo de más de seis décadas de trabajo, Roger von Gunten realizó más de ciento veinte exposiciones individuales y participó en más de doscientas colectivas, además de incursionar en la escenografía, el grabado y la docencia. Desde 1993 fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, y en 2014 recibió la Medalla Bellas Artes, el máximo reconocimiento que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura en artes plásticas. El Museo de Arte Moderno resguarda seis obras de su autoría; una de ellas se exhibe actualmente en la muestra La aparición de lo invisible. Arte no figurativo en México.
Von Gunten murió el 18 de febrero de 2026, en su casa de Tepoztlán, ante el mismo paisaje que durante años nutrió su arte. Sin embargo, su legado no se detiene ahí. Su trayectoria, ajena a modas y consignas, nos deja una forma profundamente libre de entender el color y la pintura. En sus jardines, animales y superficies cromáticas una parte de Roger von Gunten seguirá viva. ~