La promesa de las células madre

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El desfile de inválidos neuronales que se acercan lastimosamente hacia el célebre complejo hospitalario La Pitié-Salpêtrière pasa inadvertido para la mayoría del público y a mí me anuncia que estoy cerca de cumplir a tiempo con mi cita. Mientras cruzo por la capilla veo en la figura de un enfermo de Parkinson o en el rostro desencajado de una mujer que, tal vez, ha olvidado los colores de la revista que acaba de ver mientras esperaba a su médico, toda la esperanza en una frase que puede cambiar nuestro concepto de vida en las próximas décadas: las células madre.
     ¿Qué son?, ¿de dónde salen?, ¿por qué el Papa condenó su investigación? Me encontré con el profesor Constantino Sotelo, una de las autoridades en Francia y el mundo para hablar de este tema candente y delicado:
     Se sabía ya desde 1969, gracias a los trabajos de Joe Altman, que en algunas regiones del sistema nervioso adulto, como el bulbo olfatorio y el hipocampo, podía haber proliferación celular. Pero el trabajo seminal lo realizó Sam Weiss, en Canadá. Él encontró lo que se conoce como las células madre. Observó que dichas células eran pluripotentes y tenían la capacidad de diferenciarse en los tres elementos celulares que pueblan el sistema nervioso central, neuronas, astrocitos y oligodendrocitos. A partir de esos trabajos, publicados en 1992, ha habido una búsqueda enorme de células madre.
     Sabemos también que las células madre son capaces de originar células sanguíneas. Además, los embriones tienen una masa celular indiferenciada donde hay células madre embrionarias que, cuando se cultivan, son capaces de dividirse y dar origen a multitud de nuevas células madre, las cuales guardan su poder de pluripotencialidad y pueden transformarse en neuronas, células musculares y células sanguíneas. Puede usted entender el campo enorme que se abre delante de nosotros, las posibilidades magníficas que vamos a tener desde una caja de Petri. Podremos cultivar células y proyectar su diferenciación, ya sea hacia el estado neuronal, hacia el estado oligodendroglial o hacia el astrocitario.
      
     ¿Cuáles serían los beneficios?
     Enfrentar por primera vez, seriamente, el mal de Parkinson, el de Hunginton y, en general, todas las enfermedades neurodegenerativas. Aunque es imposible saber a qué velocidad puede avanzar la ciencia para alcanzar una verdadera terapia. Lo que parece seguro es que, a partir de estas células madre, podremos disponer de capacidad celular para reparar parte del sistema nervioso central por trasplantación. Podremos elegir la diferenciación de estas células. Por ejemplo, si decidimos que sea oligodendrocitaria, tendríamos una serie de oligodendrocitos capaces de remielinar placas de la esclerosis múltiple. Aquí destaca la investigación del español Ernesto Arenas, quien a partir de células madre ha conseguido que las neuronas produzcan tiroxidasa, la enzima necesaria para la síntesis de la dopamina. A partir de células muy diferenciadas, tratándolas con factores neurotróficos y con factores mitógenos especiales, ha conseguido orientar la diferenciación neuronal de estas células hacia células dopaminérgicas. Así que si tales células mantienen la expresión de su genotipo, una vez que han sido trasplantadas tendríamos un material extraordinariamente rico para tratar la enfermedad de Parkinson, pues no habría necesidad de ir a buscar células de la sustancia negra del feto y extraerlas para su trasplante. Déjeme aclararle que aquí no estamos sólo frente a un problema ético sino frente a un problema práctico, pues la supervivencia de las células trasplantadas es pequeñísima. Y cuando se trasplanta a un enfermo parkinsoniano, digamos, unas doscientas mil células, finalmente se va a quedar con dos mil, tres mil a lo sumo.
      
     ¿Qué hace falta, entonces?
     Hay que poner muchas regiones del mesencéfalo, y esto quiere decir disponer de muchos embriones humanos. Por si fuera poco, los embriones deben de tener entre quince y 21 semanas. Ya se imaginará el problema que tenemos para poder tratar enfermos de Parkinson con esta terapia, que, por lo demás, parece tener buenos efectos.
     Ahora bien, si se consigue dominar la diferenciación de las células madre, dispondríamos de ellas directamente de la sala de cultivos y se podrían trasplantar a la gente. Esto sería una especie de panacea para el tratamiento de algunas enfermedades, claro, a condición de que la trasplantación tenga una acción curativa en estos enfermos, que no siempre es el caso. Uno de los problemas esenciales desde el punto de vista ético que tiene que afrontar un investigador es saber limitar su entusiasmo y no dar falsas esperanzas a los enfermos y sus familias. Estoy harto de ir a los Estados Unidos y escuchar en las noticias de los grandes descubrimientos que hacen los norteamericanos, y que ya hemos triunfado sobre las enfermedades neurodegenerativas y el cáncer, que ya dentro de poco el Alzheimer no será un problema. Todo eso es falso. Es verdad que se han hecho progresos extraordinariamente importantes, pero yo no creo que tengamos aún una terapia para el cáncer o las enfermedades neurodegenerativas. Creo, porque creo en la ciencia, que sí las vamos a tener. Pero nadie puede decir si será mañana o dentro de veinte años, o quizá dentro de un siglo. –

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