Foto: Nenad Stojkovic, CC BY 2.0

Las mujeres sostienen los sistemas de salud, pero los hombres los lideran

En México, se requieren políticas públicas para terminar con las inequidades en la distribución de los puestos directivos dentro del sector salud. Las mujeres que ya tienen roles de liderazgo serán clave para ese cambio.
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“Debía ser perversa la mujer que quiere estudiar Medicina, para ver cadáveres de hombres desnudos”, rezaban algunas de las críticas que enfrentó Matilde Montoya Lafragua para poder estudiar esa profesión. Al final, ni esas críticas ni los muchos obstáculos que tuvo a lo largo de la carrera, que pasaron por burlas, protestas y discriminación por parte de compañeros y maestros, y hasta que se le negara, sin éxito, el poder hacer el examen profesional, porque los estatutos de la Escuela Nacional de Medicina hablaban de alumnos, no de alumnas, impidieron que, en 1887, Montoya se convirtiera en la primera “señorita porfiriana” en graduarse como médica.

Han pasado 135 años de esa graduación y algunas cosas han cambiado. Las mujeres han nutrido y reforzado su presencia en el sector salud. De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en 2021 México contaba con 3,790,214 personas ocupadas en el sector salud,

{{ De esas, 305,418 son personas ocupadas como médicos, de las cuales 54% son hombres y 46% mujeres. }}

65.66% de ellas eran mujeres. Esto concuerda con datos globales de la OMS, que dicen que las mujeres constituyen el 70% de los trabajadores en el sector social y de la salud.

Pero otras cosas han cambiado bastante menos, pues si bien los datos dicen que los sistemas de salud están sostenidos por mujeres, también muestran que siguen siendo liderados por hombres.

Vayan algunos datos que presentó México ¿cómo vamos?, como parte de la iniciativa Medicina con M de Mujer, que encabeza Juana Ramírez:

  • Las mujeres representan 7 de cada 10 personas ocupadas en el sector salud en México.
  • Pero solo 6% de las mujeres en el sector salud ocupan posiciones directivas.
  • En todas las ocupaciones, a excepción de enfermería, los hombres tienen una mayor percepción salarial que las mujeres. En los puestos directivos, donde la magnitud de la brecha es mayor en promedio, por cada 100 pesos que un hombre gana, las mujeres ganan 81.67.
  • Los hombres ocupados en actividades del sector salud solo destinan 6.5 horas semanales al trabajo del hogar y de cuidados. Las mujeres dedican el triple, 18.8 horas semanales.

Las dinámicas que se imponen para mantener estas cifras incluyen una estructura jerárquica vertical que lleva años siendo cuestionada por sus prácticas pedagógicas, sesgos de edad, y las brechas en el trabajo del hogar y de cuidados no remunerados entre hombres y mujeres.

Es importante que en el sector salud exista una mayor participación de las mujeres, pero si se mantienen las estructuras de desigualdad, las brechas salariales y las inequidades en la distribución de los puestos en los que se toman las decisiones, seguiremos en una versión actualizada de las “señoritas porfirianas”. Vayan tres fechas agridulces como muestra:  

  • Tuvieron que pasar 114 años desde la inauguración del Hospital General de México para que, el 11 de febrero de 2019, la doctora Guadalupe Mercedes Lucía Guerrero Avendaño fuera nombrada directora. Y el día que la nombraron, según ella ha contado, un colega dijo: “No sé qué tanto celebran. La doctora debería estar en casa cuidando a sus hijas”.  
  • No fue hasta 2019, a 75 años de su fundación, que el Colegio Mexicano de Ginecología y Obstetricia nombró a ¡su primera presidenta!
  • Transcurrieron 156 años para que la Academia Nacional de Medicina fuera presidida por una mujer, la doctora Teresita Corona Vázquez.

Para que los cambios no sucedan en cada centenario, es preciso, como propone México ¿cómo vamos?, impulsar políticas (más allá de las cuotas de género) que busquen incrementar la participación de las mujeres en este tipo de ocupaciones. Es decir, “impulsar los rezagos legislativos en materia laboral, sobre todo aquellos relacionados con cuidados, como la ampliación de licencias de paternidad y el sistema nacional de cuidados”.

Algo que, intuyo, tendrá un efecto tanto o más poderoso que la construcción de esa política pública es el cambio que veo ya en muchas mujeres del sector salud, que no quieren ser solo “el modelo a seguir” para otras jóvenes, sino que cada vez más se convierten en una especie de “modelo de cambio social”. Quiero decir que no solo están ahí para que sigamos su ejemplo, sino para ayudarnos activamente a redistribuir el poder, ampliar los espacios de decisión y aumentar la participación de las mujeres en ellos. Solo de esa forma podremos conseguir un sistema de salud sostenido y liderado, de manera equitativa, por hombres y mujeres.


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