Mossadegh-keller and Mailfert, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

Mujeres en la ciencia ayer, hoy y mañana

Las mujeres tienen un papel central en la ciencia, que a menudo no es reconocido. El 11 de febrero se celebra un día que busca cambiar eso.
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En el pasado se consideraba que la ciencia y la tecnología eran actividades masculinas. Muchas mujeres que estaban interesadas en áreas como las matemáticas o la física tuvieron que valerse de distintos artilugios, como estudiar a escondidas o hacerse pasar por hombres para publicar su trabajo. Un ejemplo de ello es Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), una mujer novohispana con una inteligencia excepcional que decidió tomar los hábitos de monja para poder dedicarse al estudio. Entre sus vastos intereses se encontraba la ciencia. Entre otras cosas, incursionó en el estudio de la astronomía y la meteorología, como se puede observar en su magistral Primero sueño. Del mismo modo, se cree que tenía conocimientos avanzados sobre matemáticas y microscopía, temas sobre los que probablemente deliberaba con su amigo Carlos de Sigüenza y Góngora.

En el siglo XIX también hay varios casos importantes de mujeres que encontraron barreras para estudiar debido a su género. Una de ellas es Sophie Germain (1776-1831), una gran matemática francesa que adoptó el pseudónimo masculino de Antoine Auguste Le Blanc para poder dar a conocer su trabajo. Otra es Sofía Kowalevskaya (1850-1891), quien se casó con un hombre al que no amaba, en un “matrimonio blanco”, para salir de su Rusia natal y así estudiar en Alemania con Karl Weistrass, uno de los grandes matemáticos de la época. Ella se convirtió en la primera mujer en obtener un doctorado en Europa.

Con la llegada del siglo XX, la entrada de las mujeres a las universidades se empezó a normalizar. No obstante, muchas veces se les negó el reconocimiento por su trabajo. Es bien conocido el caso de Rosalind Franklin (1920-1958), quien obtuvo la primera fotografía del patrón de difracción de rayos X del cristal del ADN, gracias al cual se determinó su estructura. Por ese logro de suma importancia se le otorgó el premio Nobel a James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins, aunque no a la propia Franklin. Otra historia similar es la de Jocelyn Bell (1943), una radioastrónoma que como estudiante de doctorado codescubrió los pulsares, pero fue su asesor de tesis, Anthony Hewish, el galardonado con el Nobel por tal hallazgo.

Hay varias mujeres mexicanas que destacaron en sus campos y de las que poca gente ha oído hablar. Entre ellas podemos mencionar a Paris Pişmiş (1911-1999), pionera de la astronomía en nuestro país; a Alejandra Jáidar (1938) una de las primeras físicas mexicanas y a Ruth Gall (1920-2003), a quien sus colegas apodaban “Madame cosmic rays” por sus estudios pioneros sobre los rayos cósmicos ultraenergéticos.

Y, por supuesto, hay varias científicas mexicanas que hoy están haciendo investigaciones de gran relevancia en nuestro país. Entre muchas otras, puedo mencionar a Alicia Negrón, del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, quien estudia los procesos fisicoquímicos que probablemente tuvieron lugar antes del origen de la vida en la Tierra; a Guillermina Burillo, científica de la misma dependencia que trabaja con polímeros inteligentes capaces de liberar fármacos de manera controlada; a Karen Volke, del Instituto de Física de la UNAM, quien trabaja con una técnica llamada pinzas ópticas, que permite mover objetos muy pequeños por medio de luz; y a Karina Cervantes, de la Facultad de Ciencias de la UNAM, experta en el estudio de meteoritas y condritas.

En fechas recientes se han creado diversas iniciativas para visibilizar a las mujeres científicas. Una de ellas es #NoMásMatildas, una iniciativa española cuyo nombre proviene del llamado “Efecto Matilda”. Dicho término, que alude a la falta de reconocimiento a las mujeres científicas, fue acuñado por la historiadora Margaret Rositter en honor a la activista Matilda Joslyn Gage (1826-1898), una sufragista y abolicionista que luchó en Estados Unidos por los derechos de las mujeres y de las minorías, y que sufrió el fenómeno en carne propia. Gage escribió que “aunque la educación científica a la mujer le fue negada enormemente, algunos de los inventos más importantes del mundo se deben a ella”. Esta frase describe lo que sucedió también con mujeres como Ada Byron (1815-1852), precursora de la computación moderna, o Hedy Lamarr (1914-2000) quien inventó el wifi. Más recientemente, también a Katlin Kariko, la investigadora detrás de la vacuna de mRNA contra la covid-19.

Además de darle reconocimiento a las mujeres que han llevado a cabo investigaciones importantes, este tipo de campañas impulsan las vocaciones científicas de las niñas mostrándoles roles positivos. Esto es importante porque la educación sobre la ciencia, la tecnología y la innovación son parte de los derechos humanos, por lo que se debe garantizar que las niñas y las mujeres tengan acceso a dichos temas en condiciones de igualdad y, que puedan dedicarse a ello plenamente y sin violencia.

Por otra parte, el conocimiento científico nos permite tener una visión integral del universo, saber dónde y cómo surgió la vida, como funciona nuestro cuerpo, entender a otros organismos, estudiar a nuestro planeta o explorar otros planetas, por ejemplo, Marte. Gracias a la ciencia, tenemos vacunas, podemos tratar de predecir cómo evolucionan las pandemias o a qué se debe el cambio climático. Pero también, la ciencia nos enseña un modo de pensar y de investigar, en el que el pensamiento crítico es crucial. Por ello, que las niñas aprendan ciencia les permite tomar decisiones informadas sobre su salud o su entorno.

En 2015, la ONU declaró el 11 de febrero de cada año como el Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia, con el objetivo de “lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, y además para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas”. Este año, en México, la Facultad de Ciencias de la UNAM, el Programa Adopte un Talento y el INAOE, entre muchas otras organizaciones e instituciones educativas, llevarán a cabo diversos eventos con el mismo propósito: reconocer los logros de las científicas mexicanas e impulsar a nuestras niñas para que sean las científicas del futuro.

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es comunicadora de la ciencia en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM


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