La muerte de Spider-Man

La historia del más famoso superhéroe tiene un final digno en Ultimate Spider-Man.
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Ya se comentaba por acá la reinvención que en manos de Brian Michael Bendis estaba experimentando Ultimate Spider-Man después de la muerte de su personaje principal, la versión contemporánea del Peter Parker original. Este lunes se editó en México una cuidada edición omnibús del final de Ultimate Comics: Spider-Man y de Ultimate Fallout: Spider-Man No More. Aquí se narran los eventos previos a la muerte de Peter Parker y los enfrentamientos entre dos grupos de superhéroes del universo Ultimate: New Avengers y The Ultimates, hechos que se entrelazan para derivar en la muerte del arácnido y la consecuente repartición de culpas entre los miembros de SHIELD.

Ultimate Spider-Man es una de las muestras más inteligentes – a la manera del Batman: Year One de Miller o el Man of Steel de Byrne – de cómo volver a contar los orígenes de un mito sin caer en los clichés típicos de estas historias – los lectores frecuentes de cómic recordarán ese reciente fiasco llamado Superman: Earth One como firme prueba de lo anterior. En esencia, parecería complicadísimo narrar el origen de un mito, pero en la práctica pocas veces resulta así. La mayoría de las reconstrucciones de los orígenes de un superhéroe – o una técnica aún más barata para aumentar las ventas: el relanzamiento del número uno, justo lo que hizo ese año DC con la presentación de The New 52 – se apegan a una especie de manual no escrito en el que se sabe de antemano cuáles escenas se verán de forma obligatoria, cuáles no y qué será lo que pasará con cada personaje. Las sorpresas son mínimas, salvo las excepciones de rigor, y al final nada distinto sucede con ningún personaje: el argumento no tarda en lucir igual de aburrido y gastado que la serie anterior que supuestamente se pretendía refrescar con el relanzamiento, y nadie queda contento: los lectores y fans se incomodan profundamente por la ausencia de continuidad en sus series  y las ventas vuelven a caer después de un rato, a falta de historias de calidad que enganchen a los nuevos lectores. Ultimate Spider-Man no cometió ninguno de estos errores, y durante diez años logró mantener un alto nivel de calidad narrativa y artística: trajo a nuevos lectores al medio y mantuvo de buen humor a un gran número de lectores de cómic de tradición.

Alan Moore, quien ya fue citado en el texto sobre el nuevo Spider-Man, dice en la introducción a la edición especial de The Dark Knight Returns:

Todas nuestras mejores y más antiguas leyendas reconocen que el tiempo pasa y la gente se hace vieja y muere. La leyenda de Robin Hood no podría estar completa sin el tiro final de la flecha para determinar el sitio de su tumba. Las leyendas nórdicas podrían perder mucho de su poder de no ser por el conocimiento de un eventual Ragnarök, tanto como lo haría la historia de Davy Crockett sin la existencia de un Álamo. En los cómics,  sin embargo, dado el hecho comercial de que un personaje tiene que seguir vendiéndose a determinada audiencia en diez años, estos elementos están perdidos. Los personajes permanecen en el limbo perpetuo de la mitad a sus tardíos veintes, y la presencia de la muerte en su mundo es, en su mejor forma, un fenómeno temporal y reversible.

(texto original)

Entre líneas se encuentra lo que probablemente sea la idea de Bendis respecto a su Ultimate Spider-Man: darle un final de héroe, de leyenda, un colofón adecuado a la épica que lleva diez años narrando. Todas las piezas de la historia que Brian Michael Bendis ha estado tejiendo desde el inicio convergen aquí de forma natural: la muerte de su personaje no parece así (como no lo han parecido tampoco las muertes de otros personajes en su universo e incluso, sus regresos de la muerte) una mera movida comercial o un simplón intento por incrementar las cifras de ventas. El final del Ultimate no se parece en nada a, por ejemplo, la más reciente muerte del Spider-Man oficial: la saga de The Other, escrita por Straczynski, es un despropósito que se publicitó como la muerte de Spidey para, al final, resultar poco más (o menos) que una treta urdida para llamar la atención de lectores curiosos hacia una historia que poco tenía que decir y que terminó resucitando al mismo Spidey antes de que se cumplieran los seis números que duró el arco argumental. Ultimate Spider-Man, por el contrario, encuentra la muerte de un modo perfectamente verosímil al interior del universo que Bendis ha creado  – un poco en complicidad autoral con Mark Millar, si bien éste último ha perdido el piso recientemente: los enemigos que Peter Parker ha acumulado lenta y siniestramente durante los años que lleva siendo Spider-Man están juntos, escapan y tienen un plan: asesinar al arácnido. Bendis, junto con Mark Bagley, un dibujante un tanto deficiente pero que fue quien dotó a la saga de su identidad visual desde la primera etapa, vuelven a unirse para narrar el final de su trabajo más famoso. Los últimos cuatro números de la serie son un crescendo lleno de intensidad, vertiginoso; son Bendis y Bagley en un estado cercano a lo cinematográfico en todos los niveles: desde la composición de las viñetas, paneles cuidados en cada momento, hasta los diálogos, siempre precisos en el caso de Bendis, pero aún más logrados durante esta saga. Todo avanza de forma inevitable hacia el final: Peter, herido, yace en el césped del patio de su casa, en Queens, entre los brazos de Tía May, rodeado de vecinos asombrados y tras haber derrotado a todos sus enemigos. La muerte ha llegado, sí, porque tiene que llegar, a todo y a todos, a lo real y lo ficticio. Peter Parker alcanza así la consagración definitiva, el paso final para convertirse en un mito real, uno que pueda integrarse al enorme panteón de dioses y héroes que tenemos en el imaginario colectivo. Pronto alguien, números más tarde, comenzará a ocupar su manto, porque el sitio que deja un héroe, aunque insustituible, no puede permanecer vacío por demasiado tiempo. De momento, Parker, aquel extraordinario nerd que se vio bendecido y maldecido con poderes increíbles que no pidió, ha terminado su misión en New York y en el mundo. Con él se van diez años de seguir a un cómic que comenzó en 2000 con la misma emoción que los niños y Stan Lee iniciaron a Spider-Man en 1962. Lo hizo bien: que nadie le reproche lo contrario.

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