The Crash Reel

Desgarrador documental, parte del Festival Ambulante 2014, que narra el accidente y posterior convalecencia de Kevin Pearce, uno de los atletas invernales más prometedores de los últimos años.  
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         Un día antes del gran torneo, el Karate Kid choca el automóvil que le regaló Mr. Miyagi, queda en coma y aquel güero desabrido gana el campeonato sin sudar ni una gota. The Crash Reel, de Lucy Walker, cuenta exactamente esa historia: nuestro gallo, el simpático y sonriente Kevin Pearce, es el único capaz de robarle la medalla de oro al hígado de Shaun White: el Alain Prost, Tiger Woods, Roger Federer, la máquina humana del snowboarding mundial. Mientras Shaun, híbrido de Bob Patiño y Carrot Top, habla como androide en entrevistas, desprecia al resto de los competidores y gasta millones de dólares en una pista para entrenar sin que nadie lo moleste, Kevin entrena día y noche con sus amigos y recibe a la prensa con la frescura y humildad de un chico consciente de su buena fortuna. Si The Crash Reel fuera un melodrama hollywoodense y no un triste documental, la historia narraría el éxito gradual de Kevin, culminando con una medalla de oro en las olimpiadas de invierno de 2010. Por desgracia, el cine no es la vida. Después de un accidente durante un entrenamiento, Kevin sufre un trauma cerebral agudo y sobrevive de milagro. Adiós sueño olímpico.

         The Crash Reel se enfoca en la convalecencia de Kevin. Inicialmente, más que aplaudir su rehabilitación, Walker registra, sin indagar, la naturaleza adictiva de los deportes extremos. Años después de salir de terapia, Kevin necesita puñados de pastillas y antidepresivos, apenas puede enfocar la vista en un objeto y su memoria funciona a marchas forzadas. Los doctores le aseguran que volver a subirse a un snowboard es jugar ruleta rusa. Aun así, Kevin insiste en perseguir sus metas. Le tiene sin cuidado la opinión de su familia, aterrada de verlo sobre la nieve una vez más, así como su propio desempeño en las pistas, donde no es ni la sombra de lo que era. Como tantos otros atletas, Kevin vive embrujado por la fatalidad y la gloria. Desde el alpinista George Mallory hasta la tragedia de los hermanos Rodríguez, el encanto del riesgo y el triunfo deportivo ha desafiado, y en muchos casos vencido, todo sentido común. Kevin el héroe se convierte en el villano, compitiendo a escondidas y manteniendo en vilo a la gente que durante meses lo ayudó a recuperarse de una lesión potencialmente mortal.

         A pesar de este dramático giro, cuando el documental se convierte en el retrato de un adicto, The Crash Reel pierde foco y colmillo. El último tercio no se decide entre admirar el último cambio de parecer de Kevin o denunciar el peligro inherente en el snowboarding. Desafortunadamente, Walker no se sumerge en la mente de Kevin y sus colegas. Obtenemos testimonios sobre la adrenalina del deporte, lo felices que se sienten quienes lo practican, la necesidad vital de subirse a la tabla y lo poco que les importa una lesión. Lo que no obtenemos, y es una pena, son los motivos que mueven a estos hombres a arriesgar la vida. Walker no está sola en esa omisión. Ni siquiera los más grandes libros de aventura, desde Touching the void a Into thin air, se atreven a responder a esa pregunta clave: ¿por qué necesitan estar al borde de la muerte para sentirse vivos?

         Al final, la diferencia entre The Crash Reel y esas dos famosas crónicas del alpinismo moderno es que Joe Simpson y Jon Krakauer siguieron escalando mientras que Kevin Pearce abandonó la nieve. No la abandonó porque quisiera sino porque su cuerpo lo obligó, pero Walker no observa ese matiz, no se detiene a considerarlo y ponderar las preguntas que suscita. Para este momento, la directora está demasiado embelesada con su joven protagonista como para sentarlo frente a una cámara en busca de respuestas. Lo que obtenemos es paradójico e insatisfactorio: la celebración de una vida que aún sueña con la muerte.

-The Crash Reel forma parte del Festival Ambulante 2014.