Ser la de sede de unos Juegos Olímpicos solía ser un privilegio por el cual las ciudades estaban dispuestas a invertir grandes sumas. Pero este privilegio no siempre es buen negocio. Este video explica por qué.
A pesar de los avances científicos y sociales, no desaparece el fanatismo, ni la obsesión fanática de combatirlo, como demuestra Gabriel Zaid con este valioso rescate historiográfico.