Miguel Sebastián: “Luis Buñuel es mexicano porque México así lo ha querido”

El fotógrafo publica 'Buñuel, una maleta sin viaje’, una fotonarración que recorre los lugares donde vivió, se divirtió y trabajó el cineasta.
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Miguel Sebastián (Teruel, 1970) es fotógrafo de los silencios, las emociones y las soledad. Primero publicó Tierras varadas, su mirada sobre la despoblación de Teruel, en blanco y negro. Y ahora publica Buñuel, una maleta sin viaje (Instituto d Estudios Turolenses), un libro de casi 200 páginas que recrea la vida, los itinerarios y los sueños de Luis Buñuel desde Calanda a México, pasando por Madrid, Toledo, París, Los Ángeles, California y otros lugares.

Empecemos por el principio: Calanda. ¿Qué le dijo ese pueblo, sigue siendo medieval como le dictó Luis Buñuel a Jean-Claude Carrière en Mi último suspiro? ¿Cómo vio ahí la pasión de Buñuel por la Semana Santa?

Es así, Calanda fue el principio de todo. Finalizando mi anterior libro Tierras varadas, en un camino rural que se dirigía a Calanda, surgió la pregunta: ¿quién había sido capaz de trascender aquel desolado paisaje hasta llegar a la universalidad del arte? Decía Luis Buñuel: “Yo tuve la suerte de pasar la niñez en la Edad Media.” Si lo ves, los campos siguen llenos de olivos, el ganado, aunque menos, sigue pastando en sus yermas tierras, su manejo es de este siglo, pero no así sus ritmos, el ritmo de sus habitantes no es de este “tiempo”, puede ser una “edad diferente”, respecto a las grandes ciudades y sus modos de vida. El regreso de primer viaje desde México lo hice coincidir con el romper de la hora del viernes Santo. No había asistido nunca y pude entender, más bien sentir, el fervor que transmite el rito casi espiritual de convertirse en una pulsación o en un estruendo que sin descanso se alarga por horas hasta llegar a la inconsciencia. Llega la noche y de tanto redoble el tambor y la sangre de la mano que golpea se mezclan como queriendo ser una ofrenda para el Redentor. El cineasta dice sobre los tambores que en la cuna, a los dos meses de nacer, ya quedó ese estruendo impreso para siempre. Sonidos que le acompañaran en su vida y en su cine.

Estuvo en la Torre de campo familiar, la casa de recreo por decirlo así, algo alejada del pueblo. ¿Qué le llamó la atención, cómo define su atmósfera?

Tuve la gran fortuna de poder compartir vivencias y anhelos con la familia que vive en este hogar; han respetado las huellas de su historia y, después de 120 años, es maravilloso ver cómo se han conservado: el edificio, los suelos, ventanas, en sus jardines, en su estanque… Tal es la amabilidad y empatía que me mostraron que me dejaron en plena soledad y tiempo para poder imaginar el pasado; así mis ojos subían por las escaleras de forma acelerada para jugar en el desván, se bañaban en el estanque, corrían detrás de los perros, tropezaban con la noble escalera de piedra que lleva hasta el río. Más abajo las sombras del jardín parecían tener una escala humana, algo había… Definitivamente estaba en una ensoñación, y mi cámara sólo obedecía ya a la sugestión. Sin recordar ni cómo ni por qué, surgieron aquellas imágenes en las tres visitas que realicé. Quizás aquí fue donde empecé a creer en la magia de poder ‘ver’ algo que ya no existe.

Madrid. La Residencia de Estudiantes ha vuelto a ser importante en Madrid con sus ecos de la Generación de 1927. Es sus paseos, en sus fotos, ¿percibió la presencia de Buñuel, se la evocaba algo o alguien?

Algo muy similar me sucedió. En anteriores meses había repasado gran cantidad de documentación y fotografías de la época. Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Moreno Villa, Pepín Bello… Ellos eran mi manera de entender cómo el azar había cruzado a una época y una generación humana del arte probablemente irrepetible. En Madrid, la Residencia merecía todo el lugar sin añadir otros pasajes, que también me conmovían, el director afirma sin dudarlo que el paso por esta institución fue absolutamente decisiva para su vida. Me alojé en sus habitaciones, quién sabe si en la misma de Luis Buñuel, o Dalí, o el mismo Lorca… no está documentado, pero se ha recreado con una exactitud asombrosa una habitación con parte del propio acervo del mobiliario de la Institución o encargado ex profeso para esta recreación. Estuve durante varios días, de nuevo en soledad y con tiempo para que los ojos puedan ‘escuchar’ las tonalidades de luz entre horas. Una carta manuscrita, un escritorio, un dibujo de Dalí, la porcelana en las luces, una botella de anis… ‘una maleta’ a la puerta, toda aquella armonía se enredaba y en mi ensoñación escuchaba la majestuosa voz de Lorca mientras escribía a sus queridos padres, entre tanto Luis entraba -sin llamar por supuesto- para sacarlo un rato por las tascas… «Lui, qué bruto ere…», le decía interpelando sus modales toscos, añadía que hoy no tenía tiempo para él, que hoy había quedado con “gente inteligente”. A saber, los poetas y profesores Pedro Salinas, Jorge Guillén…

La ensoñación le ha hecho viajar en el tiempo.

El color del ladrillo de sus edificios exteriores es cautivador, parece que todos los versos y ensayos de aquella generación hayan dejado algo de su genio y color en aquellas fachadas, como el azul cielo de Alberti, que tan limpio lucía en aquella mañana. Entre los Pabellones Gemelos existe un rincón, llamado ‘el Jardín de los poetas’, entre adelfas se ven unas pequeñas “banquitas”, quizás este término mexicano tenga que ver con el destino de muchos de aquellos poetas que, entre anises, borracheras, risas, asignaturas, tomos de historia y conferencias, desconocían los exilios que les aguardaban. Durante unos días, en aquel lugar, me sentí algo más poeta, algo más vivo.

 

¿Qué pensaba de México antes de conocer el país?

De veras, no tenía ninguna idea. Nada. De una forma absolutamente inconsciente o no rechacé hacerme con alguna idea. México era como un folio en blanco que había que escribir. Tenía una primera estancia de cuatro meses por delante, esa era toda mi certeza.

De entrada, cuáles fueron las primeras sensaciones. ¿Qué le dice México al forastero, qué le dice al paisano de Buñuel?

México tiene un pulso de vida diferente, incluso del resto de Latinoamérica, y muy muy alejado del europeo. Mi primera sensación fue de plena libertad -dejando de lado el primer asombro del viajero-, después fue de aún más libertad, sensación que no hizo sino crecer con los meses y que día a día se mostraba en su sentido más amplio: no se ve, no se dice, pero es “más” que aquí, no soy capaz de explicarlo, es una comunión personal que tiene que ver con la individualidad, quizás por eso sé que tiene otra dimensión y es diferente, pues supera la idea de esa otra libertad que tenía antes de llegar a México.

¿Cómo se plantea la búsqueda del mundo de Buñuel, dónde había rodado, cómo se había adaptado al país…? ¿Qué le atrajo, qué descubrió? ¿Cuáles serían las primeras sensaciones sobre Buñuel, cuándo empieza a llegarle en México?

México tenía que estar muy presente, es su cine el que consigue sumergirse en los arquetipos y en las sociedad de aquel país. Necesitaba aprender el México que vio a Buñuel, sabía que él me diría cómo fue. Pero conforme iban pasando las semanas tuve la visión de que quizá el país, sus arquetipos, no habrían cambiado tanto. Poco a poco, un mundo se descubría ante mí, y esta sugestión de ojos aprendía en los camiones, en el metro, en los tianguis, en las fiestas, y todo giraba por sí mismo hacia un único lugar: y en estos ritmos, los ocupantes de “las combis” ocupaban lo asientos de La ilusión viaja en tranvía; los escombros de la muerte y de la miseria en las afueras, junto con el Tribunal de menores en el Penal de San Fernando, me mostraban a Los olvidados. El río y la muerte cruzaba la noche en la Ciudad de México a través de la nota roja, y en ese carrusel de sangre tan inhumano, Nazarín perdía la fe en cada cuerpo que quedaba “encobijado” o “embolsado”, y en cada maltrato que los siervos infligían a la fe en su dios. También “mis olvidados” eran comunidades indígenas violentadas y desplazadas de sus tierras por grupos criminales que controlan el narcotráfico en el Estado de Guerrero. El paso de los misterios a la realidad sin ninguna transición de Pedro Páramo -que el director siempre quiso y no pudo filmar. Lo hizo el gallego Carlos Velo-, me llevó el desierto de San Luis Potosí dónde Pedro Páramo buscaba en mis sueños el purgatorio inalcanzable de Comala. Indagando en el asombro casi enfermizo que la entomología de insectos y crisálidas provocaba en Buñuel, llegué hasta las reservas migratorias de la mariposa Monarca en el Michoacán; una leyenda Purépecha dice, que al morir, las almas vuelan como mariposas monarcas sobre un lago encantado hasta una mágica isla llamada Janitzio, y en aquel éxtasis, en aquella explosión de vida, millones de crisálidas volaban como almas libres, quien sabe… Buñuel se interrogaba por qué forma tendría la muerte, y yo interrogaba en aquel bosque naranja, y mis ojos se cubrían de mariposas, y mis lágrimas intentaban apartarlas.

¿Fue a algún otro sitio?

Más tarde mis pasos se dirigían a un “cañón semitropical”. Cerca de Jungapeo, en el Michoacán, se encuentra el antiguo balneario San José de Purúa, donde durante más de 30 años el director buscó el retiro para escribir sus guiones. Ahora ya sin actividad desde hace mucho tiempo, se me permitió la entrada y pude sentir aquella paz de creación, todo está vacío. En el interior la madreselva ha cobrado su dominio, los cristales en el suelo permiten que cientos de pájaros crucen las antiguas habitaciones. Y el bar (lugar santo para encomendarse al misterio de la imaginación), ha reservado un lugar, por si don Luis quiere y le apetece, volver a escribir…

Decía que allí le comentaban que respetaban y admiraban muchísimo al maestro…

Luis Buñuel es una referencia cultural de primerísimo orden en México. Con permiso del azar que vio nacer al director en Calanda, diría que Luis Buñuel es mexicano porque México así lo ha querido. Ya se sabe por Chavela Vargas, que un mexicano “nace donde se le da la chingada gana”. Sus raíces fueron inamovibles, su sentimiento español profundamente aragonés, pero México dio a Luis Buñuel su verdadera dimensión como cineasta.

¿Cuántas veces y cuánto tiempo ha estado en México?

Han sido dos estancias de algo más seis meses en total.

Fue a la escombrera de ‘Los olvidados’. ¿Qué sucedió ahí?

Siguen la misma Plaza Romita, Nonoalco, Tacubaya… Ahora “las ciudades perdidas” son otras, pero quise retomar el mismo lugar que el director visitó para documentar y convivir con los chavos que cumplían por actos delictivos en el Tribunal de menores, hoy llamado Centro para Tratamiento de Menores de San Fernando en Tlalpan, y plantearlo en sentido contrario desde allí, hasta las escenas oscuras del crimen y los actos que los llevaron hasta aquel penal. Gracias a la empatía y amabilidad que mostraron las autoridades penitenciarias de México, tras varias entrevistas y varios meses, pude estar (siempre vigilado) con ellos, saber de ellos. Espaciaba mis visitas que ocupaban a veces la jornada muy intensa, con sus mismos horarios y actividades. Debo decir que fue una experiencia extraordinaria, me admitieron y pude platicar en confianza con ellos; no sé, ni me interesaba los motivos por los que habían llegado, todos estaban por delitos mayores. Percibo que nuestro modelo de sociedad, como en aquellos ‘olvidados’ del siglo pasado, que las carencias sociales, económicas y afectivas que creamos a través de la desigualdad de este sistema, ordena y dispone una especial y virulenta manifestación en los menores que abandonamos, el exceso de todo, es también una forma de abandono como lo es la carencia.

Buñuel tuvo muchos amigos en México. ¿Se encontró con alguno?

Desde el principio tuve una especial querencia, una admiración por conocer a Silvia Pinal. También, por la fotografía, tenía gran interés por conocer a Gabriel Figueroa Flores, fotógrafo como su afamado padre. Me recibieron de una manera muy entrañable. Con Gabriel Figueroa continúo escribiéndome.

¿Cómo fue su relación con Silvia Pinal?

Un lujo. Tuvo la gran amabilidad de recibirme en su casa del Pedregal. Impresiona su aura, y escucharla es maravilloso. Obviamente, Luis Buñuel y Viridiana casi fueron nuestra única conversación, fue muy emocionante escuchar de su voz anécdotas y recuerdos sobre el director. Fue muy especial cuando mostró el premio de la Palma de Oro que Viridiana obtuvo en el Festival de Cannes en 1961. Guardo con mucho cariño los detalles de este día. En este viaje a México también estuve con Gabriel Figueroa hijo, y en España con otro gran admirador y amigo de Luis Buñuel como Carlos Saura.

¿Reflexionaba la gente sobre el impacto de Buñuel en la cultura mexicana?

Creo que Buñuel necesitó algo más de tiempo para hacerse un lugar entre la industria de cine de la época Hay un punto de inflexión en su vida como artista mexicano -era ciudadano mexicano con pasaporte- y como director de cine: Los olvidados. A partir de aquí, Luis Buñuel crece hasta dando nombre internacional al cine mexicano. Todo el mundo lo admira como algo propio de su acervo y sabe de Luis Buñuel. Las cenizas surrealistas de su primigenia etapa francesa se encendieron con el propio surrealismo mágico mexicano. una vez más, vamos hollando los caminos marcados que rige el azar.

¿Por qué dice que es otro desde que ha estado en México?

Puedo decir, ahora que he publicado Buñuel, una maleta sin viaje, que este libro ha atravesado tres años de mi vida. Muchos lugares y personas en España, Francia, Estados Unidos… pero nada como México. No puedo explicar por qué un país y sus gentes hacen sentirme que soy más yo aquí. ¿Por qué los lugares y los sucesos cotidianos y los afectos que nacen en ellos llenan mis sentidos? No lo sé, a veces pienso que quizá sin saberlo era algo que buscaba, y sin saberlo lo he encontrado. Recuerdo mi partida después de cuatro meses, no pude despedirme de mis queridos Mario y Alba, que me trataron como a un hermano, no encontré las palabras, así que solo pude despedirme con lágrimas. En el trayecto de taxi hacia el aeropuerto, supe que esas lágrimas no eran tristeza, eran pura nostalgia por volver, supe que me llevarían pronto hasta el siguiente vuelo de regreso a México, así fue. Adoro cada día, cada paso, cada medida que ha agrandado mi percepción hacia un nuevo-antiguo orden de la vida, adoro la compulsiva libertad de las personas que he conocido en este país, y que me han mostrado las formas de los absurdos límites que nos aprisionan al otro lado del atlántico.

¿Por qué piensa que Jeanne Rucar, la esposa de Luis Buñuel, fue tan importante en su vida y cómo enriquece o matiza su trabajo fotográfico?

Gran parte de las biografías contemporáneas y de los ensayos que han estudiado a los grandes autores que han trascendido al recuerdo de sus obras -muchos del género masculino- han olvidado la trascendencia de las personas que han compartido su vida, ya sea una o varias. A lo largo de la existencia, el mapa emocional del creador no sólo se dibuja con la habilidad del arte, también, y fundamentalmente se alimenta de la relación estrecha e indisoluble que el artista establece con la vida y con el amor. Nuestros nexos y enlaces unen de forma necesaria esos espacios emocionales, y no lo olvidemos, el arte está hecho de emociones… quizá el amor es la más grande de ellas. En palabras de la periodista mexicana Marisol del Campo: “Gracias a una mujer como Jeanne, Buñuel pudo ser Buñuel”. En México muchas veces, el director, valoró las películas como un trabajo que le permitía alimentar a su familia. Jeanne fue en sí misma su gran amor, una vida de renuncia que permaneció incondicionalmente a su lado. Su sincera autobiografía me abrió unas posibilidades que conectaban con mi forma de ser, y sobre todo, con el Buñuel menos conocido, fue ajena a un mundo del cine que no le perteneció; en cambio sus testimonios y recuerdos me mostraban al Buñuel que más me conmovía, más cotidiano, alejado de esa iconografía surrealista y de esa espesura de genialidad que siempre le acompaña. Fue un genio, todo brota y sucede de una manera diferente en ellos, pero no dejan de ser elementos íntimamente conectados con aquello que nos es más cercano.

Ya en México y en diversos lugares. ¿Qué fotos ha querido realizar?

Mi fotografía es aquello que me sucede, cuando lo imagino o cuando el azar lo sitúa delante de mí. Dentro de la edición de este libro, México se muestra con mayor nitidez que en el resto de las etapas. El presente sucede de una manera más evidente que en otras etapas, porque ese presente corresponde a la travesía personal que estoy atravesando en ese momento respecto a mi percepción personal y por supuesto fotográfica. Buñuel es más nítido en México.

¿Qué fotógrafos tenía en la cabeza?

Se han desprendido todos menos Bernard Plossu. No hay forma de quitármelo de la cabeza, hay una voz que me repite: “Cada fotógrafo tiene el azar que se merece” (quizá la frase más hermosa que he escuchado a cualquier fotógrafo). Pensamos que la cultura fotográfica crece cuanto más visionados de trabajos hacemos, cuántas más fotografías veamos más cultura de la imagen tenemos. Es así pero llega un momento en que tus ojos ya han asimilado todo aquello, las coincidencias se producen y los mensajes pierden fuerza, y es el momento de buscar en tu propia mirada la forma que tus ojos quieren darle a la realidad o la pura ficción. Hace tiempo que no miro trabajos, salvo por algún interés muy personal acerca de ellos, y hace tiempo que encuentro en la literatura y en la poesía las imágenes que más me llegan y me inspiran.

¿Qué le sucedió a usted, qué riesgos y aventuras corrió, si se puede decir así? ¿Percibió el peligro, la delincuencia, la huella de la sinrazón?

Decía Buñuel sobre el filme El río y la muerte que estaba inspirado en la facilidad con que puede uno asesinar a su próximo y que los periódicos mexicanos ofrecen todas las mañanas el relato de algunos sucesos que asombran siempre a los europeos. Ciudad de México es el escenario en el que puede transcurrir el filme hoy. Delante de mis ojos se enlazaban las historias de criminalidad contada desde la nota roja -gracias al periódico La Prensa, el mismo que con mucha probabilidad leyera el propio Luis Buñuel- la noche se abría hacia la barbarie y se convertía en un carrusel de cuerpos sin vida y de sangre. La velocidad del propio auto cruzando las avenidas y cuadras aceleraba con la misma intensidad el pulso del alma, hasta llegar a las escenas, como algo adictivo. Encobijados, embolsados, sábanas que cubren la carne, el horror, el lamento, la venganza, la sangre…, la inutilidad de todo aquello se repetía una vez y otra. Después, regresaba al alba, el mundo ya tenía luz y prendía ya la venganza, el miedo y el horror de la noche siguiente y, en mi cuarto, otra vez mis zapatos desprendían un polvo rojo… Primero debes aprender a no poner en riesgo la vida de los demás, después a no poner en riesgo la tuya, y después, sólo después, ya puedes empezar a hacer fotografía. Gracias a los compañeros del periódico La Prensa que hoy lo dirigen, a Jesús y Adalberto, y a los fotógrafos Jaime, “el verdes”, y Tinoco, de quienes tanto aprendí. Surgió una segunda historia, otros olvidados, que me conmovió; Comunidades indígenas de desplazados en las montañas del Estado de Guerrero. Es ciertamente peligroso circular por caminos y carreteras no principales, y más por el Estado de Guerrero, confiando en la suerte y en la intuición, sin más remedio, viajé por aquellas comunidades de pueblos Nàhuatl para contar su olvido.

¿Qué espacios, ciudades u hoteles lo han conmovido?

Creo que todos en mayor o menor medida me han conmovido, es difícil. Podría decir la Torre en Calanda, la Residencia de Estudiantes, aunque lejos de Buñuel, el olivo de Lorca, donde se sabe lo fusilaron. En México, la Cerrada de Feliz Cuevas, su casa, el Hotel de San José de Purúa, en el Michoacán, fueron casi espirituales unas semanas en el desierto de San Luis Potosí y Real de Catorce y la migración de la mariposa Monarca en el Michoacán, lugares ajenos a las localizaciones de Buñuel, pero necesarios para mi imaginación. Especial fue permanecer en soledad en los estudios Albatros, donde se conserva casi de forma original el espacio donde el cineasta comenzó su andadura de la mano del director Jean Epstein. En París, los cines Ursulines y Studio 28, donde se proyectaron sus primeras filmaciones. El Hotel L’aiglon, frente al cementerio del Montparnase, donde el director pasaba largas estancias para su rodaje en Francia. Y su querida Nueva York.

Ha trabajado mucho sobre Luis Buñuel, ha leído casi todo, ha visto su cine. ¿Qué películas son las que más le atrapan o le conmueven?

Para mí, La edad de oro. Sigo con Los olvidados y Viridiana. Después con otra aura, Nazarín, El ángel exterminador, Simón del desierto. Continuo con otras que también me conmueven: Subida al cielo y La ilusión viaja en tranvía… Como ve no me salgo mucho del cine mexicano.

Se dice que Buñuel tenía obsesiones específicas: los sueños, la muerte, la religión, el sexo. ¿Cómo diría que están en sus fotos, cómo las ha integrado?

Quizá sean precisamente las que has nombrado las que el director admitió como muy propias. Debía sugerir estás imágenes, a veces de una manera más reconocible, por su propia entidad en su vida, otras veces más velada, sin caer en la evidencia ni en el exceso, hay referencias y narrativas visuales con las que he querido acercar al lector hacia estos elementos, y que sí admito han influido, especialmente en su infancia en Calanda y en su etapa de Francia y México. La sugestión y la imaginación creo que han sido el pasaporte para poder viajar a sus obsesiones.

¿Sería capaz de decir que vínculos tienen los espacios buñuelescos entre sí: los de México con París o con Nueva York y Los Ángeles?

Entiendo como espacios buñuelescos aquellos que le son queridos y buscados en los lugares de donde se dio su vida y principalmente su cine, y que de alguna manera traslada a su obra. Parece contradictorio (en Buñuel todo lo es) que la austeridad -viniendo él de la alta burguesía- sea el espacio en el que mejor se mueve. Los bares son ese lugar de recogimiento y de imaginación, decía el director. La soledad, el aislamiento, la huida de cualquier masificación se hace mayor en México. Diría que la buena amistad y conversación, si es un apartado bar mejor, es en sí misma el mayor y mejor espacio para ser más él, su mayor vínculo quizá sea la amistad.

¿Qué le ha dado Luis Buñuel en este proyecto y qué ha aprendido que no sabía?

Aproximarse de una manera emocional al misterio de un genio resulta fascinante. Han sido necesarias muchas horas de documentación para aprender una época de poetas y escritores excepcionales y una filmografía de la poesía única. Meses de estancias en lugares increíbles, con personas extraordinarias. Ahora, después de tres años ininterrumpidos de producción, veo que estoy más vinculado a la literatura a la poesía. Su vida y su determinación hacia el amor me ha mostrado que la poesía es la mejor actitud para conocer la vida. Sólo puedo terminar dando las gracias al azar objetivo del que hablaba Andre Breton, pues creo que Buñuel estaba predestinado para mí, y que esa conjunción de caminos escritos por el pasado y por el presente, han agrandado la senda de todos aquellos nuevos que vengan. Gracias, Luis Buñuel, por tanto.

¿Qué pensaría Luis Buñuel de su libro, se lo ha imaginado?

Creo tener la certeza de que jamás abriría este libro; pero si por alguna inexplicable razón lo hiciera, sé que llegaría hasta la última página. Lo sé.

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