Foto: Irina Shatalova/TASS via ZUMA Press

“El castrismo ya no tiene cómo camuflar su existencia”. Entrevista a Abraham Jiménez Enoa

El periodista cubano habla acerca de la vida bajo la dictadura castrista y las posibilidades de cambio en Cuba.
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La captura de Nicolás Maduro y el bloqueo a la venta de petróleo a Cuba impuesto por el gobierno de Donald Trump han vuelto insostenible la ya apremiante situación económica en la isla. En medio de apagones, protestas y negociaciones secretas con Estados Unidos, la dictadura castrista podría estar cerca de su final.

Abraham Jiménez Enoa, periodista cubano exiliado en España, describe en esta entrevista, adelanto de un capítulo próximo del podcast Ciberdiálogos, la vida bajo el castrismo, entre la escasez, la falta absoluta de libertades y una incierta confianza en el futuro.

¿Cómo describirías la situación que está viviendo el pueblo cubano hoy?

Se están viviendo las horas más tristes, y también las más delicadas, que ha vivido Cuba desde la llegada al poder del castrismo en 1959.

Lo que me cuentan mis amigos, mi familia, es que se está viviendo un infierno. Pasan la mayor parte del día sin electricidad, y eso significa que no se pueda bombear agua, por lo tanto a veces hay barrios en los que no llega el agua. Están cerradas escuelas, universidades. No hay transporte para recoger la basura, que se está devorando los barrios. La gente está cocinando con leña a la intemperie, en la calle. Son escenas básicamente del medioevo, del paleolítico, lo que me cuentan.

En el medio de todo eso la gente está hastiada, y en las noches, cuando cae el sol, Cuba entera está apagada, entonces se suscitan protestas, cacerolazos, la gente grita “libertad”, “abajo el comunismo”, la gente quiere que cambien las cosas.

Lo que se puede acercar a lo que se está viviendo hoy es cuando cayó la URSS, pero se queda corto frente a lo que se está viviendo hoy, que Trump cortó todas las prebendas que llegaban de Venezuela.

Pero achacarle todo lo que está sucediendo a Trump es faltar la verdad, porque Cuba lleva en esta crisis sistémica desde hace muchos años. Es difícil y lamentable que las manos del pueblo cubano hayan terminado a parar en Trump, en todo lo que él representa, pero parte de la causa es también del gobierno cubano, que lleva décadas desoyendo al pueblo, coartando las libertades, los derechos humanos.

En México, el expresidente López Obrador ha hablado recientemente de los ideales de libertad asociados con la revolución cubana. ¿Hoy hay libertad en Cuba?

No, absolutamente no hay. Es sumamente vergonzoso que, incluso en la situación dramática en la que está viviendo hoy Cuba, los periodistas, los opositores, tienen en las puertas de su casa agentes policiales, patrullas policiales.

Es decir, los recursos sí alcanzan para la represión…

Exactamente. Y eso es un botón de muestra de que evidentemente no hay libertad en Cuba. Una persona no puede fundar un medio de comunicación independiente del Partido Comunista, tampoco puedes fundar una organización civil. Alzar la voz y criticar, por más mínimo que sea, te cuesta la cárcel y la persecución. Y durante 67 años, eso se ha incrustado en la piel de los cubanos, y viven con miedo incluso a tener pensamientos, porque cualquiera en tu barrio, en tu centro de trabajo, te puede delatar y eso puede traer consecuencias para tu vida.

Con la llegada de internet, eso ha escalado a otras instancias. Por un post, ya sea en Twitter, en Facebook, en Instagram, tú puedes ser multado económicamente o incluso ir a la cárcel. Hoy hay personas en Cuba presas por un estado de Whatsapp. A ese nivel de surrealidad llega la falta de libertad de Cuba.

Es imposible ejercer el periodismo libre. Un periodista no puede informar con libertad en Cuba.

Puede, porque hay muchos valientes, mucha gente que lo intentamos y hoy por eso estamos en el exilio. Y hay mucha gente que está adentro, pero lo hace costándole la persecución: que te dejen en prisión domiciliaria, que te corten el internet, que te lleven a un calabozo, que te interroguen, que amenacen a tu familia, a tus amigos.

Siempre se achaca desde afuera esta cosa de que la dictadura cubana no es de las peores porque no hay muertos en Cuba, porque no matan a los periodistas. Pero es que en Cuba no hace falta matar a los periodistas, porque han matado al periodismo.

Por ejemplo, en mi caso: yo escribía, hacía periodismo, pero no es solo que me secuestraban para interrogarme. No es solo eso, es que grabaron luego ese interrogatorio y lo publicaron en el noticiero nacional diciendo que yo era un agente de la CIA. Iban a mis amigos y los llevaban a interrogatorios, a calabozos, le quitaban sus teléfonos para ver nuestras conversaciones, los obligaban a informar sobre mí. Les decían, “si Abraham sigue escribiendo, ustedes perderán su trabajo”. Amigos míos, que no tenían nada que ver con el periodismo, les quitaban la mitad del salario por solidarizarse conmigo en las redes sociales.

Los últimos meses de mi vida en Cuba, yo con lo único que podía hablar era con los arrecifes del malecón de La Habana, porque era un apestado. Con esa especie de muerte civil en una sociedad tan encerrada, no tienes alternativas.

¿Existe en Cuba libertad de asociación? ¿Puede un ciudadano reunirse con otros ciudadanos para protestar, organizarse políticamente, criticar al gobierno sin consecuencias? ¿Alguna de estas libertades que son normales, esenciales en sociedades democráticas?

No, la ley lo prohíbe. Por ley solo existe el partido comunista, es el único partido admitido. No hay pie para que existan otros partidos políticos, no hay cabida para que los ciudadanos se reúnan. Y por eso es que la oposición está tan perseguida y tan encerrada en Cuba, porque las propias leyes del país impiden el funcionamiento normal de la ciudadanía, la articulación de una sociedad civil.

¿Puedo en Cuba poner el negocio que yo quiera, trabajar en lo que yo quiera, tener un acceso libre a oportunidades laborales? ¿Puedo moverme con libertad afuera del país? ¿Soy dueño de mi libertad de movimiento? ¿Puedo conectarme a internet y ver lo que yo quiera sin temor a que el gobierno venga a tocar a la puerta?

Todos los medios independientes están bloqueados. Desde territorio nacional, acceder a los medios cubanos independientes es imposible, solo se puede con VPN. Acceder a internet es un lujo, recargar un teléfono móvil con datos móviles una segunda vez al mes equivale casi a la mitad del salario básico de los cubanos. Por lo tanto, mucha gente tiene que dejar de comer y de vestirse para poder conectarse a internet, que es otro método silencioso de censura.

No fue hasta 2013 que el gobierno cubano permitió que los cubanos tuvieran pasaporte. Hasta ese momento, para salir del país, había que pedirle permiso al gobierno, explicarle a dónde y por qué tú querías ir a cualquier sitio, y era el gobierno quien te dejaba. Desde 2013 eso cambió y los ciudadanos cubanos pueden tener pasaporte, pero lo que pasa es que si tú alzas la voz, si eres un artista disidente, un activista, un periodista, te meten una lista que se llama regulados migratorios, con lo que te limitan e, incluso con un boleto comprado, no te dejan salir del país. Y si tus criterios políticos van en contra del régimen, que es dueño de todos los medios de producción del país, es muy difícil acceder a un centro laboral.

¿Qué tipos de riesgos se enfrentan si uno falta a alguna de estas varias reglas que impone el régimen? ¿Se vive con temor cotidiano en Cuba?

Sí, claro, dentro y fuera de Cuba. Yo estoy en Barcelona no porque lo elegí, sino porque el régimen cubano me echó de mi país. Incluso con un océano de distancia, aquí cuando uno se reúne con cubanos, la gente baja la voz cuando va a decir el nombre de Fidel Castro o cuando va a hablar alguna opinión política. Incluso con un océano de distancia de mi país, a mí me han filmado presentando libros. A mí, en la esquina de mi casa en Barcelona, dos cubanos pasaron y me dijeron a mi oído que sabían donde yo vivía y siguieron caminando de largo. En una conferencia en Ámsterdam, un hombre casi me golpea diciendo que yo era un mentiroso, un manipulador y se comprobó luego que trabajaba en la embajada cubana en Holanda. En fin, un sinnúmero de cosas, pero todo eso fuera de Cuba.

Dentro de Cuba es peor. Dentro de Cuba, emitir un criterio, pensar distinto a la ideología, a las formas, al discurso del régimen, te puede costar quedarte sin trabajo, te puede costar la cárcel, te puede costar el día a día.

Entonces todo se vive en un performance. La gente hace como que piensa, la gente hace como que trabaja, la gente hace como que siente. Y se tiene que reprimir todo eso, porque desde tu vecino hasta tu compañero de trabajo te puede delatar. La seguridad del Estado justamente utiliza todas esas armas para usurpar lo que la gente sabe. La doble moral y la performatividad minan el día a día de los cubanos porque tienen que fingir ante un régimen que está en todas partes.

Hay una campaña de presión muy abierta contra el régimen cubano: sanciones, retórica dura, esta política de aislamiento. ¿Crees que esta estrategia podría provocar el colapso de la dictadura en Cuba?

Yo era bastante escéptico, pero cada día que pasa, por lo que me cuenta la gente dentro de Cuba, por cómo va actuando el régimen cubano, es inevitable pensar que están contra las cuerdas. Primero, porque se han quedado sin aliados políticos; segundo, porque es un país que no tiene nada y no tiene ninguna manera de salir de este desastre, la única manera que tienen es que Trump les afloje la mano en la garganta. Yo creo que estamos cerca del final de la existencia del castrismo, porque además hay otro factor que yo veo que la gente está pasando por alto, que es que Raúl Castro tiene 93 años y en cualquier momento puede fallecer.

Aunque no está a nivel nominal en el régimen cubano, Raúl Castro sigue siendo el mandamás. De hecho, su nieto, que es su guardaespaldas y que no tiene ningún cargo en el gobierno, según las conversaciones que han revelado el Miami Herald y otros medios, es el que lleva el diálogo con Estados Unidos.

En Venezuela cayó el dictador, pero muchos analistas dicen que no cayó la dictadura porque las estructuras del poder y de la represión en Venezuela siguen básicamente intactas. ¿Existe el riesgo de que algo parecido ocurra en Cuba?

Creo que son contextos totalmente distintos. Si Trump y Estados Unidos pretenden que su movida sea sacar del cargo a Díaz-Canel, no van a hacer nada, porque Díaz-Canel no tiene ningún poder en Cuba. Es un burócrata que está respondiendo a las órdenes de Raúl Castro. Con Díaz-Canel fuera del juego, el gobierno cubano seguirá en las mismas circunstancias, porque el poder real del régimen cubano sigue reposando en la familia Castro.

Pero yo creo que Marco Rubio tiene claro que Venezuela y Cuba no se parecen en nada. De Cuba no pueden llevarse ningún recurso natural. La jugada de Cuba es estrictamente simbólica, da como un golpe en la geopolítica para tumbar a la leyenda comunista y de esa manera otorgarle, de alguna manera, una ofrenda electoral a toda la comunidad cubana de la Florida, a las puertas de las elecciones intermadias en Estados Unidos. Yo creo que por ahí van los tiros. Descabezar, en este caso, al régimen es cortarle la cabeza a una serpiente que no la tiene, porque la cabeza no existe, porque Raúl Castro no está de manera nominal en el gobierno.

Así que tendría que haber una apuesta mucho más amplia que quizá provenga de una negociación en donde la estructura del castrismo esté de acuerdo en desmantelarse o en dar paso a reformas.

Totalmente. De hecho, hace dos días el otro nieto de Raúl Castro, que ahora es el ministro de Relaciones de Comercio Exterior, anunció unas nuevas medidas económicas, que están dándole la oportunidad por primera vez en casi siete décadas que los emigrados cubanos, los exiliados, puedan invertir en Cuba.

Pero luego salió Marco Rubio a decir que era insuficiente. Lo que muestra que hay un toma y daca, que Rubio los tiene contra la pared y les dice: “bueno, intenten hacer reformas para ver si nos convencen”.

Pero evidentemente el castrismo ya no tiene cómo camuflar su existencia. Y no va a tapar la decadencia de ese país con un maquillaje, con abrir a la propiedad privada, porque todo se trata, como empezamos hablando, de la libertad. De que los cubanos tengan libertad de construir sus propios negocios, de que tengan la oportunidad de expresar sus ideas, de elegir su propio presidente, de salir a la calle y expresar lo que sea. Si eso no cambia, vamos a estar viviendo el mismo asunto. ~


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