Ciencia o política

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Ha-Joon Chang

23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo

Traducción de Jofre Homedes Beutnagel, México, Debate, 2013, 320 pp.

“La economía es sumamente útil para dar trabajo a los economistas”, decía con su característico ingenio el economista John Kenneth Galbraith. Y al menos en los últimos años, podría jurarse que así ha sido: la mayor parte de las legiones de economistas empleadas por los gobiernos, los bancos, las universidades y los medios de comunicación no previeron la magnitud de la crisis que se avecinaba, luego no se pusieron de acuerdo en los motivos que la habían causado y al fin no supieron dar con ideas realistas que permitieran salir de ella rápidamente (en Europa, ni siquiera lentamente). Pero el problema principal, afirma el también economista Ha-Joon Chang, no es exactamente un defecto de la ciencia económica. Es un problema de la política.

Ha-Joon Chang es un economista heterodoxo, pero no es ni remotamente un antisistema. “No es lo mismo ser crítico con la ideología de libre mercado que estar contra el capitalismo –afirma–. A pesar de sus problemas y limitaciones, creo que sigue siendo el mejor sistema económico inventado por la humanidad.” Sin embargo, asegura, en las tres últimas décadas los políticos han optado por una versión equivocada y dañina del capitalismo, la de “libre mercado” o “neoliberal”, y han partido de un puñado de ideas –“desregulación de los mercados”, “economía postindustrial”, “integración global”– que simplemente no funcionan. En 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo, pretende demostrar cuáles son.

En cada uno de sus veintitrés capítulos, Chang toma una idea favorecida por los partidarios del libre mercado, la expone en los términos en los que lo hacen los economistas ortodoxos y después explica por qué está equivocada. En ocasiones, Chang ataca lo que nadie con sentido común defendería –la existencia de economías sin regulación alguna–; en otras, es original e incisivo –internet es una innovación comparativamente pequeña frente a, por ejemplo, la lavadora–; a veces se muestra muy contraintuitivo –la obsesión por la mejora de la educación es quizá estéril– y en otras simplemente como un razonable socialdemócrata –la igualdad de oportunidades no existe si no hay medidas correctoras dictadas por los gobiernos–. Los ejemplos siguen: el modelo de grandes empresas gestionadas por directivos que trabajan para el máximo beneficio del accionista y del propio directivo, y no del empleado o el cliente, no es bueno a largo plazo –como ya advirtieran Adam Smith y Karl Marx–; economías como la de Corea del Sur o Japón hicieron durante décadas lo contrario de lo que recomendaban los economistas ortodoxos –apostaron por grandes empresas nacionales, manipularon la competencia– y les fue muy bien así. Las leyes migratorias son en realidad grandes limitadoras del libre mercado, y en muchos casos son los países defensores de la competencia –singularmente Estados Unidos– quienes tienen las más rígidas…

Las argumentaciones de Chang son claras, elegantes e inequívocamente partidistas. De hecho, 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo es un gran manual de introducción al capitalismo para quien quiera verlo desde un punto de vista ligeramente escorado a la izquierda. Y también es muy útil para quienes nos situamos un poco más del lado del libre comercio que el autor. Sin embargo, el libro de Chang está destinado a desenmascarar a un oponente que en nuestros países apenas existe –y por supuesto no está en el poder–. A pesar de la obstinación de parte de la izquierda en llamar “neoliberal” a cualquiera mínimamente reformista, la derecha libertaria en materia económica a la manera estadounidense no es, ni mucho menos, un actor influyente en México o España.

Con todo, Chang es mucho más interesante en su diagnóstico –recuerden que es economista– que en sus propuestas de reforma, que van de lo razonable –“si queremos evitar otra crisis como el desastre de 2008, nos conviene prohibir a rajatabla los instrumentos intrincados a menos que se pueda demostrar sin la menor ambigüedad que benefician a la sociedad a largo plazo”– al puro deseo abstracto –“tendremos que construir un sistema en el que se tome en serio el enriquecimiento material, pero sin permitir que se convierta en la única meta”–. Su confianza en que el capitalismo puede reformarse de arriba abajo en dirección a una mayor intervención estatal, un cierto proteccionismo nacionalista y un refuerzo de la industria frente a los servicios me parece excesiva, y tal vez todo eso no sea precisamente bueno, pero vale la pena escucharlo. Por mucho que nos hayan fallado los economistas, todavía es preferible escuchar a los más brillantes de ellos, como a Ha-Joon Chang, que acudir a oráculos aún más falibles. ~

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