Cómo decirse adiós

Besos, chao

Claire-Louise Bennett

Traducción por Silvia Martín Salvador

Malas Tierras

Madrid, 2026, 170 pp

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La protagonista de Besos, chao, de Claire-Louise Bennett, se muda a una cabaña en el campo y no se lo ha dicho a Xavier, su amigovio de setenta y cinco años (“Tenía setenta y cinco años y los aparentaba”, escribe). El libro es el relato de la relación, compleja y llena de aristas: nunca hubo sexo, dice, pero dormían juntos, él se separó de su mujer, ella se colaba en su cama por las noches cuando llegaba tarde después de haber estado en un plan ajeno a él, que precisamente por eso a él le molestaba. Él tenía dejes paternalistas y condescendientes, por supuesto, pero con ella no daban demasiado resultado. Besos, chao no es una novela sobre una relación desigual de dominación. Claire-Louise Bennet, su autora, es demasiado inteligente y buena escritora como para hacer una novelita etiquetable que nos confirme nuestros prejuicios y, precisamente por eso, nos haga sentirnos bien confirmados en nuestra visión del mundo. Claire-Louise Bennett viene a incomodar y a jugar con el lenguaje y a escribir sobre sexo sin dar vergüenza y sin caer en lugares comunes, viene a explorar las posibilidades rítmicas de los párrafos y frases, a jugar también con diferentes maneras de reproducir el diálogo, en fin, a renovar las formas literarias. Y a meterse en charcos sin miedo a ir mucho más allá de la superficie facilona y complaciente: “‘Yo soy el único que tiene una opinión acertada sobre ti’, solía decir. Cosa que yo no llegaba a aceptar, pero me lo callaba. Un comentario alarmante, narcisista, controlador, pero, por otro lado, cuando amas a alguien, ¿acaso no es eso lo que quieres que piense? ¿Que puede mirar en lo más profundo de ti, llegar hasta el mismo centro, y que te conoce mejor que nadie?”

Besos, chao es un estudio sobre las despedidas y sobre qué pasa con las personas que estuvieron presentes en nuestras vidas y luego no; pero lo hace sin gritarlo: está por supuesto Xavier, pero también otros hombres, ligues y novios, y no novios, como el que fuera profesor de lengua de la protagonista, que reaparece, carta mediante –la carta, por cierto, vive una curiosa peripecia antes de llegar a su destinataria–, después de haber leído algunos de los libros de su exalumna en la biblioteca. Con esa carta se abre una correspondencia entre ambos que tiene un desarrollo también mental en la cabeza de la narradora.

Sí, la protagonista es escritora, y, de hecho, será el mail de Xavier en el que le dice que su novela le ha parecido un HORROR (así, con mayúsculas) lo que la empuje a ella a cortar la comunicación con él. “¡Qué extremo!”, escribe ella sobre la crítica a su novela. Pero es difícil no escribirle, porque es imposible no pensar: “Cuando estoy escondida ya nadie puede pensar en mí. Claro que eso no es cierto. Pero lo parece. Estoy escondida. Estoy en un lugar nuevo y desconocido, un lugar en el que nunca había estado, un lugar en el que nunca me has visto: entonces, ¿cómo ibas a poder imaginarme? Me he borrado para poder pensar en ti, cosa que no puedo hacer si tú estás pensando en mí. Ni siquiera sé de quién estoy hablando.” ¿Cuál es el motivo de la ruptura? La falta de deseo: “A veces pienso en Xavier. Hubo un tiempo en que quería que me besara, lo quería de verdad. Hubo un tiempo en que me pasaba tardes enteras sumida en la fantasía de besarlo. Pero ya no. Y, no nos engañemos, debe de ser por eso por lo que despotricó así contra mi libro y por lo que no he vuelto a saber de él. Por muy mayor que sea, y ahora es mayor de verdad, no es inmune al dolor ni al deseo.”

Gran parte de la novela transcurre en los vericuetos mentales de la protagonista, que se debate entre mandar un mail o no, y entretanto le vienen recuerdos del pasado, de cómo se conocieron ella y Xavier y cómo ha sido su relación. Aparecen también posibles discusiones prerruptura que ella prefiere no tener, un modo de decir que hay que reinventar el discurso amoroso, quizá. Françoise Hardy se preguntaba cómo decir adiós en la canción que escribió Serge Gainsbourg; la protagonista de Besos, chao podría canturrearla en los paseos que se da antes de nadar con su amiga Sophia.

La protagonista es escritora, aparecen lo que suponemos que son fragmentos de los cuentos que ella escribe, reelaboraciones de su experiencia; también una conferencia dictada en Montevideo sobre La pianista, película de Michael Haneke, con Isabelle Huppert en el papel principal, y que transcurre en Viena, sede del psicoanálisis, lo que se aprovecha para que Freud haga su aparición. También Xavier escribe, el único ejemplar del manuscrito de la biografía sobre sí mismo que redactó (en Mallorca) lo tiene la protagonista sin nombre y no sabe si devolvérselo o quedárselo o deshacerse de él. Hay más escritura: los correos electrónicos que se cruza con Xavier o la correspondencia con su profesor del instituto.

Besos, chao –mejor título, imposible– es una novela inteligente y fina, con un humor afilado que está a la caza de la renovación de técnicas y estructuras, busca nuevas formas desde el juego con el lenguaje. Claire-Louise Bennett es una escritora superdotada y en estado de gracia. ~


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