Releer(se)

Cuentas pendientes. Reflexiones de una lectora reincidente

Vivian Gornick

Traducción por Traducción de Julia Osuna Aguilar

Sexto Piso/Universidad Autónoma de Nuevo León,

Ciudad de México, ,, 2022, 172 pp.

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Vivian Gornick (Nueva York, 1935) inició su carrera literaria “tarde”. Pese a que a los diez años había destacado en su grupo por sus composiciones –su maestra de primaria les dijo a sus compañeros de clase “esta muchachita va a ser escritora”– y, al crecer, había mantenido sus ambiciones literarias, hacia finales de la década de los sesenta, Gornick optó por casarse y vivir lejos de Manhattan, donde todo vínculo que pudiera tener con la escritura fue cortado de tajo. Al poco tiempo, se divorció y decidió retomar su sueño de convertirse en escritora. Así fue que llegó a las oficinas del Village Voice, un periódico de opinión de tinte liberal que se había fundado en plena Guerra Fría, para pedirle trabajo a Dan Wolf. Tras un par de encargos, el puesto como redactora fue suyo y así empezó a desarrollar lo que llamó periodismo personal.

Gracias a ese trabajo en el Voice conoció y se empapó del movimiento feminista. En la introducción a Cuentas pendientes, su libro más reciente, la escritora recuerda cómo gracias a las concentraciones y reuniones del movimiento de liberación de la mujer entendió el dilema central de la existencia femenina: “La incapacidad para verse a una misma fundamentalmente como trabajadora.” Gornick notó que el sexismo estaba en todas partes: en el metro, en la oficina, en la frutería, pero, lo más impactante de todo, en la literatura. Al releer varios de los libros con los que se había criado, notó que muchos de los personajes femeninos carecían de sustancia y alma, y que su propósito no era más que ser el interés amoroso del protagonista, siempre hombre.

Con las gafas feministas puestas, Gornick asumió una misión: releer aquellos libros, principalmente novelas, que en su primer momento de lectura le habían impactado de cierta manera y escribir sobre lo que había descubierto en ellos y en ella gracias a sus lecturas posteriores. A partir de este ejercicio comprendió que un buen libro logra conmover porque nace de un esfuerzo por conectar con la existencia humana. “La gran literatura, pensé entonces y sigo pensando, no es un registro de logro de la plenitud del ser, sino del obstinado esfuerzo que hacemos por conseguirla.”

A medio camino entre la autobiografía y la crítica literaria, Cuentas pendientes es la recopilación de ensayos literarios en los que Gornick comenta libros de D. H. Lawrence, W. H. Auden, Colette, Marguerite Duras, Elizabeth Bowen, Delmore Schwartz, Saul Bellow, Natalia Ginzburg, J. L. Carr, Pat Barker, Doris Lessing y Thomas Hardy.

Para Gornick, el acto de releer es comparable con sentarse en el diván del psicoanalista. Los libros, así como las personas que los escriben y los leen, no son estáticos. La relectura, pronto descubre la autora, ofrece la posibilidad no solo de modificar los juicios en torno a una obra, sino de cambiar la impresión que se tiene de uno mismo. Por ejemplo, en cada ocasión que volvió a Hijos y amantes, de Lawrence, se identificó con un personaje distinto. Además, lo que ella pensaba que era el tema de la novela –la pasión sexual como experiencia central de una vida– no lo era en realidad. “Fue también una de las primeras veces que comprendí con claridad que había sido yo, como lectora, quien había tenido que viajar hacia el significado más sustancioso del libro.”

Ese viaje del lector que ocurre una vez que este cierra el libro y vuelve a abrirlo es lo que termina por enriquecer la experiencia de lectura. El saber que se requiere para comprender ciertos libros solo lo dan los años de vida, afirma Gornick. Así, es hasta la vejez que realmente disfruta las obras de Duras y Bowen, una vez que ya ha pasado por varias decepciones amorosas y dos divorcios.

Si bien Gornick no está interesada en ofrecer conceptos de teoría literaria, entre sus ensayos se asoman ideas luminosas sobre cuál es el papel de los lectores, qué es la literatura y para qué sirve. Su aproximación a los libros y las diferencias en sus interpretaciones es muy cercana a los postulados de la hermenéutica gadameriana y la teoría de recepción, las cuales, a grandes rasgos, reconocen que el texto solamente se concreta cuando el lector se apropia de él y sus “horizontes”, es decir, el bagaje cultural y el contexto del lector y de la obra, se fusionan. Al preguntarse por qué un mismo libro no le interesó la primera vez que lo leyó, pero que pasados unos años su relectura la sorprendió, recuerda que hay libros que exigen cierta disposición para poder comprenderlos. La disposición es la “responsable de toda conexión exitosa entre un libro y un lector –y no en menor medida entre las personas–, se trata del mayor de los misterios humanos: la buena disposición emocional, de la que depende en lo esencial la configuración de toda vida”.

A pesar de esto, los ensayos de Gornick distan del tono académico porque no pretende educar a los lectores, sino solamente compartir su experiencia de lectura con ellos. La literatura, aunque puede tratar asuntos serios, conlleva placer, compañía, intimidad. El punto débil de los ensayos es dedicarle demasiado espacio a la descripción del argumento, un mal en el que solemos caer quienes nos dedicamos a comentar libros, dejando a los lectores con una noción bastante completa del libro en cuestión, pero que por momentos puede tornarse cansino.

Las cuentas pendientes de Gornick no son solamente con los libros y autores que revisita, sino con los temas que le siguen importando y que con el transcurso de los años no han encontrado solución: la lucha de clases, el sexismo, la desigualdad o la despenalización del aborto (asunto que parecía zanjado, pero que al momento de redactar esta reseña ha vuelto a estar en discusión en la Suprema Corte estadounidense). Como hija de socialistas y activista política, es de esperarse que sus textos sean también posicionamientos políticos. Sin embargo, Gornick logra apartarse del tono panfletario.

Cuentas pendientes es una celebración de los libros y de lo que estos son capaces de provocar en nosotros, pero también es un tributo a los lectores reincidentes, aquellos necios y apasionados que por placer o masoquismo volvemos a los mismos textos, a pesar de que a diario el mundo se llena de nuevos libros. La literatura se transforma y nos transforma. Pero sobre todas las cosas, embellece nuestra existencia y le da sentido a la vida. Va más allá de un simple goce artístico, pues también es un medio para comprender la existencia humana. Como Gornick, leamos “para sentir el poder de la Vida con mayúsculas”. ~

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