Nunca tengo problema para contestar cuál es mi película favorita. No pienso en su significación cultural ni en lo que aporta a la historia del cine: contesto que se trata de Crímenes y pecados de Woody Allen porque es la película que más veces he visto. Una comedia moral. Bromas ingeniosas, buen ritmo, magníficas actuaciones (Martin Landau, Alan Alda, Mia Farrow, Anjelica Huston), pero sobre todo porque es una película que aborda el eterno conflicto entre el bien y el mal. No es la única película de Woody Allen que desarrolla este tema, pero sin duda me parece la mejor lograda.
Creo haber visto todas las películas de Woody Allen (más de cincuenta), he leído sus seis libros de cuentos (Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Perfiles, Sin plumas, Pura anarquía, Efectos secundarios, Gravedad cero), su autobiografía (A propósito de nada) y un par de libros de largas entrevistas. Cuando el año pasado apareció su primera novela (¿Qué pasa con Baum?) me apresuré a leerla y hasta ahora tengo oportunidad de comentarla.
Se ha vuelto muy complicado para él filmar nuevas películas a sus 91 años: en los Estados Unidos la nefasta política de cancelación (una vulgar censura por motivos “morales”) ha jugado en su contra. Ante la imposibilidad de filmar decidió escribir una novela, aunque ahora se anuncia que en Madrid le dieron todas las facilidades para rodar una nueva cinta. La última, Golpe de suerte, filmada en Francia, resultó muy buena, no una obra maestra, pero tampoco todos los cuadros de Cézanne son extraordinarios. Una película muy disfrutable.
Se dice en tono de reproche que las películas de Woody Allen se repiten. Y sí, como casi todos los buenos autores, Allen persigue sus obsesiones, que en su caso son la falta de sentido de la vida, la angustia frente a las enfermedades reales e imaginarias, el papel del azar y el destino, la tensión entre el bien y el mal. En ¿Qué pasa con Baum? sus neuróticas obsesiones aparecen de nuevo. Habrá a quien irrite esta recurrencia y la juzgue como falta de originalidad, los mismos que a Faulkner reclamarían una nueva novela situada en Yoknapatawpha. Yo disfruto sus miedos, me parece muy graciosa su angustia, su pánico ante el tiempo que pasa, la forma en que aborda el absurdo de la vida.
Sus referencias principales son Dostoievski y Kafka, lo cual podría parecer extraño tratándose de un humorista. En sus películas rinde homenaje a Dostoievski en La última noche de Boris Grushenko y a Kafka en Sombras y niebla. Aunque en sus chistes la cultura es uno de sus blancos principales, no es un autor antiintelectual; a lo largo de toda su obra aparecen motivos literarios, referencias a una multitud de autores. En ¿Qué pasa con Baum? el personaje principal es un novelista frustrado porque sus libros –profundos, densos y aburridos– no son reconocidos ni por la crítica ni por el público, a diferencia del éxito que alcanza el libro de su hijastro Thane, al cual detesta. Aclaro que lo que Woody Allen utiliza como elemento satírico es la pedantería libresca, la idea (la pose) de que los escritores son seres humanos excepcionales, el snobismo. Esta novela rezuma latigazos verbales en contra de pedantes y snobs. Transcurre en un medio editorial: librerías, editores, ventas, escritura, plagios, etcétera. Sin embargo, a Allen como autor le interesa más el desarrollo de la situación psicológica o moral que el contexto social en el que transcurre la obra. Utiliza la clave del humor para enfrentar su visión pesimista de la vida. Nos hace reír en medio de la oscuridad.
Baum es un escritor judío neoyorquino que sobrelleva toda la carga neurótica de Woody Allen, que no es poca. Baum lleva ya tres matrimonios y el principal problema con sus libros es que parecen escritos por un predicador, por el tono de sermón moralista que emplea. Las características de su protagonista sirven a Allen para hacer una divertida parodia del mundo cultural, de la superficialidad de la literatura light y de la pedantería de la literatura difícil. El hijastro de Baum alcanza un gran éxito en muy corto tiempo, lo que pone muy celoso a Baum, pero es un farsante. El dilema moral de la novela estriba en si debe o no desenmascararlo. Si lo hace su matrimonio se vendrá abajo y su vida será un desastre, pero aun así no puede dejar de hacerlo, no porque quiera que se imponga la verdad, sino por las peores razones.
Vuelvo ahora a Crímenes y pecados. Es una película emparentada con Match point y con El sueño de Casandra. Las tres desarrollan dilemas morales. En Crímenes y pecados un hombre manda a asesinar a su amante para evitar que su esposa se entere de su aventura. El crimen es perfecto. La policía sigue una pista falsa. El hombre (interpretado magistralmente por Martín Landau) se ha salido con la suya, y sin embargo… el remordimiento y la culpa no lo dejan en paz, apenas puede respirar. Está a punto de entregarse a la policía. Pero una mañana se levanta y vuelve a encontrarle sentido a la vida, las pequeñas cosas de nuevo le resultan atractivas. Vuelve a experimentar la felicidad. Algo semejante ocurre en ¿Qué pasa con Baum? La vida es absurda, un caos, llena de problemas, es injusta y terrible, y sin embargo vale la pena vivirla. Lo dice Baum: odio la vida pero si alguien tratara de quitármela me defendería hasta con los dientes. La vida no tiene explicación. Somos seres defectuosos. “Puede que todo sea en vano, pero sigo diciendo sí a la existencia”.
Woody Allen a los 91 años sigue transformando su vida neurótica en buen cine y en literatura. ¿Qué pasa con Baum? dista de ser una novela memorable. Es muy graciosa y llena de ingeniosas agudezas, pero le pesan mucho las coincidencias. Los seguidores de Allen, entre los que me cuento, la encontraran encantadora. A los que lo detestan por su vida privada o no les gusta su humor judío les recomiendo que sigan de largo y dediquen sus tardes a leer aforismos de Cioran. ~