Ser herejes sin riesgo

¿Ideología de género?: Disputas políticas sobre la diferencia sexual

Marta Lamas

Taurus

México, 2025, 264 pp.

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En el epílogo de ¿Ideología de género? Disputas políticas sobre la diferencia sexual (Taurus, 2025), la destacada antropóloga y feminista Martas Lamas afirma que la categoría del “género” ilumina los avatares de la diferencia sexual a través de la historia, y es imprescindible para entender tanto las luchas feministas como los derechos LGBTQ, que son parte integral de los avances de la democracia y los derechos humanos en el mundo.

La autora se basa en una amplia documentación que recoge los comienzos de las investigaciones de las que surgió la categoría género. En los años cincuenta del siglo pasado, el psicólogo John Money, en el Hospital Johns Hopkins, se dedicó a estudiar a personas intersexuales y se dio cuenta de que el sexo no determinaba el comportamiento ni la autoidentificación de estos individuos, sino su crianza. La palabra género se refiere al conjunto de rasgos individuales que se construyen a partir de las convenciones sociales y culturales. No se trataba de negar las diferencias entre los sexos, verificables desde el punto de vista biológico, sino de entender que tales diferencias no determinan la vida de los individuos porque existe un apreciable margen que obedece al entorno social. El movimiento feminista internacional hizo suya esta idea y estuvo detrás de la organización de diversos eventos a lo largo de muchos años, en diversas partes del mundo y en los que participaron Investigadores de múltiples disciplinas dedicados a dilucidar la cuestión sexo-género.

¿Por qué ha sido tan difícil que la sociedad acepte la transformación de los roles de género y los avances del movimiento LGBTQ? Lamas apela al sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien afirma que las sociedades están amalgamadas por un conjunto de creencias, comportamientos y formas de pensar arraigadas al nivel más profundo e inconsciente de cada individuo (“habitus”). Las organizaciones de las mujeres y del movimiento LGBTQ han enfrentado la fuerza del “habitus” abriéndose paso en el terreno de las prácticas sociales, políticas y culturales y también en el de los organismos internacionales. La equidad entre los géneros y los derechos civiles de la diversidad sexual son ahora principios de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Pero estos éxitos no deben llamar a engaño: los logros pueden revertirse a causa de las iglesias y los movimientos políticos conservadores, que han impuesto en la opinión pública un término regresivo y confuso: “ideología de género”.

Lamas demuestra que esta expresión no posee ningún sustento científico ni rigor académico; por el contrario, estamos ante un dispositivo político y retórico creado por sectores ultraconservadores, específicamente en el Vaticano, para generar pánico moral en la sociedad. De hecho, a raíz de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995), la Santa Sede solicitó a la ONU eliminar la palabra “género” de sus documentos, al considerar que el concepto viola el orden divino de los roles de los sexos, asignados por dios. Las religiones monoteístas han considerado la subversión de los roles de género tradicionales y la reivindicación de la diferencia sexual como herejías, en abierto combate con el afán emancipatorio de la modernidad, que abrió la posibilidad de vivir vidas no convencionales sin sufrir graves consecuencias. Esta visión religiosa se ha ido secularizando para ganar adeptos, siendo adoptada y financiada por alianzas transnacionales conservadoras. Lamas explica cómo líderes al estilo de Donald Trump, Vladimir Putin, Javier Milei, Nayib Bukele y Giorgia Meloni han instrumentalizado el ataque a la supuesta “ideología de género” para darle cauce al malestar social, cuyo trasfondo real son las dificultades económicas, la desigualdad y el deterioro de las instituciones políticas y sociales. Se trata de la típica política del miedo, en la cual, bajo la consigna de proteger a la familia tradicional y a la niñez o de “restaurar el orden natural cristiano”, se intentan desmantelar décadas de avances en educación sexual, derechos reproductivos y el reconocimiento legal de las identidades no normativas.

Tengo diferencias con la autora sin dejar de reconocer la fecundidad de su propuesta sobre el género como clave de una de las grandes narrativas de la libertad en nuestra época. Lamas tiende a pasar por alto el ingrediente profundamente liberal que está en la base misma del feminismo como apuesta emancipatoria y del reconocimiento de las exigencias del movimiento LGBTQ. Si en lugar de debatir sobre si las trans son o no mujeres nos quedáramos en el terreno de los derechos individuales, este impasse del feminismo actual se resolvería con mayor facilidad en el terreno político, pues se trataría del libre desenvolvimiento de la personalidad, un derecho inalienable. La autora se inclina por autoras como Judith Butler y por el psicoanálisis como explicación última acerca de la identidad del individuo, lo cual sitúa las identidades trans no en el campo del derecho sino en el terreno psíquico, que no puede ser el propio de la política pública. Tampoco concuerdo con la relación que establece Lamas entre neoliberalismo y neoconservadurismo, porque tanto los movimientos feministas como los movimientos LGBTQ han tenido grandes avances en las últimas décadas, período en el que se supone el neoliberalismo se ha impuesto de manera contundente. Putin, Trump o Bukele no son neoliberales, son representantes del nacionalismo económico, político y militar. Su conservadurismo viene por esta vía, no por el cosmopolitismo neoliberal.

Divergencias ideológicas aparte, ¿Ideología de género? es un libro brillante que personas de todos los signos políticos deben leer, porque señala no solo las fuentes teóricas de términos tan controvertidos como género e ideología de género, sino también la necesidad de oponerse a la agnotología, a la abierta difusión de la ignorancia como superioridad moral, al estilo de lo que hace el Vaticano con los avances del feminismo y el movimiento LGBTQ. En esta época tan afín a la mentira, se agradece el interés de Marta Lamas por ofrecer ideas para comprender en lugar de dogmas para diseminar. ~


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